6. EL SALMO RESPONSORIAL

 
 

La forma responsorial es una de las aportaciones de la música hebrea, que hoy en día es tan común entre nosotros, incluso en la música profana y comercial.

El responsorio es la parte que conocemos como estribillo –o equivocadamente como coro–, es decir, la parte de un canto que se repite entre cada estrofa del mismo.

El salmo surgió como un rito musical autónomo ya desde los tiempos de las sinagogas judías, precisamente por ser diferente a los demás textos de la Sagrada Escritura, en el sentido de que exige una lectura melódica especial.

El salmo es una pieza lírica y poético–musical que se desarrolló con una estructura muy simple formada de dos elementos: el tono salmódico, para cantilar el salmo, y la respuesta cantada.

Esta forma se usaba ya desde antes de Cristo, en la salmodia sinagogal, y parece ser que hasta el siglo IV fue la más generalizada también entre los cristianos. El motivo es muy sencillo: “el pueblo no tiene libros donde leer los salmos”.

San Juan Crisóstomo, que deseaba la participación activa de los fieles, decía que: “como el pueblo no conoce el salmo entero, se ha establecido que él cante un versículo adaptado que contenga una verdad sublime”.

El salmo responsorial fue uno de los ritos que más nutrieron la espiritualidad cristiana; sin embargo, con el paso del tiempo y la influencia de otro estilo de canto proveniente de Siria y Asia Menor, se fue perdiendo, hasta desaparecer por completo.

El Concilio Vaticano II ha hecho posible su recuperación, según su propósito de restablecer de acuerdo con la primitiva norma de los santos padres, algunas cosas que habían desaparecido a causa del tiempo.

Sin embargo, aún siendo el salmo responsorial uno de los ritos restablecidos por la reforma litúrgica, esto es todavía algo lejano a ser una realidad plena en los distintos grupos eclesiales, acaso por la escasa valoración del mismo.


Próximamente:

7. Cómo apareció el Salmo responsorial.