Pbro.
Salvador González Vázquez.
Nadie
ha optado por Dios, es Dios quien opta por nosotros, no cabe preguntar
porqué precisamente en mí o en ti es en quien Él
se ha fijado; mi humanidad está cargada de debilidad y no encuentro
en mí las capacidades para dar a conocer y ofrecer a Cristo.
Me pregunto si podría yo ser otro Jesús a sabiendas de
mi pasado, con la conciencia de mi flaqueza, lo único que sé
es que "No hay santo sin pasado, ni pecado sin futuro", nadie
nace, se hace santo; sólo en el caminar con Él y a través
del golpe de la vida nos vamos forjando en este camino, y nadie puede
ser tan pecador, que ya no tenga otro futuro más que el de seguir
pecando.
Él
nos llamó no por nuestra miseria sino por su misericordia que
es lo que más cuenta, no se trata de demostrar al mundo la humanidad
perfecta sino al hombre débil pero sosteniendo y fortaleciendo
por la gracia de Dios, ya que en la debilidad es donde se muestra de
manera abundante la gracia de Cristo.
Estamos
vacíos pero Jesús quiere que estemos con Él. Vivir
la experiencia de Cristo es llenarnos de su misericordia, que es cuando
Él pone su corazón en nuestra miseria para llenarla de
su grandeza.
No
hemos recibido para abastecernos y quedarnos satisfechos, recibimos
para dar porque UN don tan grande no nos pertenece hay que transmitirlo,
Dios nos llama para dar, pero antes nos da lo que nos va a pedir, lo
dijo San agustín: "Pide lo que quieras, pero dame lo que
pides". Que nuestra vida sea UN continuo proceso de recibir y dar.
No
sólo entregar porque nos quedamos vacíos, no solo recibir
porque seríamos agua encharcada y no agua de río que siempre
se conserva limpia y transparente, por ser un constante correr y fluir.