6.3 OTROS ASPECTOS IMPORTANTES

 

 

A continuación mencionaré algunos aspectos prácticos que tal vez por ser tan sencillos aparentan no ser sustanciales, pero que, cuando los respetamos y los ejecutamos con perfección dan a la salmodia ese toque de expresión que la hace ser notablemente bella.


a) El fraseo.

Este es un elemento clave para la entonación de los salmos. Al hablar de fraseo nos referimos a la compenetración de la voz con la melodía y a la fluidez y expresión con la que se cantan los textos.

El ritmo de la salmodia exige omitir las puntuaciones; al salmodiar no se respetan las pausas que haríamos normalmente en la simple lectura, como son las comas y los puntos; la única excepción son los dos puntos y seguido. (6) Por tratarse de una lectura melódica, la expresión de los textos depende en gran medida de la entonación. Para ello nos sirve el fraseo.

La salmodia no debe ejecutarse con una pulsación rítmica absoluta, ni tampoco de manera plana, sino que existen variaciones en el tiempo y en la dinámica del canto. Cuando salmodiamos hemos de pensar en la importancia que tiene la correcta transmisión del texto, no solamente en cuanto a pronunciación y dicción, sino en expresividad. Por ello hay que evitar salmodiar como si estuviésemos leyendo palabra por palabra, en vez de entonar frases completas.

El fraseo que seguimos en la salmodia es más sencillo que el que se realiza en el canto gregoriano; este se desarrolla en cada estico de la estrofa y a la vez en cada estrofa del salmo.

En los esticos se desarrolla un pequeño fraseo, siendo la palabra importante aquella en donde comienzan las flexiones melódicas, para dar la resolución o descanso en la nota final.

El fraseo grande se ejecuta en todo la estrofa, siendo la palabra culminante, es decir, aquella en donde la melodía cobra mayor énfasis alcanzando su desarrollo completo, la que se encuentra justo en la mitad de la melodía, al iniciar las flexiones.

Ejemplo:

 


Aunque durante el desarrollo del fraseo se ha de mantener un ritmo estable, en los finales debe disminuirse el tiempo y el volumen.


b) La dinámica.

Ésta se ocupa precisamente de las variaciones en la sonoridad, es decir, los matices que pueden darse en cuanto la intensidad del sonido.

Las reglas que se siguen para la dinámica obedecen a la importancia de resaltar la palabra cantada; éstas son: respetar y marcar los acentos –que aún sin exagerarlos se deben hacer sentir–; cuidar de no acentuar nunca las sílabas finales, sino disminuir el volumen; en cada estico –y en cada estrofa– debe haber un ligero balanceo dinámico de crescendo–diminuendo, el cuál desarrolla su mayor intensidad en la palabra importante, tal como lo explicamos en el fraseo. (7)


c) La respiración.

Aún sin ser un aspecto tan esencial como sucede en el gregoriano –en donde el cantor debe ser capaz de entonar textos demasiado extensos con una sola aspiración de aire– no por ello deja de ser un elemento importante.

La respiración al cantar debe hacerse lo más relajada que sea posible, de una manera natural, al igual que se respira cuando se está hablando. La correcta respiración consta de tres pasos: aspiración –que se dirige hacia la región del abdomen–, retención y espiración del aire.

El cantor debe aprender a regular la espiración de aire, de modo que sea capaz de entonar los salmos con suficiente claridad y soltura. Es recomendable hacer las aspiraciones al finalizar cada fraseo y, si se tiene la suficiente capacidad pulmonar, es aún mejor hacerlas después de cada fraseo grande.


d) Sílabas, diptongos y sinalefas.

Hemos explicado ya que la salmodia es un canto que se ejecuta con ritmo libre, y que para ello se asigna una sílaba a cada pulsación. También hemos comentado que lo importante en la expresión de un salmo entonado es el texto, por lo cual cada palabra debe pronunciarse correctamente.

Esto nos obliga a poner especial esmero en la separación de las sílabas al salmodiar: dar a cada sílaba exactamente una pulsación, sobre todo a aquellas en donde se encuentran dos vocales juntas.

Ejemplo:

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Ejecución:

Es–pe–re Is–rael en el Se–ñor,
aho–ra y por siem–pre.

En el caso de los diptongos (dos vocales continuas dentro de una misma sílaba) y de las sinalefas (dos vocales continuas de palabras distintas), es necesario separar las vocales, de lo contrario al entonar el texto se escuchará “embarrado”; ahora bien, no siempre será posible separar todas las vocales, especialmente en los diptongos, pues recordemos que la expresión del texto dependerá en gran medida de la melodía que se utilice. Lo importante será que el texto se entienda y se escuche bien.

Ejemplo:

Recordando su santa alianza
y el juramento que hizo a nuestro padre Abraham

Ejecución:

Re–cor–dan–do su san–ta – a–li–an–za
y–el ju–ra–men–to que–hi–zo–a nues–tro pa–dre A–bra–ham

 

Otro ejemplo:

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ejecución:

Glo–ria – al Pa–dre–y–al Hi–jo–y–al Es–pí–ri–tu Santo.
Co–mo–e–ra–en el prin–ci–pio,– a–ho–ra–y siem–pre,
por los si–glos de los si–glos. A–mén.

 

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(6) Este es uno de los dos casos en que se puede hacer una pausa durante la entonación de los textos. Cf. Para Ti salmodiaré comentario no. 7 del Capítulo 7.

(7) Por regla general la palabra importante de cada estico será la penúltima que expresa alguna idea, es decir, en donde inicia el movimiento melódico. Cf. Para Ti salmodiaré, criterio sobre el paso del recitativo a las flexiones, Pág. 117.