Libertad religiosa y los medios de Comunicación Social
 

 


Conferencia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dentro del marco de celebración de los 10 años de las nuevas relaciones entre la Iglesia y el Estado mexicano.

 

INTRODUCCION:

La visión que tengamos de la persona humana, será fundamental para poder hablar de ella como sujeto de su existencia, de sus posibilidades de desarrollo.

Si bien es cierto que la historia va descubriendo lo que es el hombre, tanto en el diálogo de las ciencias como en la vida cotidiana de cada individuo (son dos elementos que no pueden desligarse nunca), es necesario, en momentos concretos, tener elementos básicos que lo definan.

Nosotros como nación hemos avanzado por situaciones no siempre fáciles en la concepción de la persona. Desde antes de la presencia de los europeos, en el encuentro de las culturas y en la posterior etapa del mestizaje y el sincretismo, siempre encontraremos al hombre de nuestra nación, nos veremos reflejados en rasgos de nuestros antepasados nativos, europeos y mestizos. Tenemos raíces profundas de existencia.

Es importante tener en cuenta que, además del diálogo entre las ciencias, aparecen los intereses de grupos que optan más que por un proceso científico, por conceptos o principios que, tomados más o menos radicalmente, llevan a la acción. Siempre debe existir la tensión entre detenernos en aspectos parciales propios de un grupo o abrirnos a la aportación de la ciencia y encontrar la verdadera riqueza de la persona humana.

Una primera conclusión que podemos asumir es que ninguna ciencia, por sí sola, logra por completo ni siquiera describir la riqueza de la persona humana, menos definirla. De la misma manera, tampoco los principios ideológicos que rigen algunos movimientos o grupos pueden señalar el horizonte pleno del quehacer humano. Siempre serán parciales. Siempre será necesario el diálogo interdisciplinario, científico, ideológico.

Por otra parte, no podemos mantener una visión de la persona con una cosmovisión dicotómica en la que una parte de ésta pueda actuar sólo en un determinado ámbito de su vida y la otra en otros. Esto no se da en la realidad. La persona es una unidad pluridimensional. No puede dejar a un lado aspectos de su identidad mientras trabaja los otros. Ciertamente da en algunos momentos más atención a un aspecto que a otro, pero no se deshace de ninguno totalmente.

Con esta breve reflexión dejo el espacio para un ulterior diálogo sobre ideología y ciencia en la percepción de la persona. En el aspecto práctico simplemente señalo que un posible punto de llegada es la consignación de principios en forma de leyes que rigen un grupo humano, habiendo hecho el recorrido científico e ideológico.

ASPECTOS DE LA PERSONA HUMANA A TOMAR EN CUENTA

En nuestra Constitución existen algunos principios fundamentales que, de alguna manera, describen el concepto que tenemos de persona en México. Como “sujeto de derechos” no como ente abstracto, es una persona viva, libre, con capacidad de relación y para organizarse, con el espacio para decidir su vida en cuanto a la profesión, el matrimonio, la habitación.

Destaco en la persona dos necesidades íntimamente ligadas, la de desarrollo y la de una orientación fundamental de vida. Me refiero con éste último al sentido de trascendencia, llenado ordinariamente por la Religión. Volver a ligar la existencia con el Creador o con el Principio generador de la vida, según cada uno lo descubre.

En la medida en que existe un marco de referencia y un esquema de pensamiento que da sentido a la vida, el individuo opta por encausar su desarrollo en ese sentido. Esta experiencia religiosa es propia de todo ser humano aunque, a veces, al no encontrar un contenido convincente, lo llena con valores y opciones universales. Se da también que aparecen tendencias que por ser destructivas dañan al individuo.

Cada hombre y mujer, cualquiera que se su opción, tiene derecho a la libertad religiosa que abarca la libertad de conciencia, de creencia, de culto y de expresión y vida a partir de su opción, de modo que oriente sus decisiones, sus relaciones interpersonales, su trabajo y aún su descanso. Toda su existencia.

La persona humana además de ser plurivalente es social, interactiva diríamos. Todo ser humano tiene la necesidad de comunicarse con sus semejantes y, en esta perspectiva, tiene derecho a expresar su pensamiento. Pasar de la comunicación a la comunión. De la palabra y conocimiento superficial hasta la creación de relaciones profundas de amor, amistad, solidaridad.

Es normal que cuando una persona ha encontrado y asumido su opción religiosa, descubre el deseo y la exigencia de difundir este hallazgo para su vida y la de los demás, especialmente a los seres que dependen de él o con quienes siente, por la convicción religiosa, la necesidad de compartirlos.

Se encuentran, pues, dos derechos fundamentales de la persona que han de integrarse y no contradecirse: el derecho a la libertad religiosa y el derecho a la libre expresión de su pensamiento.

En la Declaración de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948 leemos:

ARTICULO 18. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

ARTICULO 19. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Anterior al Estado, existe en la persona humana el derecho a la libertad religiosa, derecho que le permite tener una orientación fundamental de su existencia, implicando sus relaciones interpersonales, su estructura cultural, su esquema de valores y de conducta. De la misma manera existe el derecho a comunicarse, a expresar sus ideas, a crear lazos de relación interpersonal más o menos profunda, más o menos solidaria.

Los medios de comunicación son un instrumento que prolonga las capacidades y habilidades de la persona. Han evolucionado éstos de tal manera que “lo que saben y piensan los hombres y mujeres de nuestro tiempo está condicionado, en parte, por los medios de comunicación; la experiencia humana como tal ha llegado a ser una experiencia de los medios de comunicación” (EN 2). Aunque no son un fin en sí mismo ni un instrumento ajeno a la existencia humana, han cobrado tal fuerza que a veces se ven por encima del individuo o de las masas. Por eso, desde el principio, la Iglesia ha reconocido su importancia, su riqueza, al punto de darles el título de “don de Dios” como el Papa Juan Pablo II lo expresa en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del 31 de mayo de 1992:

“¿Qué se celebra en esta Jornada? Es un medio de agradecer un regalo específico de Dios, un regalo que tiene un gran significado en el período de la historia humana en el que estamos viviendo: el regalo de todos los recursos técnicos que facilitan, intensifican y enriquecen la comunicación entre los hombres. 

En esta Jornada celebramos los dones divinos de la palabra, el oído y la vista que nos permiten salir de nuestro aislamiento y de nuestra soledad para intercambiar, con los que están a nuestro alrededor, las opiniones y sentimientos que albergan nuestros corazones. Celebramos los dones de la escritura y la lectura, por medio de los cuales nos enriquecemos con la sabiduría de nuestros antepasados y transmitimos nuestra propia experiencia y nuestras reflexiones a las generaciones venideras. A estos dones tan valiosos se añaden otras «maravillas» aún más admirables: «los maravillosos inventos de la técnica que... ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas» (IM 1), inventos que en nuestro tiempo han aumentado y extendido inmensamente el alcance de nuestras comunicaciones y ha ampliado tanto el volumen de nuestra voz que ésta puede llegar simultáneamente a los oídos de incalculables multitudes”. 

En la perspectiva de la libertad que deben suscitar los medios en la reacción de los perceptores de los mensajes, el Papa decía en el mismo Mensaje:

“Cristo no obligó a nadie a aceptar sus enseñanzas. Las presentaba a todos sin excepción, dejando que cada uno fuese libre de responder a su invitación. Este es el modelo que sus discípulos debemos seguir. Los cristianos afirmamos que todo hombre y toda mujer tienen derecho a escuchar el mensaje de salvación que Cristo nos ha dejado, y afirmamos que tienen derecho a seguirlo si les convence. Lejos de sentirnos obligados a pedir excusas por poner el mensaje de Cristo a disposición de todos, estamos convencidos de que tenemos derecho y obligación de hacerlo.

Existen también un derecho y una obligación de usar con ese fin todos los nuevos medios de comunicación, que caracterizan a nuestro tiempo. Realmente «la Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más» (Evangelii nuntiandi, 45)”.

Es decir, se trata de la libertad para usarlos y de la responsabilidad de usarlos para la libertad. Esta es una decisión de conciencia ante los derechos humanos mismos que prohíben todo tipo de coacción de la persona.


EDUCACION Y MEDIOS DE COMUNICACION

Reconocemos, también, que los medios de comunicación social son medios que transmiten esquemas de vida y de valores. En este sentido son instrumentos de educación. Tomando en cuenta que las relaciones interpersonales se desarrollan también en un principio de interacción educativa, que nos vamos educando de manera consciente y ordenada o de manera inconsciente por el hecho de nuestra interacción.

La educación no viene sólo de “arriba hacia abajo”, va también de “abajo hacia arriba”; es decir, la educación es horizontal. El niño no es sólo educado por la madre, la madre es educada por el hijo y, a veces, una madre novata se encuentra desbordada por el hijo en el plano educativo. El hijo puede tomarle medida a la madre a veces.

Ciertamente que el educador, padre de familia, maestro etc., debe ir uno o muchos pasos adelante para ofrecer precisamente elementos de orientación y crecimiento para el educando. Este hecho de la educación, como recordamos, está también reconocido como uno de los Derechos Humanos Universales:

ARTICULO 26. 1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

26. 2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y de fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

26.3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos y como uno de los Derechos Universales del Niño:

Artículo 5º. El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular.

Artículo 7º. El niño tiene derecho a recibir educación que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social y llegar a ser un miembro útil de la sociedad.

El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres.

El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deben estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

En la Carta de los Obispos del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos, de 2000, decíamos:

383. Los medios de comunicación cada vez poseen más relevancia social en la formación de criterios de juicio, costumbres y estilos de vida. Por ello son creadores de cultura. Son “el primer areópago del tiempo moderno”[1][1], que unifica y transforma a la humanidad. Deben también colaborar en la educación para la democracia, y su responsabilidad es proporcional a la influencia que poseen.

Recientemente, en un mensaje dirigido el 18 de abril al presidente de la Unión Católica de la Prensa Italiana, Emilio Rossi, que ha promovido un encuentro titulado "Jóvenes y medios de comunicación", Juan Pablo II escribe:

"Son necesarios programas que promuevan el crecimiento de la persona, el sentido del bien, la capacidad de afrontar correctamente, sin traumas y distorsiones, también los aspectos más difíciles de la existencia. Sobre todo, es necesario transmitir a través de los medios de comunicación, valores y modelos que pongan de relieve las verdades fundamentales sobre el ser humano y sobre los grandes interrogantes que plantea. Entre éstas, hay que señalar de modo especial las verdades religiosas, que respondan adecuadamente a las demandas más profundas, que acompañan el crecimiento y el desarrollo de la persona".

El Santo Padre añade: "uno de los principales paradigmas de civilización y de progreso es prestar atención a los jóvenes en el campo de los medios de comunicación; se trata de una tarea apasionante a la que deben contribuir todos según su propio papel y sus propias competencias". Y el Papa concluye dirigiendo un llamamiento a los gobernantes y a las instituciones a hacer lo posible para que "el respeto de los derechos de los menores sea considerado como un criterio primario e imprescindible en la valoración de la labor de los medios. Invito a los padres educar con atención tanto en casa como en forma asociada, en la sociedad. A los agentes de la comunicación, y en particular, a los editores y a los productores les pido que inviertan en proyectos apropiados para los menores, teniendo en cuenta las exigencias de los jóvenes".

CONCLUSION

Nosotros, como nación, estamos caminando en el doloroso, difícil, complicado proceso de democratización. A lo largo de la historia, no por una simple moda en relación con otros países, sino porque tenemos la riqueza de nuestra cultura y de nuestras culturas, hemos ido descubriendo la riqueza y dignidad de la persona humana y hemos llegado a conclusiones de vida nacional que promueven una democracia de fondo.

Los obispos nos hemos pronunciado en nuestra Carta Pastoral “Del Encuentro Con Jesucristo a la Solidaridad con todos” diciendo:

67. Se trata de un profundo anhelo de millones de mexicanos deseosos de crecer al interior de una cultura de la vida que fortalezca instituciones democráticas y participativas, fundadas en el reconocimiento de los derechos humanos y en los valores culturales y trascendentes de nuestro pueblo. Cultura e instituciones construidas con la participación solidaria de todos, que sean salvaguardadas por las organizaciones representativas y subsidiarias llamadas a crear las condiciones reales que permitan una vida digna para todos. Esto supone una educación integral basada en el respeto a la persona humana y a la cultura, que incremente la responsabilidad y participación ciudadanas.

Esto supone enfrentar muchos cambios. Dolorosos algunos; otros más sencillos, pero siempre serios. Está en juego la existencia digna de cada persona humana y de toda nuestra nación. No podemos perder de vista ambas realidades. No podemos detenernos sólo a las propuestas de un grupo y hacer a un lado a los demás. No podemos pensar en la nación sin ver a cada individuo, sobre todo a los más débiles: los pobres, los niños, los ancianos.

Dada la importancia que tienen los medios de comunicación social en la evolución de nuestra cultura hacia formas más avanzadas y sólidas, es necesario que reflexionemos seriamente en su conocimiento, su uso y su instrumentación especialmente en el campo educativo. Y que, desde una participación democrática, promovamos todos, desde nuestra responsabilidad personal y social, su uso adecuado.

Por principio, la religión es una dimensión de la persona que debe orientar a ésta hacia el bien, la paz, la solidaridad, la justicia, el desarrollo integral de la persona y de la comunidad. Todo movimiento humano solidario tiene la orientación educativa de ofrecer caminos de libertad y de desarrollo individual y comunitario. Así cada religión, en principio, está llamada, por su naturaleza misma, a educar para el bien común.
Considero que todos los representantes y dirigentes de las diversas iglesias debiéramos hacer frente común en esta línea. Y, respecto a los medios de comunicación, pedir o exigir el derecho que tenemos a su uso. Asumir la responsabilidad que tenemos de orientar, a los padres de familia y a los educadores en general, para el uso crítico de estos medios, especialmente a los niños, a los adolescentes y a los jóvenes.

Miramos con esperanza estos primeros diez años de vigencia de la Ley de Asociaciones Religiosas y de Culto Público. Recordando algunos puntos de nuestro Mensaje a Diez Años de las Reformas Constitucionales del pasado 12 de abril de 2002, quiero decir que al invocar los Derechos Humanos no podemos hacer a un lado el derecho a la libertad religiosa (7). Que la dignidad de a persona es el origen de este derecho y de ninguna manera es concesión del Estado (8); que la verdadera libertad es el signo más eminente de la imagen divina (10).

Por otra parte hemos de reconocer que “un decenio es un tiempo relativamente corto para lograr un cambio de mentalidad y una nueva cultura en nuestro tiempo, acostumbrado a la simulación y habituado a un cierto desprecio tácito de las leyes” (16).
Debemos mantener la separación entre Iglesia y Estado, pero darle el verdadero sentido al apelativo Laico respecto al estado, trascendiendo el sentido de rechazo, desprecio o descalificación de cualquier credo (17).

“Al promover el derecho a una mayor libertad religiosa,, lo hacemos para todos los mexicanos, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes, pues se trata de un derecho natural de la persona. De ninguna manera pretendemos que se imponga la religión católica a todos” (19)

“Hemos de aprender a vivir en la pluralidad religiosa, que respete a quienes optan por una creencia diferente, a promover la unidad que Jesús quiere para sus discípulos, y a trabajar juntos por los derechos fundamentales de todos, en particular de los pobres. Consideramos que conviene unir nuestros esfuerzos con los líderes de otras denominaciones religiosas para lograr un mayor avance en el reconocimiento pleno de este derecho fundamental a la libertad religiosa” (20).

Con respecto a nuestro tema, culmino con una cita del documento “Ética en Internet”, que engloba diversos argumentos:

“3. Como sucede con otros medios de comunicación, la persona y la comunidad de personas son el centro de la valoración ética de Internet. Con respecto al mensaje comunicado, al proceso de comunicación y a las cuestiones estructurales y sistemáticas de la comunicación, «el principio ético fundamental es el siguiente: la persona humana y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la comunicación debería realizarse de persona a persona, con vistas al desarrollo integral de las mismas».4

El bien común —«el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección»5— proporciona un segundo principio básico para la valoración ética de las comunicaciones sociales. Se ha de comprender en su totalidad, como un conjunto de las metas plausibles, por las que los miembros de una comunidad se comprometen juntos, y para cuya realización y sostén la comunidad existe. El bien de las personas depende del bien común de sus comunidades.

La virtud que dispone a la gente a proteger y promover el bien común es la solidaridad. No se trata de un sentimiento «superficial por los males de tantas personas», sino de «una determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos».6 Especialmente hoy, la solidaridad tiene una clara y fuerte dimensión internacional; es correcto hablar del bien común internacional, y es obligatorio trabajar por él”.

+ Guillermo Ortiz Mondragón