NUNCA ES TARDE PARA...

 

 

Asaf Salatiel Sánchez Bautista.

Quizá alguna vez te ha pasado que un poco fastidiado de tu trabajo llegas a decir: "¿para qué me sirvió tanto estudio si terminé aquí de don nadie?".

En lo personal me ha tocado escuchar a muchas personas que en su trabajo ordinario se quejan de no haber estudiado y dicen "si hubiera estudiado cuando..." etc.

Permítanme contarles una anécdota que sucedió hace un tiempo indefinido.

Hubo una vez un niño que vivía en completa miseria; sus papás eran demasiado pobres y vivían en su casa (si es que así se puede llamar donde vivían) que estaba en la periferia de la ciudad.

Y aún a pesar de la pobreza en la que vivían, los padres se preocuparon porque su hijo fuera a la escuela a estudiar. El niño empezó a ir a la escuela porque sus padres lo mandaban, y estudiaba porque sus papás lo mandaban.

Con el pasar del tiempo el niño le agarró sabor al estudio y entonces iba a la escuela porque le gustaba y estudiaba porque le gustaba hacerlo; además iba descubriendo que entre mejores calificaciones tenía, más importancia adquiere ante sus compañeritos.

Con el tiempo y con el estudio, el niño se destacó por su extraordinaria inteligencia y en su escuela los maestros le habían tomado un magnífico cariño. Sin embargo, la inteligencia no le quitaba su extrema pobreza, él seguía asistiendo a la escuela con sus zapatitos rotos y sus ropitas aunque muy limpias también bastantes remendadas. Pero a él no le mermaba su deseo de seguir adelante y continuaba sus estudios con ahínco.

Con el pasar del tiempo este niño creció y sus estudios tuvieron que ser suspendidos para irse a trabajar y ayudar a sus padres. Sin embargo; sus amigos, los profesores, los libros, los compañeros, la sensibilidad a la miseria en que vivía y los buenos consejos hicieron de este niño una persona extraordinaria.

Una vez reunido el capital necesario para seguir estudiando, continuó sus estudios, y esta vez los profesores y compañeros se unieron para ofrecerle una beca con el fin de que siguiera adelante con sus estudios.

El muchacho en agradecimiento redobló sus estudios y continuó siendo de los más brillantes en sus clases dominando bastante bien las materias que se le ofrecían.

Llegó el momento en que tenía que ingresar a los estudios universitarios, y una vez inscrito en ella; la universidad le ofreció una beca muy buena.

El muchacho fue enviado a estudiar a Harbad; hizo dominio de varios idiomas modernos y se constituyó un ingeniero civil extraordinario. Sus esfuerzos le llevaron a sacar de la miseria a sus sacrificados padres, y su sencillez le llevó a ser uno de los grandes ingenieros admirado por compañeros y querido por los trabajadores a él subordinados.

Séneca dice que: "el mayor imperio es el imperio de uno mismo".

Si nosotros mismos nos proponemos hacer de nosotros alguien con importancia, necesitamos aprovechar el momento que se nos ofrece para hacerlo.

Así no tenemos que quejarnos después y seguir expresando: "de qué me sirvió tanto estudio...etc. etc." ¿verdaderamente estudiaste cuando te tocaba hacerlo? O ¿solamente pasaste por la escuela porque te mandaban?

A la expresión de: "chin... si hubiera estudiado cuando...etc. etc." El hubiera ya no existe, pero el presente que vives sí; además nunca es tarde para emprender un proyecto y menos cuando te es necesario.

Si necesitas estudiar hazlo, no importa qué tan viejo seas. "Porque estudiar no es
un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas".

"Estudiar es sobre todo pensar la práctica y pensar la práctica es la mejor manera de pensar correctamente". (Paul Freire)