Improvisación,
en música, el arte de expresar o crear toda o parte de una
composición en el momento de la interpretación. Para
improvisar con efectividad, el músico debe comprender a fondo
las convenciones propias de un estilo musical dado. Estas convenciones
actúan como una suerte de biblioteca mental, con secuencias
efectivas de acordes, patrones rítmicos y motivos melódicos,
que se combinan, varían y utilizan como punto de partida para
nuevas invenciones. Estos recursos contribuyen a que la música
resultante sea coherente, a la vez que permiten un espacio para la
creatividad espontánea.
Algunas
culturas musicales también incluyen indicaciones específicas
para la improvisación. Los ragas de la música de la
India y los maqams de la música islámica incluyen motivos
melódicos típicos, fórmulas para los finales,
y notas destacadas. El despliegue de la improvisación se basa
en una secuencia especial. Con frecuencia en recitales de solistas
abundan las improvisaciones instrumentales (taksim) en las suites
árabes o turcas. También aparecen sus equivalentes vocales,
los gazel.
El
contrapunto y la armonía improvisados -cuando se añaden
a las melodías de canto llano del siglo XII o a las melodías
folclóricas del XX- se suman a los intervalos y formas de relación
características de la melodía original. De forma similar,
los percusionistas africanos se guían por un ritmo complejo
y las tradiciones del conjunto, mientras que los músicos de
jazz tienen como guía varias secuencias de acordes.
La
improvisación también ha desempañado un papel
destacado en el desarrollo de la música artística de
la tradición europea. Formas musicales habituales como el preludio,
la variación, la fantasía y la toccata proceden de actos
de improvisación. En los siglos XVII y XVIII, los músicos
que interpretaban el bajo continuo al teclado improvisaban las voces
de los acordes deduciéndolas de un sistema de numeración
bajo las notas, conocido como bajo cifrado. En las partes musicales
lentas, como los recitativos, también inventaban figuraciones
melódicas y rítmicas para conservar la tensión
progresiva de la música. En los siglos XVIII y XIX el concierto
para solista daba a los músicos la oportunidad para improvisar
en la cadenza, que era un interludio antes de la cadencia final de
un movimiento, momento en el cual el solista combinaba el desarrollo
de los temas con una muestra de virtuosismo. El órgano quizá
ha sido el instrumento que más estrechamente ha estado asociado
con la improvisación, debido a su función de relleno
de los tiempos muertos de los servicios religiosos. Los organistas
han improvisado sobre temas de himnos, y han variado armonías
durante su acompañamiento. Especialmente el órgano francés
tenía una larga tradición de fantasías elaboradas,
que a menudo combinaban dos o tres temas a modo de contrapunto. En
el siglo XX la improvisación también ha desempeñado
un papel destacado en la música aleatoria, en la cual los intérpretes
deben tocar dentro de unos parámetros. Éstos pueden
ser desde un material temático específico hasta unas
consignas o imágenes escritas. El resultado va desde una improvisación
colectiva hasta un probabilismo dentro de esa normativa. Iannis Xernakis
prefiere emplear la denominación de música estocástica
o conjetural.