Producción
teatral en la que se integran, en una trama dramática,
canciones y coros, acompañamientos instrumentales e interludios
y, a menudo, también danzas. Este género se desarrolló
en Estados Unidos, sobre todo en los teatros de Broadway, en Nueva
York, durante la primera mitad del siglo XX. El musical remonta
sus orígenes a varias fuentes teatrales del siglo XIX,
incluida la opereta, la ópera cómica, la pantomima,
el minstrel show, el vodevil y el género burlesco.
Los
orígenes
El
musical estadounidense comenzó de hecho su andadura en
1796, con The Archers o, The Mountaineers of Switzerland, compuesta
por Benjamin Carr y con libreto de William Dunlap. The Black Crook,
producida en 1866, suele considerarse como el primer musical.
En realidad se trataba de una extravaganza que combinaba melodrama
y ballet. A finales del siglo XIX, las operetas de Viena (compuestas
por Johann Strauss y Franz Lehár), Londres (de Arthur Sullivan)
y París (de Jacques Offenbach) eran populares entre el
público urbano del este de Estados Unidos. Al mismo tiempo,
las revistas (canciones, bailes y números sin una trama
unificadora) abundaban no sólo en los teatros, sino también
en los cabarets elegantes, como la sala de música que dirigía
en Nueva York el equipo de comediantes formado por Joe Weber y
Lew Fields. Los comediantes Ned Harrigan y Tony Hart tenían
éxito con otro tipo de espectáculo; eran revistas,
pero con diálogos que conectaban y daban continuidad a
los personajes. Esta compañía representó,
a partir de 1901, los espectáculos musicales del productor-autor
teatral-actor-compositor George M. Cohan.
En
los años anteriores a la I Guerra Mundial, que comenzó
en 1914, varios jóvenes compositores de operetas emigraron
de Europa a Estados Unidos. Entre ellos estaban Victor Herbert,
Sigmund Romberg y Rudolf Friml. Naughty Marietta (1910) de Herbert,
The Firefly (1912) de Friml y Maytime (1917) de Romberg son representativas
del nuevo género que crearon estos músicos. La opereta
estadounidense se ha dividido desde entonces en libreto, que son
los diálogos hablados, y canciones. Ambos solían
ser obra de diferentes autores.
El
musical moderno
En
1914 el compositor Jerome Kern comenzó a producir una serie
de espectáculos en los que se integraban todos los elementos
de un musical en un único cuerpo. Kern utilizó situaciones
y sucesos actuales, en contraste con lo que pasaba en las operetas,
que solían situarse en países imaginarios.
La
vieja fórmula del musical comenzó a cambiar. En
lugar de tramas complicadas pero nunca serias, se introdujeron
letras de canciones galantes y libretos sencillos. Se añadió
el underscoring (músicas tocadas como fondo a los diálogos
o a los movimientos) y los compositores utilizaron elementos musicales
nuevos, como el jazz o el blues. Además, los cantantes
empezaron a prestar más atención al arte de la actuación.
En 1932, Of Thee I Sing se convirtió en el primer musical
que ganó el Premio Pulitzer en la categoría de drama.
Sus letrista y compositor respectivamente, los hermanos Ira y
George Gershwin, alcanzaron el éxito con una sátira
inteligente de las situaciones políticas contemporáneas.
En
la década de los años veinte las ideas y el ingenio
eran los rasgos característicos de la revista, género
en el que destacaron la pareja de compositores-letristas, Richard
Rodgers y Lorenz Hart, con Pal Joey (1940). Rodgers, junto a Oscar
Hammerstein II como nuevo colaborador, produjo Oklahoma! (1943),
que incorporaba ballets con coreografía de Agnes de Mille.
El coreógrafo y director sería la figura que con
el tiempo se convertiría en la pieza más importante
tanto en la escenificación como en el argumento (contenido)
del musical estadounidense. Jerome Robbins, Michael Kidd, Bob
Fosse y Michael Bennettare son los ejemplos más destacados
entre los grandes coreógrafos que llegaron a crear musicales
de prestigio, como A Chorus Line (1975) o Dancin' (1978).
Después
de la II Guerra Mundial
A
medida que éstas y otras innovaciones alteraban el aspecto
del teatro musical, el público esperaba cada vez más
variedad y complejidad en los espectáculos. Así surgió
de un ejército de compositores y letristas renovadores e
imaginativos. En 1949, Cole Porter, que durante años había
escrito canciones provocativas con letras brillantes, realizó
el espectáculo Kiss Me Kate. Rodgers y Hammerstein, después
de Oklahoma!, escribieron Carousel (1945) y South Pacific (1949).
Irving Berlin, que había compuesto canciones de éxito
desde 1911, produjo la popular -aunque algo anticuada- Annie Get
Your Gun (1946). Frank Loesser puso letra y música a Guys
and Dolls (1950), con los personajes de vida disipada de Damon Runyon.
Brigadoon (1947) fue la primera colaboración con la que triunfarían
el compositor Frederick Loewe y el escritor Alan Jay Lerner, quien
posteriormente participaría en My Fair Lady (1956), basada
en el Pygmalion de George Bernard Shaw, y en Camelot (1960).
En
los años cincuenta saltaron a la fama nuevos compositores
como Leonard Bernstein, autor de las partituras de Candide (1956)
y West Side Story (1957). Este último musical, una adaptación
moderna de Romeo y Julieta, con muchos bailes y una gran banda sonora,
tendría una notable influencia posterior. Jule Styne escribió
la música para Bells Are Ringing (1956) y Gypsy (1959). En
los años sesenta y setenta el compositor John Kander y el
letrista Fred Ebb colaboraron en Cabaret (1966); el compositor Sheldon
Harnick y el letrista Jerry Bock produjeron Fiddler on the Roof
(1964), y Stephen Sondheim, que escribió las letras de las
canciones de West Side Story y Gypsy, compuso todas las partituras
de una serie de musicales, entre los que se incluyen Company (1970),
Follies (1971), A Little Night Music (1973) y Sweeney Todd (1979).
En 1968, Hair, un espectáculo que se estrenó en Broadway,
transformó por completo el musical. Denominado musical folk-rock,
era más un espectáculo de situación que de
trama, y sus letras a menudo resultaban ininteligibles; pero su
exuberancia juvenil, su ingeniosa teatralidad y su despliegue de
música de rock dieron lugar a muchas imitaciones, como Godspell
y Jesucristo Superstar (ambas de 1971). La partitura de esta última
era obra del compositor inglés Andrew Lloyd Webber, quien
luego escribiría éxitos como Evita (1978), basada
en la vida de la figura política argentina Eva Perón,
Cats (1981), una adaptación de unos poemas de T. S. Eliot,
y Song and Dance (1982). La adaptación que hizo Webber de
la novela El fantasma de la ópera , de Gaston Leroux, se
estrenó en Londres en 1987; el espectáculo recibió
el aplauso de la crítica y alcanzó una gran popularidad.
A mediados de los años ochenta el musical tradicional La
cage aux folles (1983) del compositor Jerry Herman y del autor teatral
Harvey Fierstein, junto con el innovador Sunday in the Park with
George (1984) de Sondheim, basado en un libro de James Lapine, señalaron
el posible camino a nuevas tendencias. Gracias a esta dramatización
de la vida del pintor francés Georges Seurat, Sondheim y
Lapine compartieron el Premio Pulitzer de teatro de 1985. En 1987
se estrenó en Broadway, con gran éxito, la adaptación
musical de la novela Los miserables de Victor Hugo.