Armonía,
en música, la combinación de notas que se emiten
simultánea - mente. El término armonía
se emplea tanto en el sentido general de un conjunto de notas
o sonidos que suenan al mismo tiempo, como en el de la sucesión
de estos conjuntos de sonidos. La armonía sería
el término contrapuesto al de melodía (en que
los sonidos se emiten uno después de otro).
Cuando
dos o más notas aparecen al mismo tiempo en cualquier compo
- sición musical se produce un tipo característico de
armonía: en la inter - sección de las melodías
simultáneas de una fuga o en una melodía a la que acompaña
un determinado contrapunto; en los acordes a la guitarra que acompañan
una canción popular; en los bloques de sorprendentes acordes
de la armónica que se tocan junto a la melodía en la
música japonesa del gagaku; y en los sonidos prolongados o
insistentemente repetidos (llamados pedales) que sirven de base a
géneros tan diversos como la música de gaitas de Escocia
o la música clásica de la India. Sin embargo, es en
occidente, especialmente en el periodo posterior al renacimiento,
donde la armonía asume un papel central en la estructura y
expresión musical.
Conceptos
de armonía occidental
La
mayor parte de la música occidental de los siglos XVII al XIX
se estructura conforme a la tonalidad, es decir, a la jerarquización
de todos los sonidos alrededor de uno principal llamado tónica.
En la música tonal de este periodo el papel de la tónica
se afirma a través de las relaciones que con ella establecen
los otros grados de la escala y los acordes (conjuntos de sonidos)
que se forman sobre ellos. Este entramado armónico, conocido
como armonía funcional, es el tema de gran parte de la exposición
que sigue.
Los
intervalos (que son el conjunto de tonos y semitonos que separan distintos
sonidos) son los elementos constituyentes de la armonía. Los
intervalos, según su mayor o menor amplitud, poseen cualidades
diferentes. Algunos intervalos son percibidos como consonantes (las
notas que los constituyen no crean tensión al ser percibidas
simultáneamente), mientras que otros son percibidos como disonantes
(cuando las notas que los constituyen generan una tensión al
ser percibidas simultáneamente). La diferencia entre ambos
tipos es puramente relativa: los intervalos más consonantes
son aquéllos que surgen primero en la serie de los armónicos
(la octava, la quinta, etc.), volviéndose cada vez más
disonantes según van alejándose del sonido fundamental
que producen dichos armónicos.
El
elemento básico de la armonía de la música tonal
es el acorde constituido por tres notas distintas llamado tríada
(que significa unidad compuesta de tres partes). Las tres notas de
la tríada del ejemplo 1 se denominan fundamental, tercera y
quinta. La tercera está a un intervalo de tercera por encima
de la fundamental y la quinta está a una quinta de distancia
de la fundamental.
Las
tríadas responden a cuatro tipos o variantes. Dos de ellas
son consonantes. La primera es la tríada mayor (por ejemplo,
do-mi-sol), en la que, con relación a la fundamental, se forman
una tercera mayor (do-mi) y una quinta perfecta (do-sol). La segunda
es la tríada menor (por ejemplo, do-mib-sol) en la que la relación
que se establece es de tercera menor (do-mib) y de quinta con respecto
a la fundamental. La tercera y cuarta variantes son disonantes. La
tríada disminuida (como en do-mib-solb) está formada
por una tercera menor y una quinta disminuida (do-solb) disonante.
La tríada aumentada (por ejemplo, do-mi-sol#) está formada
por una tercera mayor y una quinta aumentada (do-sol#) disonante.
La tríada aumentada sirve de ejemplo de lo que se dijo antes:
la disonancia es relativa. Los dos intervalos que forman estos acordes
(do-mib; mib-sol# y do-mi, mi-sol#) no son disonantes en sí
mismos. El choque de los armónicos superiores de los tres componentes
de las tríadas es lo que hace que este acorde sea percibido
como tenso y necesitado de una resolución.
En
la armonía funcional, la nota que se erige como tónica
es aquella que da nombre a una escala mayor o menor. La tonalidad
se basa en la serie de relaciones que esta tónica establece
con los restantes sonidos de su escala y las tríadas que sobre
ellos se constituyen. Por ello, una composición en la tonalidad
de do mayor tendrá a la nota do como tónica y estará
estructurada alrededor de la escala de do mayor.
Las
tríadas se pueden construir sobre cualquier nota de la escala,
y se las designa con números romanos, según el orden
que ocupe en la escala la nota fundamental sobre la que se constituyen.
El acorde que más refuerza la posición de la tónica
y cuya audición genera una necesidad sensitiva hacia ella es
la tríada construida sobre la quinta nota de la escala (acorde
dominante o V). Los acordes construidos sobre las otras notas de la
escala (II, III, IV, VI y VII) desempeñan también su
papel en la estructuración de la música, ya sea en la
preparación de la tónica de la dominante o en la interacción
de ellos mismos.
Todas
las tríadas pueden aparecer a partir de cualquiera de sus tres
notas como base. En la posición llamada fundamental (ordenación
de los intervalos por terceras y quintas con respecto al bajo, ejemplo
1) la tríada tiene su forma más estable. Las inversiones
de las tríadas, que tienen otras notas del acorde en el bajo
(como, por ejemplo, mi-sol-do y sol-do-mi para la tríada cuya
posición fundamental es do-mi-sol), son formas más inestables
de la misma armonía.
A
través del enlace de un acorde con otros (llamado progresión
armónica) se va generando el movimiento en la música
tonal. Las progresiones armónicas incluyen la partida desde
la tónica, los movimientos hacia la dominante, la resolución
en la tónica o una resolución elusiva en otra armonía.
Estas progresiones inciden en otros aspectos de la construcción
musical como son los comienzos y finales de frases, y la estructuración
de grandes secciones dentro de las composiciones. Los finales de frases
y secciones se construyen mediante cadencias. Éstas pueden
ser perfectas, en estado fundamental (que terminan en la tónica)
o imperfectas, en cuyo caso van precedidas por la dominante. De hecho,
en muchas épocas, estilos y géneros diferentes, la música
tonal ha tendido a presentar frases o secciones emparejadas, la primera
mitad con un final abierto sobre una cadencia imperfecta, y la segunda
con un final cerrado sobre una cadencia perfecta.
Dentro
de las frases, los puntos de cambio armónico suelen coincidir
con los tiempos acentuados del compás. En otras palabras: la
ubicación de los cambios armónicos es uno de los elementos
que hacen que el oyente escuche la alternancia regular de tiempos
fuertes y débiles en el compás. Las progresiones armónicas
tonales producen en el oyente la expectativa de ciertos tipos de resoluciones.
En la música tonal, los tiempos fuertes y débiles del
compás se alternan con regularidad, lo que refuerza dichas
expectativas armónicas.
Armonía
diatónica y cromática
Las
armonías y las progresiones armónicas que sólo
contienen las notas propias de una tonalidad dada se llaman diatónicas,
y cromáticas cuando utilizan notas extrañas a la tonalidad.
Las notas alteradas cromáticamente, es decir, aquellas que
no pertenecen a dicha tonalidad, modifican acordes enteros así
como notas individuales dentro de un acorde. Las notas cromáticas,
en general, sirven para conducir una melodía o pieza musical
de una tonalidad a otra.
Por
ejemplo, el acorde de V de la tonalidad de do mayor (es decir, el
acorde de sol mayor), en lugar de estar preparado (precedido) por
otro acorde de la tonalidad de do mayor, puede prepararse con un acorde
de la tonalidad de sol mayor, en la cual este acorde (V de do) es
la tónica. Este proceso por el cual un acorde es temporalmente
tratado como una tónica, se llama tonulación. Cuando
la tonulación involucra a una progresión de varias armonías
y está suficientemente extendida, se erige una nueva tónica
que de hecho reemplaza a la anteriormente establecida. Cuando esto
sucede, hay un cambio de tonalidad, ha tenido lugar una modulación.
Tonos
inarmónicos y acordes disonantes
Las
armonías se utilizan para servir de apoyo y ayuda en el diseño
de las melodías en la música tonal. Una nota de una
melodía dada puede pertenecer a la tríada que suena
con ella, o puede ser una nota extraña a dicha tríada.
Es frecuente que se desplieguen de forma melódica las notas
constitutivas del acorde. También pueden utilizarse para una
actividad que acelere el ritmo armónico (la velocidad de los
cambios en la armonía).
Muchas
de las combinaciones de notas extrañas y tríadas más
comunes se han convertido en acordes habituales. Los acordes de séptima
(tríadas con una nota adicional en relación de séptima
con respecto a la fundamental: por ejemplo, sol-si-re-fa) son especialmente
comunes en esta categoría, así como los de novena (tríadas
con dos notas adicionales a distancia de séptima y novena sobre
la fundamental: por ejemplo, sol-si-re-fa-la). Estos acordes disonantes,
tal como en el caso de las tríadas, se tratan como unidades
armónicas en la música tonal. Sin embargo, a mediados
del siglo XX, muchos músicos llegaban a considerarlos como
acordes con notas añadidas en lugar de acordes independientes
como las tríadas mayor y menor. A diferencia de la música
tonal tradicional, el jazz y la música popular del siglo XX
utilizan estos acordes como elementos básicos, junto a otros
acordes disonantes como los de undécima y decimotercera, las
tríadas con sexta añadida, los acordes con alteraciones
cromáticas y las armonías suspendidas (acordes que mantienen
una nota de la armonía previa en lugar de otra propia del acorde
de resolución).
Las
armonías puede aparecer con todas sus notas sonando juntas
y sostenidas hasta la siguiente armonía. Ello también
puede ocurrir con otras estructuras, en las cuales las notas se alternan
o se repiten en diferentes patrones de acompañamiento que se
escuchan como una unidad (el ejemplo 2 contiene dos patrones de acompañamiento
comunes: el bajo Alberti y el bajo del vals).
La
interacción entre los distintos aspectos de la armonía
es lo que produce la enorme riqueza y la variedad que caracteriza
a la música tonal de los siglos XVII al XIX. Si bien los compositores
de música artística del siglo XX se han alejado de la
armonía tonal tradicional, su lenguaje musical sigue usándose
en gran parte de la música popular contemporánea. Dentro
de este lenguaje, las armonías pueden dirigir los gestos musicales
hacia objetivos tonales específicos. Además del movimiento
armónico, los compositores se han basado en recursos como el
uso de estructuras de acompañamiento variadas, de tonos inarmónicos,
de formas musicales diferentes, y han explotado las interacciones
entre las múltiples estructuras musicales que se encuentran
a lo largo de la línea continua que va desde la homofonía
(acordes más melodía) a la polifonía (melodías
entretejidas). Estos recursos han permitido a los compositores de
música tonal desarrollar sus propios y distintivos estilos
musicales a lo largo de los siglos.
La
mayoría de los músicos entre mediados del siglo XVIII
y principios del XX, según una tradición que se remonta
al compositor y teórico francés Jean Philippe Rameau,
consideraban a las armonías como unidades independientes de
sonido. Las conexiones melódicas que surgen entre las notas
de una armonía y las de aquellas cercanas se consideraban dominio
del contrapunto. Sin embargo, en años recientes -y en gran
medida gracias a la influencia del teórico alemán Heinrich
Schenker-, muchos músicos han llegado a considerar a las armonías
como el resultado de los movimientos de las partes individuales al
trasladarse desde las notas de un acorde esencial a las de otro. Según
esta óptica, los acordes de un himno a cuatro voces, de un
cuarteto de cuerdas o de una pieza para piano se entienden no ya como
una serie de unidades autónomas, sino como las armonías
que producen las melodías de las partes del soprano, contralto,
tenor y bajo a medida que progresan simultáneamente de nota
a nota. Esta perspectiva unifica las disciplinas antes separadas de
la armonía y del contrapunto. Además, permite al oyente
aislar las progresiones armónicas subyacentes en varios niveles
(fondo, nivel intermedio). Ello da una perspectiva unificada que abarca
a las progresiones armónicas locales o superficiales así
como a los movimientos armónicos subyacentes de largo alcance
que tienen lugar dentro de las secciones y las piezas enteras.
La
armonía apareció por primera vez en la música
occidental en la edad media, cuando los compositores comenzaron a
añadir partes contrapuntísticas al canto llano y se
fue desarrollando como música monofónica (de una sola
parte no armonizada). Durante siglos los compositores exploraron diferentes
combinaciones de intervalos y distintas maneras de conectarlos. Las
armonías evolucionaron a partir de unas apariciones más
o menos casuales entre las líneas del contrapunto, con unos
intervalos que sólo eran estables a principio y final de las
secciones. Con el tiempo, los compositores comenzaron a regular cuidadosamente
las interacciones de las consonancias y las disonancias. Al principio
sólo se consideraban consonantes las cuartas, quintas y octavas;
más adelante se añadieron las terceras y sextas a esta
categoría.
La
armonía funcional: crecimiento y disolución
Hacia
el siglo XVI, en la música de compositores como el italiano
Giovanni da Palestrina, el flamenco Orlando di Lasso y el español
Tomás Luis de Victoria la tríada se convirtió
en la sonoridad preferida. En la música de esta era, el movimiento
de una a otra tríada estaba dispuesto de tal manera, que entre
las partes, casi todo el tiempo se formaba una completa (con su fundamental,
tercera y quinta presentes). El movimiento armónico funcional
aparecía en muchas cadencias. Sin embargo, dentro de las frases,
el uso de los modos (escalas diferentes de la mayor o menor) servía
para evitar la sensación de movimiento armónico dirigido
que aparece en épocas tardías de la música tonal.
Hacia la segunda mitad del siglo XVII, la armonía funcional
se había establecido como lenguaje musical. Éste es
el lenguaje en el que compositores como Johann Sebastian Bach, Ludwig
van Beethoven, Georg Friedrich Händel, Joseph Haydn o Wolfgang
Amadeus Mozart escribirían su música.
Hacia
el siglo XIX las progresiones armónicas funcionales habían
estado ya tanto tiempo en uso que los compositores las consideraban
un lugar común para muchas de sus necesidades individuales.
Dentro de la armonía funcional, compositores como Fréderic
Chopin, Robert Schumann, Johannes Brahms o Richard Wagner exploraron
nuevos sonidos. Entre sus técnicas se incluyen la conexión
de acordes considerados hasta la fecha poco relacionados unos con
otros, el añadido de notas extrañas durante la mayor
parte de la duración del acorde, el empleo más habitual
de acordes disonantes que de tríadas, el uso de notas cromáticas
con mayor frecuencia y el movimiento rápido de una tonalidad
a otra sin establecer con firmeza ninguna de las tonalidades de paso.
Los efectos armónicos inauditos se convirtieron en el interés
primario.
Los
cambios en el siglo XX
Como
resultado de estas tendencias del siglo XIX, la armonía funcional
había cesado de ejercer una fuerza potente en la nueva música
desde principios del siglo XX. Algunos compositores, como Claude Debussy,
Béla Bartók e Ígor Stravinski, continuaron escribiendo
música basada en la definición de un centro tonal. Estos
compositores, sin embargo, proyectaron el sentido de tónica
por medios distintos a la tonalidad funcional. Entre esas técnicas
se incluyen la repetición frecuente de la nota de la tónica,
las melodías que giran en torno a ella y el empleo de un ostinato
(un patrón repetitivo) que contiene la tónica.
Otros
compositores, como Arnold Schönberg, Alban Berg y Anton von Webern,
abandonaron toda sensación de tonalidad y comenzaron a escribir
una música sin tónica, estilo que se dio en llamar atonalidad.
En esta música ya no existe la distinción original entre
la consonancia y la disonancia, ya que, dependiendo del contexto,
todos los acordes e intervalos tienen el potencial de sonar tanto
en forma estable como necesitados de una resolución. Por consiguiente,
la armonía es más compleja, y las tríadas y otros
acordes que son comunes en la música tonal no tienen una condición
especial -simplemente son una combinación más de tres
o cuatro notas que forman un acorde-. Ya no existen más progresiones
armónicas comunes a muchas piezas; en lugar de ello, cada pieza
desarrolla un lenguaje armónico individual. En algunos de los
escritos teóricos recientes, el término simultaneidad
ha reemplazado al de armonía para describir las notas que suenan
juntas en esta música.
Categorías
y nombres de los acordes tonales
La
primera y segunda sección de este artículo trataron
de las cualidades esenciales y de la historia del sistema armónico
tradicional de la música occidental. Esta sección final
es un sumario de información técnica sobre los acordes
y su nomenclatura.
Los
acordes más comunes de la música tonal son las tríadas
y los acordes de séptima. Las tríadas, como hemos visto
antes, aparecen en cuatro variedades principales: mayor, menor, disminuido
y aumentado. Los acordes de séptima tienen cinco variedades
principales:
| Tríada
disminuidas más una séptima disminuida:
(do - mib- solb - sibb) "acorde de séptima disminuida"
Tríada
disminuida más una séptima menor:
(do - mib- solb - sib) "acorde de séptima sensible"
Tríada
menor más una séptima menor:
(do - mi- solb - sib) "acorde de séptima menor"
Tríada
mayor más una séptima menor:
(do - mi- sol - sib) "acorde de séptima de dominante"
Tríada
mayor más una séptima mayor:
(do - mi- sol - si) "acorde de séptima mayor" |
Nombres funcionales de acordes
Los
nombres funcionales muestran la situación de un acorde dado en
una escala mayor o menor. Entre esos nombres se incluyen los números
romanos que se usan para los acordes, así como los siguientes
términos:
| I |
-
Tónica |
| II |
-
Supertónica |
| III |
-
Mediante |
| IV |
-
Subdominante |
| V |
-
Dominante |
| VI |
-
Superdominante |
| VII |
-
Sensible |
El
que estos acordes sean mayores o menores depende de su posición
en la escala. En el caso de una tonalidad mayor, los tipos de acordes
serán los siguientes:
| Tríadas
mayores |
I,
IV, V |
| Tríadas
menores |
II,
III, VI |
| Tríadas
disminuidas |
VII |
| Acordes
de séptima de dominante |
V7 |
| Acordes
de séptima mayor |
I7,
IV7 |
| Acordes
de séptima menor |
II7,
III7, VI7 |
| Acordes
de séptima de sensible |
VII7 |
En
el caso de una tonalidad menor (construida sobre la escala menor armónica,
como en la, si, do, re, mi, fa, sol# y la) los tipos de acordes son
los siguientes:
| Tríadas
mayores |
I,
IV |
| Tríadas
menores |
V,
VI |
| Tríadas
disminuidas |
II,
VII |
| Tríadas
aumentadas |
III |
| Acordes
de séptima de dominante |
V7 |
| Acordes
de séptima menor |
I7,
IV7 |
| Acordes
de séptima mayor |
VI7 |
| Acordes
de séptima de sensible |
II7 |
| Acordes
de séptima disminuida |
VII7 |
| |
|
| El
acorde del III7 es el menos frecuente,
es un acorde de séptima mayor aumentado: do-mi-sol#-si |
|
Inversiones
Las
inversiones de los acordes se indican mediante pequeños números
(llamados también bajo cifrado, técnica desarrollada
durante la época de bajo continuo en la música del barroco)
a continuación del número romano. Estos números
indican intervalos en relación con la nota del bajo. El "3"
se presupone y no se escribe a menos que haya una necesidad concreta
de destacarlo.
| Tríadas:
Estado
Fundamental
La fundamental en el bajo y la 3a y la 5a por encima (do-mi-sol)
Primera
Inversión
La tercera en el bajo y la 5a y la fundamental por encima
(mi-sol-do)
Segunda
Inversión
La quinta en el bajo y la fundamental y la 3a por encima
(sol-do-mi)
Acordes
de séptima:
Estado
Fundamental (sol-si-re-fa)
Primera
Inversión (si-re-fa-sol)
Segunda
Inversión (re-fa-sol-si)
Tercera
Inversión (fa-sol-si-re) |

.........................................Tercera..........
Séptima
Intervalos:
La ejecución simultánea de dos notas establece un
intervalo

...................................Triada
............Acorde de Séptima
Acordes:
La ejecución simultánea de tres o más notas
constituye un acorde