UNA SONRISA PARA UN ANCIANO

 

 

Bienaventurados los que comprenden
mi extraño paso al caminar y mis manos torpes.

Bienaventurados los que saben que mis oídos
tienen que esforzarse para comprender lo que oyen.

Bienaventurados los que comprenden
que aunque mis ojos brillan, mi mente es lenta.

Bienaventurados los que con una dulce sonrisa
me estimulan a intentar una vez más.

Bienaventurados los que nunca me recuerdan
que he hecho dos veces la misma pregunta.

Bienaventurados los que me escuchan,
pues yo también tengo algo qué decir.

Bienaventurados los que saben
lo que siente mi corazón,
aunque no pueda expresarlo.

Bienaventurados los que me respetan
y me aman como soy
y no como ellos quisieran que fuera.

Bienaventurados los que me ayudan
en mi peregrinar
hacia la casa del Padre Celestial.