TE PIDO, SEÑOR...

 
 

Te pido, mi Dios, con fervor, te pido de corazón
Por los que se ven humillados,
Por todos los desaparecidos, por los oprimidos
Que no pueden defenderse.

Los incomprendidos, los que lloran sin esperanza,
Los ignorados, los burlados,
Los dementes, los pequeños,
Los que ahora corren en busca de un médico.

Por todos los que, con hondas preocupaciones,
Llegan tarde a casa,
Por todos los que se ven groseramente rechazados,
Por todos los despreciados.

Por todos los disminuidos físicos y síquicos,
Los heridos, los desorientados, los débiles,
Los que no pueden dormir,
Los que temen ante la muerte.

Los que esperan en la farmacia,
Y los que no tienen para los medicamentos.
Por todos los enfermos terminales
y los que no reciben ninguna atención
Por falta de dinero... y de Amor.

Por los enfermos que desesperan ante el sufrimiento
y no le dan el valor Redentor
por no saber unirlo al tuyo en la cruz...

Por los que no encuentran trabajo
Por sus enfermedades, sus limitaciones.

Por todos los que en un tiempo
pudieron ser parte activa de la sociedad,
y ahora sufren al ver su impotencia
por no poder ocuparse de ellos mismos
Y se agobian por depender de los demás.

Por los que alguna vez dieron todo
y ahora no reciben mas que regaños,
Olvido y abandono
Por su ancianidad o enfermedad.
Que descubriéndote a ti
Jesús Abandonado y Olvidado,
Encuentren sentido a su vida.

Por que cada vez que nosotros tengamos presente a uno de estos hermanos, aumente en nosotros el Amor
Al descubrirte a Ti Cristo sufriente.
Y teniendo tus mismos sentimientos y actitudes,
Sea cada uno, un remanso de paz para ellos.

El ángel que a ti te consoló en Getsemaní,
cuando en tu noche negra sudabas gruesas gotas de sangre...
y así vivamos tu Palabra:
“Aprended de mí, que soy paciente y de corazón humilde... y así encontrarán descanso”
San Mt 11, 29

La única vez que dijiste aprendan de mí... y que como tú:
“Pasemos haciendo el bien”