Vivamos
entregados de corazón a los cantos, a la oración, a alabar
a Dios, a conocer más de su palabra, a trabajar arduamente con
la música para atraer cada vez más fieles a las aguas
caudalosas de la vida .
Hoy, Jesús nos llama como a Pedro a ser pescadores de almas.
" No temas de ahora en adelante serás pescador de hombres"
(San Lucas 5, 10). Muchos músicos de Dios no conocemos el arte
de pescar, especialmente los que vivimos en el interior alejados de
la zona costera. Por tal motivo, quise saber un poco de este trabajo
para aplicarlo a la pesca de almas.
Hay variadas
técnicas de pesca y la aplicación de cada una de ellas
depende de las almas que queremos pescar. Se pesca con redes, cañas
u otros instrumentos. Las redes permiten una pesca de almas masiva y
requiere el trabajo de 2 o más personas en su realización.
La pesca con caña es individual, pero también es útil
y se puede aplicar a una pesca personalizada. Por eso creo que todas
las formas de pescar tienen validez ante los ojos de Dios. A continuación,
algunos elementos que se deben tener en cuenta para la pesca de almas.
1. Voluntad
de Pescar: estar convencidos plenamente por vocación y decisión
de cumplir el mandato de Cristo de pescar almas para Él. Como
fieles cristianos "incorporados a Cristo por el bautismo"
vivimos un llamado común para servir a Cristo desde la música.
No obstante, el mandato y la misión musical no es algo que se
da solo por nuestra voluntad, porque lo queramos hacer, sino por la
voluntad de Dios. Cantarle a Dios no es un simple oficio de palabra
como muchos artistas lo toman; es cantar la vida misma con nuestros
actos y obras, con amor a Dios y a nuestros hermanos.
El ministerio
musical es una respuesta consciente al llamado de Dios, y es "enteramente
dependiente de Cristo que da misión y autoridad". Solo así
podemos exclamar al igual que Pablo en Rom 1.1: "Pablo, siervo
de Cristo Jesús y apóstol por un llamado de Dios, escogido
para proclamar el evangelio de Dios".
Muchos artistas
dicen yo quiero ser misionero, pero no son escogidos por Dios. Pescar
almas con la música como instrumento de evangelización,
es un milagro que se da por la acción del Espíritu Santo
en los hombres en determinado tiempo y lugar. Es en ese momento cuando
la palabra cantada se vuelve un acto que nutre tanto, o más que
la palabra escrita. San Pablo decía: " La fe nace de una
predicación, y lo que se proclama es la palabra de Dios (Rom.
10,17). Solo así se comprende el milagro de la palabra que sana,
abre los ojos, limpia los oídos, desata la lengua y anima las
manos"
Por otra
parte, no se debe confundir la autoridad que da Cristo a sus siervos
musicales con el posicionamiento, el status, o la popularidad que dan
los hombres en la tierra. En otras palabras, quiero decir que no somos
misioneros por méritos propios, porque cantamos o interpretamos
un instrumento, sino porque Dios nos eligió y porque El mismo
nos envía por el mundo a proclamar su palabra.
2. Dónde
Pescar: Jesús nos dice que llevemos la barca a " la parte
más honda" y ese lugar es el mar abierto del mundo. El mundo
que vivimos desde nuestra cotidianidad en el trabajo, la familia, los
amigos, la escuela, la calle, los transportes, los medios de comunicación
que llegan a miles y millones de personas, entre otros.
Para llegar
a la parte más honda, se pasan por caminos peligrosos, donde
cada movimiento o maniobra es un riesgo que nos puede hacer naufragar,
donde nuestra barca se puede hacer astillas si choca con los bordes
filosos del individualismo, la soberbia, el orgullo, el poder, el dinero
y la fama. Para conjurar cualquier mal durante el recorrido, es necesario
avanzar a ejemplo de Jesús Cristo, imitando "la pobreza,
la obediencia, el servicio y la inmolación de sí mismo
hasta la muerte, de la que surgió victorioso por su resurrección"
Catecismo de la Iglesia Católica.
Nuestro trabajo
comienza por el anuncio cantado del Evangelio al mundo. Cantando para
aquellos que no han oído la Palabra de Dios, enseñando
a aquellos que no conocen su palabra, predicando si el Señor
nos manda en medio de otras gentes, razas, culturas y religiones...
Ser evangelizador
musical es un trabajo arduo que se dirige a los cristianos de todas
las denominaciones y a los no cristianos, pues la música sigue
siendo el idioma universal y uno de los puntos de encuentro donde nos
podemos comunicar en un clima de respeto. Durante la pesca se pasan
horas y horas... remando bajo el sol ardiente!!, adaptando la navegación
a las nuevas trayectorias de los vientos, para que finalmente se encuentre
un camino despejado y el banco de los peces. Así mismo, los evangelizadores
musicales pasan los días orando, cantando y predicando de acuerdo
con las culturas donde se mueven, para que el mensaje musical transforme
por la acción de Dios, los corazones de los hombres.
3. Preparación
del equipo de pesca musical: Primero se elabora el tejido y la preparación
de redes: Tejer las redes con buena calidad de hilos espirituales y
humanos que al entrelazarlos se conviertan en nudos firmes.
Cada uno
de nosotros "funciona como nudos"- Red Magnificat-, fuertes
en la fe, perseverantes, pacientes y resistentes a los jalones y a la
cantidad de peces que quieren salirse. Además, cada nudo se une
y camina en un mismo espíritu con otros nudos, para evitar que
se rompa la red. En este sentido, es importante saber con quién
trabajo, conformar un equipo musical que viva en plena comunión
con Dios, para que pueda afrontar todas las tempestades que se aproximan
- cansancios, desánimos, tentaciones- porque con un mínimo
error que se pase, se puede dañar todo el tiempo de trabajo y
esfuerzo. En la preparación de redes debemos tener en cuenta
la oración, la buena formación doctrinal y la formación
musical de cada miembro o nudo, y de toda la red o comunidad.
En la pesca
con caña hay que echar el anzuelo con una carnada para atraer
a los peces. La caña sigue siendo la buena formación doctrinal
y musical, flexible a los cambios y a las fuerzas que la tensionan para
que no se quiebre. El anzuelo apropiado es el ejemplo, una vida limpia,
transparente y la misma autoridad que da Cristo. Y la carnada atractiva
es la música en sus variadas formas y presentaciones. Carnada
que se debe adobar con la simpatía, la amabilidad, la comprensión
y el liderazgo.
Los músicos
de Dios son mensajeros por el "Amor de Cristo" (2 Cor. 5,
14). Dios quiere que todos se salven por "el conocimiento de la
verdad" y la búsqueda de la verdad se hace imposible sino
está iluminada por el Espíritu Santo que es el que conduce
cualquier misión. Dejemos que en nuestra misión musical
sea el viento del Espíritu Santo quien dirija las velas del barco
y su fuego el que derrita el hielo de los corazones que nos encontramos
en el camino.
4. Viajar
con el maestro: El misionero musical se debe alimentar de una vida sacramental
que lo ayude a permanecer fiel en Cristo, para que Cristo permanezca
en él. El alma se forma en el trabajo, en las virtudes y en la
verdad de Dios.
Siempre debemos
buscar en la oración la compañía del gran Pescador.
El nos indicará dónde y cómo echar las redes o
el anzuelo, como hizo con los apóstoles en la pesca milagrosa.
Cuando Dios está con nosotros el viento de su espíritu
nos lleva "a la parte más honda" donde están
las almas.
Hermanos
vivamos entregados de corazón a los cantos, a la oración,
a alabar a Dios, a conocer más de su palabra, a trabajar arduamente
con la música para atraer cada vez más fieles a las aguas
caudalosas de la vida. Realmente, los que practican la música
de Dios responden a una manera de llamado, que muchos alcanzan a comprender
abriendo las puertas de su alma. Otros por el contrario, siguen cantando
o interpretando sus instrumentos, sin encontrar el verdadero sentido
de lo que cantan o predican en sus vidas.
Tomado
de: www.periodismocatolico.com