Los salmos,
además de ser oración, son poesía; por ello han
sido escritos en estrofas y no en prosa. A esto le llamamos estructura
de los salmos.
Esto resulta
especialmente importante para nosotros al momento de entonarlos, y
representa alguna dificultad, ya que cada una de las estrofas del
salmo habrá de agotar la fórmula salmódica.
Es decir
que ambas, estrofa del salmo y melodía, comienzan y terminan
al mismo tiempo, pero durante su desarrollo la melodía deberá
adaptarse al texto; esto implica que pueda sufrir alguna ligera alteración.
En otras
palabras diremos que la melodía será flexible, de acuerdo
a cada estrofa del salmo que se cante, ya que en ocasiones estos contienen
estrofas irregulares, es decir, con diferente número de esticos.
Hay salmos sumamente variados en este sentido.
Comprendiendo
lo anterior, no podremos cantar dentro de un mismo salmo una estrofa
que tenga cinco esticos del mismo modo que cantamos otra que tan solo
tiene dos. Habrá aún mayor diferencia en salmos que
contienen estrofas demasiado grandes.
Ejemplo:
Salmo
79
Pastor
de Israel, escucha,
Tú que guías a José como a un rebaño,
Tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios! restáuranos
que brille tu rostro y nos salve.
Señor; Dios de los ejércitos
¿Hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Etc.
Vemos que tan solo en las tres primeras estrofas de este salmo hay
mucha diferencia en cuanto al número de esticos: 5, 2 y 3.
Si las
estrofas son tan diferentes ¿cómo lograremos que las
fórmulas salmódicas se acomoden y puedan agotarse en
cada una de ellas?
Próximamente:
2.4 Herramientas
de la Salmodia.