Se
trata de un espectáculo en el que el texto hablado se integra
con la música. La forma, que ya comenzó en el antiguo
teatro griego, se hizo popular en el siglo XVIII y un gran ejemplo
de ello es la Ópera del mendigo (1728) del dramaturgo inglés
John Gay. Asimismo han sido incorporadas secciones de melodrama
en obras de compositores como Ludwig van Beethoven (Fidelio, 1805),
Carl Maria von Weber (Der Freischütz, 1821), Giuseppe Verdi,
Richard Wagner, Richard Strauss (Enoch Arden, 1898) y Arnold Schönberg
(Un superviviente de Varsovia, 1947).
Por
extensión, el término melodrama ha sido finalmente
aplicado a cualquier obra con trama romántica en la que el
autor manipula los acontecimientos para actuar directamente sobre
las emociones del público sin tener en cuenta la lógica
o el desarrollo del personaje. Su función primordial es divertir.
En el melodrama los personajes viven con frenesí; su forma
de sentir y mirar el mundo es exagerada y se mueven en circunstancias
originadas a partir de valores contrapuestos: amor/odio, bien/mal,
amor/deber. El mundo presentado por el melodrama es simple y maniqueo.
Ha gozado de popularidad en diversos periodos y se ha abusado tanto
de su forma que la palabra melodramático ha alcanzado un
valor despectivo referido a obras efectistas, inverosímiles
y de escasa proyección artística.
Buenos
ejemplos de este género son Misantropía y arrepentimientos
(1789) del autor alemán August von Kotzebue, y los populares
melodramas de finales del siglo XIX y principios del XX, consideradas
lacrimógenas obras sin valor literario, de Dion Boucicault
o la dramatización (1853) de la novela La cabaña del
tío Tom (1853) de Harriet Beecher Stowe. En España
destacan los melodramas de José Echegaray y Jacinto Benavente,
ambos ganadores del Nobel de literatura en 1904 y 1922 respectivamente.
El género durante el siglo XX se plasma en series de películas
que se valen de recursos melodramáticos como el suspense
y otras emociones intensas propias de películas románticas,
policíacas, de terror y todas aquellas que producen en el
espectador un ejercicio emocional intenso. Las telenovelas de televisión
utilizan también estrategias melodramáticas.