5. SUGERENCIAS PRACTICAS PARA EL OFICIO DEL SALMISTA

 
 

Para concluir esta sección, veremos algunas situaciones muy prácticas en cuanto a la función del salmista; muchas de éstas serán de sentido común, sin embargo no está por demás comentarlas.

- Antes de la celebración el salmista debe saber claramente que textos le corresponden, sin dejar nada a la improvisación.

- Si se prepara una breve monición para el salmo, ayudará mucho a que los fieles comprendan el sentido espiritual del mismo.

- Para evitar improvisaciones, el salmista debe tener tiempo suficiente para leer, meditar, orar y ensayar el salmo.

- La comunicación con el organista o instrumentista es muy importante. Tener ambos –salmista y músico– al menos un ensayo previo a la celebración es fundamental para evitar confusiones bochornosas. El músico debe tener una copia o partitura del salmo que acompañará, si es que se ha musicalizado.

- A menos que no haya quien lea las lecturas podrá hacerlo el salmista. Pero su función es solamente la de cantar el salmo, pues lo otro diluye y desfigura su ministerio.

- Cuando el salmista proclama el salmo ha de procurar ser el primero en meditarlo, aunque ya lo haya hecho antes. De preferencia mantenga siempre la vista en el ambón, aunque sepa el salmo de memoria. Con esta actitud se invita más a los fieles a orar y meditar que cuando se recorre todo el lugar con la vista, como si estuviera lanzando una mirada dominante y retadora.

- Es obvio que nunca debe decirse “todos” para indicar a los fieles en qué momento deben intervenir con el canto del responsorio. Esto sería poco menos que un insulto para ellos.

- La respuesta es cantada por la asamblea una vez que el salmista la ha entonado, después de ello el salmista solamente canta las estrofas del salmo; debe permanecer en el ambón hasta que termina la última respuesta de la asamblea. Retirarse antes también parecería una ofensa, pues mientras se canta el salmo se establece un diálogo entre ambos.

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6. El Salmo responsorial