9. QUÉ DICEN LOS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA SOBRE EL SALMO RESPONSORIAL

 
 

 

A continuación te presentamos una recopilación de textos de los diferentes documentos de la Iglesia, que nos hablan sobre el salmo responsorial: (1)

a) Instrucción Musicam Sacram (2)

“Conviene que la asamblea de los fieles, en la medida de lo posible, participe en los cantos del ‘Propio’, sobre todo con repuestas fáciles u otras formas musicales adaptadas.

Dentro del ‘Propio’, tiene particular importancia el canto situado después de las lecturas en forma gradual o de salmo responsorial. Por su naturaleza, es una parte de la Liturgia de la Palabra; por consiguiente, se ha de ejecutar estando todos sentados y escuchando; mejor aún, en cuanto sea posible, tomando parte en él”. III, 33.

b) Introducción del “Graduale Simplex” (3)

“Para los cantos interleccionales existe, según los diversos tiempos del año:

salmo responsorial, con respuesta salmódica o aleluyática;

salmo sin respuesta que, según nombre tradicional, se llama tracto:

Alleluia con algunos versículos del salmo en el tiempo en que se canta el Alleluia, u otra aclamación no aleluyática del Evangelio, para el tiempo que corre desde Septuagésima hasta Pascua”. III-10, 33,34,35.

“Los cantos interleccionales se ordenan del siguiente modo:

en el tiempo en el cuál se dice Alleluia, se canta el salmo con la respuesta salmódica y el Alleluia, al menos con un versículo; o solamente el salmo con la respuesta aleluyática:

en el tiempo en que no se dice Alleluia, se canta el salmo con la respuesta salmódica y, a voluntad, la antífona de aclamación del Evangelio, al menos con un versículo: o el salmo sin respuesta, o sea tracto, y, a voluntad, la antífona de aclamación, conforme a lo indicado antes.

En el tiempo pascual, se canta el salmo con respuesta aleluyática, o Alleluia con su salmo.

Cuando hay dos salmos del mismo género, basta elegir uno de ellos.

Si se proponen más, se cantan siempre al menos cinco versículos, que han de escogerse del salmo, a voluntad”. VI-15 y16, 38, 39, 40.

 

c) La Música en el Culto Católico (4)

“Las lecturas de la Escritura son el corazón de la Liturgia de la Palabra. La homilía, los salmos responsoriales, la profesión de fe y las intercesiones generales la desarrollan y completan. En las lecturas, Dios habla a su pueblo y alimenta su espíritu; Cristo está presente por medio de su Palabra. La homilía explica las lecturas. Los cantos y la profesión de fe incluyen la aceptación por parte del pueblo de la Palabra de Dios. Es de primordial importancia que el pueblo oiga el mensaje de amor de Dios, lo asimile con la ayuda de los salmos, el silencio y la homilía, y responda, implicándose en la gran alianza de amor y redención. Todo lo demás es secundario”. II-7,45.


Salmo responsorial

“Este canto excepcional y muy importante es la respuesta a la primera lectura. La determinación del nuevo Leccionario de hacer corresponder el contenido de los salmos con el tema de la lectura se refleja en su enumeración de 900 estribillos. La Liturgia de la Palabra se aviva más plenamente si entre las dos primeras lecturas un cantor canta el salmo y todos cantan la respuesta. Como la mayor parte de los grupos no pueden aprender una nueva respuesta cada semana, se ofrecen estribillos propios del tiempo en el mismo leccionario y en el Graduale Simplex. Se pueden usar también otros salmos y estribillos, incluso salmos arreglados en forma responsorial y en versiones métricas y otras similares de los salmos, con tal que sean usados de acuerdo con los principios del Graduale Simplex y sean seleccionados en armonía con el tiempo litúrgico, la fiesta o la ocasión. La elección de los textos que no son del Salterio no se extiende a los cantos entre las lecturas. (5) Para facilitar la reflexión puede haber un breve período de silencio entre la primer lectura y el salmo responsorial”. III-2,63.

 

d) Ordenación General del Misal Romano.

“Después de la primera lectura sigue un salmo responsorial o gradual, que es parte integrante de la Liturgia de la Palabra. El salmo se toma habitualmente del Leccionario ya que cada uno de estos textos está directamente ligado a cada una de las lecturas: la elección del salmo depende, según eso, de la elección de las lecturas. Sin embargo, para que el pueblo pueda más fácilmente intervenir en la respuesta salmódica, han sido seleccionados algunos textos de responsorios y salmos, según los diversos tiempos del año o de las diversas categorías de santos. Estos textos podrán emplearse en vez del texto correspondiente a la lectura todas las veces que el salmo se canta.

El salmista o cantor del salmo, desde el ambón o desde algún otro sitio oportuno, proclama los versos del salmo, mientras toda la asamblea escucha sentada, o mejor, participa con su respuesta, a no ser que el salmo se pronuncie todo él seguido, es decir, sin intervención de respuestas.
Si se canta, se puede escoger, además del salmo asignado por el Leccionario el del Gradual Romano o salmo responsorial o el aleluyático del Graduale Simplex, según la descripción que se hace en estos mismos libros.

El salmo que hay después de la lectura, si no se canta, se recita. En cambio, el Aleluya o el verso que precede al Evangelio, si no se canta, puede omitirse”. II, 36 y 39.

 

e) Ordenación de las Lecturas de la Misa.

“El salmo responsorial, llamado también gradual, dado que es una ‘parte integrante de la liturgia de la Palabra’, (6) tiene gran importancia litúrgica y pastoral. Por eso hay que instruir constantemente a los fieles sobre el modo de escuchar la Palabra de Dios que nos habla en los salmos, y sobre el modo de convertir estos salmos en oración de la Iglesia. Esto ‘se realizará más fácilmente si se promueve con diligencia entre el clero un conocimiento más profundo de los salmos, según el sentido con que se cantan en la sagrada liturgia, y si se hace partícipe de ello a todos los fieles con una catequesis oportuna’. (7)

También pueden ayudar una breves moniciones en las que se indiquen el porqué de aquel salmo determinado y de la respuesta, y su relación con las lecturas.

El salmo responsorial ordinariamente ha de cantarse. Hay dos formas de cantar el salmo después de la primera lectura: la forma responsorial y la forma directa. En la forma responsorial, que se ha de preferir en cuanto sea posible, el salmista o el cantor del salmo, canta las estrofas del salmo, y toda la asamblea participa cantando la respuesta. En la forma directa, el salmo se canta sin que la asamblea intercale la respuesta, y lo cantan, o bien el salmista o cantor del salmo él solo, y la asamblea escucha, o bien el salmista y los fieles juntos.

El canto de salmo o de la sola respuesta contribuye mucho a comprender el sentido espiritual del salmo y a meditarlo profundamente.

En cada cultura debe utilizarse todo aquello que pueda favorecer el canto de la asamblea, y en especial las facultades previstas en la Ordenación de las Lecturas de la Misa, (8) referentes a las respuestas para cada tiempo litúrgico. El salmo que sigue a la lectura, si no se canta, ha de recitarse en la forma más adecuada para la meditación de la Palabra de Dios. (9) El salmo responsorial se canta o se recita por un salmista o por un cantor desde el ambón” (10) PRENOTANDOS I,19-22.

 

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(1) Recopilación por: Roberto Durán Urenda, dj. Taller Diocesano de Salmistas, Santiago de Querétaro. Junio de 2002
(2) 5 de Marzo de 1967.
(3) Instrucción del Graduale Simplex in usum minorum ecclesiarum, promulgado el 3 de Septiembre de 1967.
(4) Comisión Episcopal Estadounidense de Liturgia. Edición revisada en 1983 del documento publicado en 1972.
(5) Cf. Conferencia Nacional de Obispos católicos, Declaración de Noviembre de 1968; Ordenación General del Misal Romano, num. 6.
(6) Instrucción general para el uso del Misal Romano, n. 36.
(7) Pablo VI, Const. Apost. Laudis Canticum, en la Liturgia de la Horas instaurada por mandato del Concilio Vaticano II y aprobada por el Papa Pablo VI (ed. México-Colombia, 1979), cfr. Conc. Vat. II, Const. s. la sagrada Liturgia, Sacrosactum Concilium, nn. 24, 90; S. Cong. de Ritos, Intr. sobre la música en la sagrada Liturgia, Musicam Sacram, 5 marzo 1967, n. 39; A.A.S. 59: (1967), p. 311; Liturgia de la Horas, Principios y Normas Generales, nn. 23 y 109; S. Congr. para la Educación Católica, Ratio fundamentalis, n.53.
(8) Cfr. Infra, Prenotandos, nn. 89-90.
(9) Cfr. Instrucción general para el uso del Misal Romano, nn. 18 y 39.
(10) Cfr. ibid. n. 272, cfr. infra, Prenotandos, nn. 32 ss.