Musicología,
ciencia que tiene a la música como materia de investigación,
interpretación y explicación. Su objetivo es la comprensión
de la música por medio de los textos originales y el contexto
cultural de las creaciones musicales, por la valoración de
los procedimientos técnicos y los propósitos estéticos,
y por la estimación de los méritos intrínsecos
de la obra y su importancia en la producción de un compositor
o en su género.
La
musicología es, en primer lugar, una disciplina académica
ejercida y enseñada por especialistas en organismos como
universidades, conservatorios, bibliotecas e institutos de investigación,
y también por especialistas independientes. Sus resultados
enriquecen mediante la enseñanza y la publicación
no sólo a otros musicólogos, sino también a
intérpretes, oyentes y público en general.

Jean-Jacques
Rousseau
Una
de las múltiples facetas que cultivó el pensador francés
Jean-Jacques Rousseau fue la de músico. Su principal contribución
a este arte fue la redacción de varias obras teóricas
entre las que se encuentra el ensayo sobre la reforma de la notación
titulado Proyecto concertante de nuevos signos para la música
(1742) además de numerosos artículos para la Enciclopedia
reunidos en el Dictionnaire de Musique (1768) y que constituyen una
importante fuente de información sobre la música del
siglo XVIII.
Conformación
histórica
Aunque
la denominación de musicología es relativamente moderna,
ya en la civilización griega se trataron algunas materias objeto
de su estudio. Platón (en La República y Las leyes)
y Aristóteles (en su Política) valoraron los efectos
morales de diferentes tipos de músicas y su papel en la educación.
Aunque ellos no pueden ser llamados musicólogos, el discípulo
de Aristóteles, Aristógenos, merece ser considerado
como tal por su teoría sobre las relaciones interválicas
de sus Elementos de armonía y la organización temporal
de la música y la poesía en sus Elementos de rítmica.
En el siglo II d.C. Claudio Tolomeo, más conocido como astrónomo,
amplió el campo de los escritos musicales con su Harmónica,
un análisis sistemático del sistema tonal y especulaciones
sobre la armonía del cosmos y el cuerpo y la mente del ser
humano. Arístides Quintiliano (finales del siglo III y comienzos
del IV) en su obra De musica incluye todos los aspectos teóricos
y prácticos de la música. Las partes de la musicología
sobre las que escribió fueron la teoría y la estética.
Muchos personajes históricos, conocidos por otras realizaciones,
pueden ser citados como musicólogos. Así, en el siglo
XVII, el científico Marin Mersenne (Harmonie Universelle, 1636),
el matemático y egiptólogo Atanasio Kircher (Musurgia
Universalis, 1650) y en el siglo XVIII el filósofo Jean-Jacques
Rousseau (Dictionnaire de Musique, 1768).
La mayoría de los musicólogos de tiempos recientes se
han formado en universidades que confieren un doctorado en esta especialidad,
aunque muchos han sido autodidactos o se han aproximado a la misma
a partir de especialidades relacionadas, como la composición,
la interpretación, la crítica o la historia. Algunos
musicólogos del siglo XX que provenían de otros campos
han sido los compositores Gian Francesco Malipiero, director de la
edición de las obras de Monteverdi y Vivaldi, y Anton Webern,
que revisó obras de Ockeghem, el clavecinista Ralph Kirkpatrick,
que publicó las obras de Domenico Scarlatti, y Gustave Reese,
que trabajó primero en el mundo del derecho, autor de dos de
los mejores libros sobre la música medieval y renacentista
de su tiempo: La música en la edad media (1940) y La música
en el renacimiento (1954).
El origen del nombre de esta ciencia para todas las lenguas occidentales
proviene del alemán Musikwissenschaft, aplicado por primera
vez por el pianista y pedagogo Johann Berngard Logier en el título
de su libro System der Musik-Wissenschaft (1827), que puede ser traducido
como Sistema de la ciencia musical. El estudio científico de
la música es consecuencia directa del positivismo que aspiró
a aplicar el método científico de las ciencias naturales
a todas las ramas del saber humano.
Especialidades
Musicología
histórica y musicología sistemática
Uno
de los pioneros de la musicología, el austriaco Guido Adler,
dividió la disciplina en 1885 en musicología histórica
y musicología sistemática. En la parte sistemática
se incluye la teoría de la armonía, el ritmo, la melodía,
la estética, la psicología de la música, la educación
musical y el estudio comparativo de las músicas folclóricas
del mundo. Otros estudiosos han incluido también la acústica
y su historia dentro de la musicología sistemática.
Las
diferentes materias de estudio de la musicología han recibido
una atención muy distinta entre los especialistas. La más
importante ha sido la historia de la música occidental (en
particular el arte de la música), la teoría y análisis
de la misma y el estudio de los estilos no occidentales, esto último
bajo el título de etnología musical o etnomusicología
(dentro de una visión antropológica).
Teoría
La
teoría puede ser definida en sentido amplio como el estudio
de las relaciones entre los sonidos de la música y sus duraciones.
En un nivel precompositivo trata de conjuntos de notas (sonidos),
como modos, escalas, sistemas de afinación e intervalos y de
su combinación al producirse simultáneamente con resultados
como la consonancia y la disonancia. De la misma forma, trata de la
organización del tiempo en cuanto al metro, el ritmo, el tiempo
y la proporción. Hasta el siglo XVI estas materias se agrupaban
bajo el epígrafe de 'música teórica', mientras
que la música práctica se refería a la interpretación,
la improvisación y la composición. En tiempos más
recientes, se ha valorado en la educación de intérpretes
y compositores la armonía, el contrapunto y la forma musical.
La
teoría mantiene una ambigua posición entre las disciplinas
musicales. En los países anglosajones tiende a considerarse
una disciplina independiente de la musicología. Por el contrario,
en Alemania la teoría es objeto de estudio de los musicólogos.
Cualesquiera que sean las variaciones entre las diferentes tradiciones
nacionales, el resultado de estas fronteras nebulosas es que el estudio
histórico de la música se ha constituido como el principal
objeto de estudio de la musicología. La historia de la teoría,
independientemente de la visión que se tenga como disciplina
separada o no, es cada vez más una de las materias de estudio
de los musicólogos.
Musicología
histórica
El
interés por la música del pasado en Europa se inició
con el movimiento humanista (véase Humanismo). Aunque el estudioso
del mundo clásico Girolamo Mei descubrió varios himnos
griegos en notación alfabética, él basó
su historia de la música griega antigua (De modis, 1573) en
fuentes literarias y teóricas. Giovanni Battista Martini proyectó
una completa historia de la música en cinco volúmenes.
Aunque debía llegar hasta su tiempo, esta Storia della musica
(1757-1781) sólo llegó a la música griega. John
Hawkings en su A General History of the Science and Practice of Music
(Historia de la ciencia y la práctica de la música,
1776) llegó hasta el siglo XVIII, si bien estuvo más
interesado en la música de los dos siglos anteriores, parte
en la que utilizó muchos ejemplos musicales y citas de los
teóricos musicales. Su compañero, Charles Burney, estaba
imbuido del espíritu del Siglo de las Luces y su fe en el progreso.
Su A General History of Music from the Earliest Ages to the Present
Period (Historia general de la música desde los tiempos más
antiguos hasta la época presente, 1776-1789) incidía
especialmente en la música de su tiempo que para el autor había
superado a la del pasado. Su relato se enriquece con los frutos de
sus viajes y contactos con los más importantes compositores
de la época y sus reflexiones sobre su producción. Johann
Nikolaus Forkel aceptó el método de investigación
de sus colegas historiadores de la Universidad de Gotinga en su Allgemeine
Geschichte der Musik (Historia general de la música, 1788-1801),
que abarca solamente el siglo XVI. En parte solventó esta carencia
con su estudio sobre la música y obra de J. S. Bach (1802)
que alentó el interés por la obra del cantor de Leipzig.
Forkel también sentó las bases de la teoría de
la música. Incluía bajo esta rúbrica la acústica,
el lenguaje musical, la crítica y la estética. El tratado
histórico más extendido en archivos y transcripciones
de música antigua fue el de August Wilhelm Ambros (Geschichte
der Musik, 1862-1868).
Tampoco
este autor llegó más allá del siglo XVII.
En
el siglo XX ha existido una tendencia a examinar aspectos más
limitados de la historia de la música con mayor profundidad,
a analizar la música por su género y estilo y compararla
con otras creaciones para determinar influencias y relaciones entre
compositores. Los creadores se agruparon en escuelas o movimientos
y la continuidad cronológica se dividió en periodos
atendiendo las divisiones de la historia general de la civilización
occidental y de las otras artes. Esto ha llevado al criterio más
corriente de establecer periodos de la historia de la música
en antigua, medieval, renacentista, barroca, clásica, romántica
y contemporánea. Esta aproximación más detallada
es consecuencia de haber podido disponer de ediciones fidedignas de
la música de todos los periodos. Véase Música
renacentista; Música barroca; Clasicismo (música); Romanticismo
(música).
Edición
Además
de escribir la historia de la música, los musicólogos
se han esforzado por recuperar la del pasado en su forma escrita,
en su sonoridad y en su contexto cultural. No han descuidado la música
no escrita, pero han centrado su interés en el restablecimiento
de la escrita según la dejaron sus creadores, y en entender
todo su significado. Esto implica la búsqueda, datación
y autentificación de manuscritos y ediciones antiguas y procurar
ediciones modernas con las que esas músicas puedan ser interpretadas
y estudiadas. La escritura y los símbolos utilizados para la
notación musical antigua deben ser vertidos a la notación
musical actual para poder ser leída por los no especialistas.
Incluso la música escrita a partir del siglo XVIII en notación
moderna debe ser revisada para depurarla de erratas y adiciones de
los editores.
La mayoría de las ediciones pasadas de música antigua
estuvieron dedicadas a repertorios concretos. Por ejemplo, Cathedral
Music (1760-1763) es una antología de música litúrgica
inglesa recopilada por William Boyce. La primera colección
importante de la producción de un compositor fue la de Johann
Sebastian Bach comenzada por la Sociedad Bach en 1851 y finalizada
con su volumen nº 46 en 1899. Obras de esta índole se
dedicaron a compositores como Händel (1858), Palestrina (1862)
y Mozart (1877). Conforme se han encontrado más obras originales
y se ha mejorado la investigación musicológica se han
iniciado algunas nuevas ediciones completas: Bach (1954), Händel
(1955), Mozart (1955) y Beethoven (1961).
Igualmente
importantes han sido las monumentales ediciones dedicadas a la música
antigua de algunos países, como los Denkmäler Deutscher
Tonkunst (Monumentos de la música alemana), iniciado en 1892
por un comité que incluía a Friedrich Chrysander (iniciador
de la edición Händel), Brahms, J. A. P. Spita (autor de
una famosa biografía de Bach), el violinista Joseph Joachim
y el especialista en acústica Hermann Helmholtz. Colecciones
de este tipo se han editado en Austria y, con menor amplitud, en Francia,
Italia, España e Inglaterra. En otros casos se ha reproducido
el material en facsímile, como en la Paléographie Musicale
(19 volúmenes, 1889-1974), que contiene algunos de los principales
manuscritos del canto llano o el gran número de manuscritos
y música impresa de la editorial Garland Publishing Company.
Contexto
cultural
En
tanto que la música no se compone sobre la nada, los musicólogos
han buscado la reconstrucción del entorno en el que se creó
para entender su significado para el creador, los primeros patrocinadores,
intérpretes y público. Esta investigación necesita
del apoyo de instituciones sociales y políticas, constructores
de instrumentos, copia e impresión de música, y la interpretación
de esa música para obtener solamente algunos ejemplos. El Estado,
la Iglesia, archivos y otras instituciones son los principales recursos
para esta reconstrucción. Entre la documentación que
se estudia se incluyen documentos legales, libros de pagos o de empleo,
planos de teatros o salas de música, crónicas, diarios,
cartas, ordenanzas, programas y grabaciones de manifestaciones verbales.
La información reunida en los archivos puede servir como guía
de cómo se interpretaba la música y cómo una
interpretación podría reproducirse en la actualidad.
Por ejemplo, una ordenanza del Ducado de Borgoña de 1469 conservada
en la biblioteca Bodleian de Oxford establece que por lo menos intervendrían
seis sopranos, tres tenores, tres bajos y dos contraltos en el canto
polifónico de la capilla de Carlos el Atrevido (donde trabajaba
como compositor Guillaume Dufay), con otros cuatro cantantes a los
que se podía llamar cuando fuese necesario. Este dato apoya
que la interpretación más apropiada de las misas de
Dufay debe hacerse con un pequeño coro a capella, en vez de
con un coro mixto con voces e instrumentos.
Consideración
de los críticos
Para
saber cómo fue recibida y percibida una obra en el momento
de su creación debemos revivir el gusto y la creatividad de
una época lejana. No es fácil encontrar opiniones sobre
la música anteriores al comienzo de la crítica escrita
en el siglo XVIII. Ésta se daba en cartas, prólogos,
panfletos, manifiestos y libros que en principio trataban de otras
cuestiones. Leer estas críticas nos enseña que ningún
público ni crítico es capaz de predecir qué música
tendrá más influencia o éxito más allá
de su tiempo.
Por
ejemplo, sabemos por una carta de un asistente a la primera ópera
que nos ha llegado completa (Euridice, de Jacopo Peri y Giulio Caccini),
interpretada en el año 1600 en Florencia, que la mayoría
de los oyentes encontraron el nuevo estilo del recitativo insípido,
y alguien dijo que le recordaba el canto de la Pasión. Todavía
este estilo se convirtió en la forma más imitada de
tratar un texto dramático. De una forma u otra ha sobrevivido
hasta nuestros días. El mismo año, Giovanni Maria Artusi
publicó un diálogo en el que los interlocutores discutían
sobre si Claudio Monteverdi había efectivamente usado o abusado
de la disonancia en algunos de sus madrigales. Monteverdi y su hermano
defendieron más tarde su obra y promovieron el ideal por el
que la música debía ser libre para servir al texto en
vez de obedecer las reglas de la armonía. Hipólito y
Aricia (1733), primera ópera de Jean Philippe Rameau, provocó
la publicación de una carta en el periódico Le Mercure
de París, que describía su estilo como estrafalario
y 'barroco', adjetivo aplicado a partir de ese momento como crítica
y más adelante como descriptivo de un periodo histórico.
La Sinfonía nº 3 (Heroica) de Beethoven se interpretó
por primera vez en Leipzig y Viena. Fue despreciada por muchos oyentes
por sus excesos, pero algunos críticos comprendieron su importancia
y novedad e incluso escribieron profundos comentarios y análisis
después de haber estudiado la partitura. Esta aceptación
o resistencia al cambio de los estilos nos señala muchas cosas
sobre cómo se percibe en el momento de su creación lo
original y único.
Nuevas
corrientes
El
enfoque documentalista, común en los escritos históricos
antiguos, en especial desde la década de 1970, ha sido criticado
por positivista e insuficientemente preocupado por la valoración
y la interpretación. Los historiadores de la música
no pueden evitar emitir juicios de valor o calidad. La música
mejor conservada tiende a ser la más altamente apreciada del
pasado, lo que viene a ser un criterio para distinguir las obras maestras,
pero nuestros criterios pueden ser diferentes. Esto ha fomentado el
relativismo estético. La crítica que atribuye valor
comparativo a compositores y obras, así como la crítica
que interpreta y estimula la valoración, comprensión
e interpretación de la música del pasado y del presente,
es, en consecuencia, una labor de la musicología. La tendencia
antipositivista que trata la música, especialmente la instrumental,
como un arte completamente abstracto (con el consiguiente énfasis
en los significados puramente musicales que pueden averiguarse a partir
de la partitura), han excluido consideraciones de contenido extramusical,
y se interesan por ello por el contexto en el que se creó la
obra y la situación concreta, como si se tratara de una guía
sobre el significado de la música. Cuestiones como las preferencias
sexuales del compositor o los símbolos sexuales que pueda contener
la música, la influencia de sentimientos nacionalistas (véase
Nacionalismo), el significado implícito que pueda tener la
elección de la forma (nocturno, fantasía, scherzo) o
el contenido narrativo son cuestiones tratadas por esta musicología
para conocer todo lo que rodea a la obra en el momento de su creación.
Esta metodología, común en el pasado, ha llevado en
enfoques recientes a nuevas visiones que conducen a callejones sin
salida.
Algunas
aproximaciones, en ciertos casos inspiradas en la crítica literaria,
como la desconstrucción, el estructuralismo, el postestructuralismo
y el estudio psicológico y psicoanalítico de las personalidades
de los compositores y de su producción, se han aplicado a la
interpretación de obras de música e incluso a toda la
obra de un compositor. Los nuevos musicólogos se basan especialmente
en modelos de interpretación de varios teóricos literarios
y filósofos franceses: Claude Lévi-Strauss, Michel Foucault,
Jacques Lacan, Ferdinand de Saussure, Paul Ricoeur, Jacques Attali
y Roland Barthes. Otra postura es la de los semiólogos que
tratan la música como un sistema de signos, un tipo de lenguaje
que pueda significar algo inefable externo a sí mismo pero
que es esencialmente una trama de referencias internas.
Persiguiendo
los préstamos de melodías y otros materiales hay un
método de análisis musical, especialmente para las músicas
medieval, renacentista y barroca. La búsqueda reciente por
parte de los filólogos de expresiones poéticas anteriores
incluidas en poemas modernos ha intensificado la fuerza de este fenómeno
en la música, especialmente en términos que el crítico
literario Harold Bloom ha calificado como 'the anxiety of influence'
('la ansiedad de la influencia'), la mezcla entre la idealización
de los maestros anteriores y la necesidad de escapar de la sombra
de su producción.
Proceso
compositivo
La
investigación del proceso compositivo a través de los
esbozos y autógrafos de los compositores fue revivido por el
análisis de las teorías de Heinrich Schenker. Gustav
Nottebohm había publicado varios apuntes de Beethoven en 1872,
pero sólo recientemente han aparecido ediciones críticas
de los esbozos de los grandes maestros. Las teorías de Schenker
respecto de si se puede saber con estos fragmentos la intención
del compositor, son todavía materia de controversia, pero permiten
observar fugaces resplandores del compositor ante su obra.
Publicación
Los
musicólogos informan de la mayoría de sus descubrimientos
y reflexiones en revistas especializadas. Algunas de ellas están
publicadas por sociedades musicológicas, otras tienen el patrocinio
de editoriales. Cada vez más musicólogos utilizan en
este sentido la monografía, la colección de artículos
o los estudios de compositores individuales. También escriben
historias generales de la música (en nuestros días como
libro de texto) o historias limitadas a un periodo, región
o género. En la primera mitad del siglo XX se ha realizado
un gran esfuerzo encauzado hacia la preparación de dos enciclopedias
musicales: Die Musik in Geschichte und Gegenwart, en 17 tomos (1949-1968,
con suplementos e índice, 1973-1986), publicada por Bärenreiter-Verlag
en Kassel, Alemania, y New Grove Dictionary of Music and Musicians,
en 20 volúmenes (1980), publicada por Macmillan en Londres.
Para la revisión continua de estas obras las dos cuentan con
nuevas generaciones de especialistas.
La
musicología y la práctica musical
La
musicología ha causado profundos efectos en el ámbito
de la práctica musical. El repertorio de conciertos y grabaciones
habría sido muy pobre sin los descubrimientos, ediciones e
informaciones que han aparecido en los últimos 150 años.
Hasta la aparición de las ediciones Bach, sólo eran
conocidas algunas de sus composiciones. Ahora muchas cantatas, misas,
pasiones, conciertos y obras para teclado se interpretan y graban.
Casi no se conocía ninguna obra de Machaut, Dufay, Josquin
des Prez, Gesualdo, Corelli, Vivaldi, Couperin, C. P. E. Bach o Clementi,
por citar a algunos músicos hoy día familiares, hasta
que los musicólogos las han traído a la luz. Aunque
las sinfonías de Beethoven y Brahms y algunas de las de Haydn
y Mozart han permanecido en el repertorio de conciertos desde el momento
de su estreno, la mayor parte del resto de su música y de la
de sus contemporáneos estaba olvidada. La programación
retrospectiva característica de la actividad concertístista
actual es comparativamente un fenómeno reciente. Incluso en
el siglo XIX, cuando la curiosidad romántica por el pasado
llevó a investigar la música anterior, los programas
de los conciertos incluían principalmente música nueva.
La amplitud del repertorio que se puede conseguir en la actualidad
ha dado a los intérpretes tantas posibilidades que han abandonado
la obra de sus contemporáneos. El mundo de la música
clásica aparece como un museo reunido por los estudiosos y
preservado por intérpretes conservadores en contraste con la
continua sucesión de nuevos éxitos de la música
popular.
Incluso
en el relativamente estable campo de la ópera, el conocimiento
musical ha tenido un notable impacto. El repertorio habitual, que
va desde el siglo XVIII al XX, se ha ampliado con la inclusión
de obras antiguas como Orfeo, favola in musica y La coronación
de Poppea de Monteverdi, óperas de Cavalli, Lully, Händel,
Rameau, Pergolesi, Paisiello y obras olvidadas de Mozart, Beethoven,
Rossini, Músorgski, Chaikovski y otros. Muchos teatros de ópera
han cambiado las versiones utilizadas tradicionalmente por nuevas
ediciones críticas, como en el caso de Idomeneo, rey de Creta
de Mozart, El barbero de Sevilla de Rossini, Rigoletto de Verdi y
Tannhäuser de Wagner.
Práctica
interpretativa
La
relación de la musicología con el renacimiento de la
música antigua y la interpretación con instrumentos
y técnicas originales es compleja. Los intérpretes,
directores y constructores de instrumentos, en vez de los musicólogos,
iniciaron este fenómeno, estimulados por el interés
en la evolución de los instrumentos y por su amor a la música.
Este impulso fue alimentado por las ediciones de música medieval,
renacentista y barroca preparada por los estudiosos. El acceso a los
textos originales (Urtext) inspiró la búsqueda de la
autenticidad en la interpretación, no sólo en lo concerniente
a saber qué escribió realmente el compositor, sino también
a obtener un sonido y una práctica interpretativa correspondiente
a la época de composición de la obra. Esto incluye los
adornos improvisados, el temperamento, los sistemas de afinación,
la construcción de instrumentos y las técnicas de interpretación.
En
un principio, este redescubrimiento se orientó a la música
anterior a Bach y Händel. Más tarde, fue la música
del primero el principal objeto de esta tendencia y más recientemente
se ha ampliado hasta el repertorio de finales del siglo XVIII y de
todo el siglo XIX. La música orquestal de Haydn, Mozart, Beethoven,
Berlioz y Mendelssohn se ha interpretado y grabado con buen resultado
artístico con orquestas que utilizaban instrumentos de la época
o reproducciones de ellos. El papel de los musicólogos ha consistido
en teorizar sobre qué es una interpretación auténtica
de música de tiempos pasados basándose en los tratados
teóricos y prácticos y en el contexto histórico.
Es inevitable que en una época en la que acumulamos mucha música
del pasado los especialistas hayan entablado un diálogo con
ese pasado sobre la forma de interpretar su música.