Al salmista
le toca la parte del salmo o de algún otro canto bíblico
que se encuentre entre las lecturas. Para cumplir bien con este oficio,
es preciso que el salmista sea dueño del arte de la salmodia...
(1)
La preparación
del salmista debe ser constante. Se trata de una formación permanente
y, aunque son muchos los aspectos que debe abarcar como, por ejemplo,
crecer en la conciencia de servicio, adquirir un conocimiento más
profundo de los salmos y profundizar su espiritualidad, básicamente
consta de tres áreas: formación cristiana, formación
litúrgica y formación técnica. (2)
El dominio
propio y la seguridad ante la asamblea irán creciendo en la medida
que ejerza su ministerio y, como es obvio, la formación determinará
el grado de excelencia con que lo desempeñe. Ahora veamos en
qué consiste dicha formación:
a) Formación cristiana.
Por ello
entendemos que se está bien integrado a una comunidad o grupo
eclesial, movimiento u otro organismo dentro de la Iglesia, en donde
se asegura que la persona que desempeña esta labor esté
recibiendo atención pastoral y siga creciendo en la fe. Este
aspecto de la preparación del salmista no solo es en función
al servicio que da en la Iglesia, sino que se preocupa de su persona.
No puede entenderse que el salmista viva ajeno a la comunidad de fieles
a la que sirve. Un criterio sano es que nadie que no esté realmente
comprometido con su comunidad eclesial (lo cuál se ve claramente
en el testimonio de vida) pueda desempeñar alguna labor de carácter
público.
En esta dimensión
formativa se incluye también, como ya se mencionó, la
vida de oración y la preparación bíblica. De estos
aspectos hablaremos más ampliamente en el siguiente capítulo.
Pero ahora he de decir que el salmista debe tener un conocimiento global
de la Sagrada Escritura y un conocimiento profundo del Salterio, que
será su libro de texto, de cabecera y de consulta. Todo lo que
hemos comentado en el primer capítulo deberá conocerlo
ampliamente.
b) Formación litúrgica.
Esta consiste
en el estudio de su función concreta dentro del la Liturgia de
la Palabra, el conocimiento de los libros litúrgicos (la composición
del leccionario), los diferentes tiempos litúrgicos, su sentido
y el espíritu con que han de vivirse, los criterios para la selección
del salmo responsorial, y en general todo lo concerniente a su ministerio.
Es por demás mencionar que, como la función del salmista
se realiza de manera concreta en la celebración eucarística,
deberá conocer y entender el significado de cada una de las partes
y de los ritos que esta contiene, pero para no darlo por supuesto, mejor
lo recordamos.
c) Formación técnica.
En este
punto nos referimos tanto al aspecto musical como ceremonial.
La preparación
musical es indispensable para que el salmista desempeñe eficazmente
su cometido en la celebración. Hablamos aquí de cosas
como la correcta impostación de la voz, la entonación,
la clara dicción, y el entrenamiento en el canto en general.
En cuanto
a la formación de tipo ceremonial ha de orientarse al conocimiento
de las formas de la celebración, la actitud corporal ante la
asamblea, etc...
Por supuesto
que deberá crecer en el sentido global de la función que
realiza: en este caso sería la conjunción armónica
de todos los aspectos mencionados hasta aquí.
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(1) Cf. I.G.M.R. 67; O.L.M.
Prenotandos 22 y 56.
(2) Cf. M.S. 24.