8. SENTIDO Y EJECUCION DEL SALMO RESPONSORIAL

 

 

El salmo responsorial, llamado también gradual, dado que es una parte integrante de la liturgia de la Palabra, tiene gran importancia litúrgica y pastoral. Dios mismo es quien habla a su Iglesia en los salmos y ésta, a su vez, los convierte en oración. (1)

El salmo responsorial cantado favorece la percepción del sentido espiritual y la meditación del mismo, pues, mientras la asamblea va repitiendo la respuesta, va profundizando en el sentimiento que expresa, ya sea de alegría, gratitud, confianza o súplica. Esta forma de salmodiar establece además un diálogo entre la comunidad y el salmista.

La Instrucción General del Misal Romano y la Ordenación de las Lecturas de la Misa nos presentan las normas que hemos de observar para el salmo responsorial: (2)

El salmista o cantor, desde el ambón proclama el salmo y la asamblea intercala la respuesta de preferencia, a menos que se cante en forma directa sin estribillo (tractus).

Existen tres formas, a saber, de ejecutar el salmo:

a) Forma ideal.

El salmista entona el salmo y la asamblea canta la respuesta. En esta forma todo el salmo es cantado.

b) Formas válidas.

El lector proclama el salmo y la asamblea canta la respuesta intercalada; o bien, el salmo es cantado en forma directa, sin repuesta, y lo cantan todos los fieles (3) o el salmista solo.

c) Forma aceptable.

El lector proclama el salmo y la asamblea recita la respuesta. En esta forma todo el salmo es recitado, sin canto.

La forma óptima será siempre el salmo responsorial cantado.

Un salmo que se queda solo en palabras mecánicamente recitadas, cuando su naturaleza misma invita a una actitud poética y musical, no puede considerarse mas que una oración a medias. El canto le puede dar una plenitud expresiva que engloba el sentimiento interior del salmista y su capacidad estética.

Sin embargo hemos de decir que la forma directa o tractus ayuda mucho a la meditación de la Palabra, sobre todo si el salmo se recita sin interrupción; todos escuchan al solista en una actitud meditativa que ayuda a una oración más profunda. Esta forma se recomienda especialmente en aquellos salmos de carácter personal, así como los históricos o sapienciales; tal es el caso de los salmos 48, 77, 100 y 138, entre muchos otros.

En ocasiones la atención de la asamblea se puede centrar más en el contenido del salmo cuando este es bien proclamado por el lector, de manera pausada, con voz expresiva y amable. Si aún se le añade un suave fondo musical se tendrá un recurso excelente para la meditación.

En todo caso será mejor hacer una buena proclamación del salmo leído que cantarlo mal.

La forma directa también ofrece la posibilidad de que toda la asamblea cante el salmo, si éste se ha adaptado a manera de himno y todos lo conocen. Hay muchos salmos que se han musicalizado y ayudan enormemente a la elevación de los corazones, además de que promueven la participación activa de los fieles.

Cuando no se canta el salmo, búsquese la proclamación más adecuada del mismo para la meditación. (4)


En conclusión:

Hay quienes ejecutan el salmo de manera admirable; hay quienes lo ejecutan de manera simple, y hay quienes simplemente lo ejecutan... (5)

 

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(1) Cf. O.L.M. Prenotandos 19.
(2) Cf. I.G.M.R. 36; O.L.M. Prenotandos 12,20–22.
(3) En este caso, cuando el salmo es cantado por todos, es apropiado utilizar la forma llamada “himno”. Cf. Capítulo 10.
(4) O.L.M. Prenotandos 22.
(5) En el sentido fuerte del verbo “ejecutar”.