MONTERREY,
03 Apr. 03 (ACI).- El Prefecto de la Congregación para el Clero,
Cardenal Darío Castrillón Hoyos, pidió hoy a los
católicos del continente evangelizar Internet con “fidelidad
e integridad”, conociendo la red, su lenguaje y tecnología.
“Hay
que llegar al hombre y la mujer que viven en y de Internet proponiéndoles
desde la verdadera salvación, la única salvación
de Cristo”, sostuvo el Purpurado al participar en el Congreso
Iglesia e Informática que se celebra en Monterrey, México,
con la ponencia El Fenómeno Religioso: La Evangelización
en la Era Digital”.
Ante
cientos de participantes de toda América, el Card. Castrillón
recordó que “Internet es un reflejo de la sociedad y la
cultura actual” y “si la Iglesia quiere evangelizar esta
nueva civilización con la que se encuentra, debe presentarse
sin complejos en los ámbitos donde esta civilización se
forma e informa”.
Dioses
a la carta
El
Purpurado advirtió que Internet refleja un secularismo muy particular.
“Internet está plagado de reclamos religiosos. Pero hay
que avanzar con cautela. ¿Nos encontramos ante verdaderos sitios
religiosos o ante creaciones consumísticas hechas a la medida
del hombre de hoy? ¿Estamos ante nuevas formas de secularismo?
¿Cómo se presentan las religiones en la web?”, cuestionó.
Según
el Purpurado, “la secularidad se presenta no ya como ausencia
de elementos sagrados, sino como ofrecimiento, casi comercial, de religiones
sin sacro o con un concepto irreal del sacro, hecho a la medida del
ser humano”. Este nuevo secularismo “no consiste en eliminar
a Dios de la red, sino en presentar un nuevo dios hecho a la medida
del hombre y de sus necesidades”. “El secularismo de la
sociedad actual se presenta de modo silencioso, acomodaticio, tolerante,
menos colectivo y más individualista, oculto bajo nuevos credos
alternativos y fulgurantes, que se venden con más espectacularidad,
ofreciendo unos contenidos más fugaces, unas esperanzas más
de andar por casa y una salvación más terrena”,
agregó.
Asimismo,
precisó que “la Red ofrece un marcado relativismo heredado
de la cultura en la que se desarrolla. Nada es absoluto, ni siquiera
la verdad. Al entrar en la Red, el navegante encuentra múltiples
propuestas de felicidad que se le ofrecen con argumentos muy atractivos,
con múltiples promesas de una vida mejor, de superación
personal, pero sin referencia a la verdad de sus contenidos”.
“Poco
a poco, se llega a una divinización del individuo que acaba prescindiendo
de Dios, o mejor dicho, de un Dios objetivo”, advirtió
el Purpurado y añadió que “los nuevos dioses no
son de barro ni de oro, sino de bits, más cómodos de adorar,
menos molestos, y siempre listos a atender nuestros gustos”.
A
evangelizar
“Si
verdaderamente la Iglesia tiene conciencia de lo que el Señor
quiere que sea, surge de ella una singular plenitud y una necesidad
de efusión, con la clara advertencia de una misión que
la trasciende y de un anuncio que debe difundir. Es el deber de la Evangelización.
Es el mandato misionero”, señaló el Cardenal.
En
este sentido, precisó que “todo católico, desde
su testimonio personal, desde su vida, es también responsable
de esta misión de la Iglesia. También cuando se asoma
al cibermundo debe sentirse comprometido a dar lo que ha recibido, a
ir y enseñar a todas las gentes”. “Así, Internet,
se convierte para él en un areópago desde el cual proclamar
el nombre de Cristo”, aseguró el Purpurado.
En
fidelidad
El
Cardenal Castrillón recordó que al evangelizar Internet
“sólo el que es totalmente fiel a la doctrina de Cristo
puede ser eficazmente apóstol”. “Evangelizar es colmar
el corazón del ser humano que busca a Dios hasta encontrar en
Él su plenitud de vida y de felicidad”.
“La
Iglesia, sin miedo ni falsas humildades, también a través
de Internet, debe presentarse ante los nuevos modelos culturales como
la gran alternativa para el futuro del hombre y el punto de referencia
para una renovación fundamental de la sociedad”, indicó.
Sólo
la Iglesia “está en condiciones de responder a los enigmas
recónditos de la condición humana que, ayer como hoy,
conmueven íntimamente su corazón. Ni la ciencia, ni la
exaltación de los sentimientos, pueden dar solución a
los grandes interrogantes que envuelven la vida de los seres humanos”.
Esta
evangelización, agregó, debe recordar que “el cristianismo
es un encuentro vital y personal con Cristo, en la Iglesia y a través
de la Iglesia. Ser cristiano es ser discípulo de Cristo, nuestro
Maestro y único Salvador. Por eso, el primer paso de la Evangelización
es llevar al conocimiento de Cristo”.
“La
Iglesia tiene el deber de aprender los nuevos protocolos comunicativos
y los nuevos lenguajes telemáticos para poder continuar su diálogo
con la humanidad. Sólo así podrá establecer un
verdadero diálogo con el hombre de hoy en un medio como Internet
que es esencialmente interactivo”, indicó el Purpurado.
“Partimos
de una convicción y es que el Evangelio puede enriquecer profundamente
a esta nueva cultura. En este ambiente virtual de Internet se hace necesario
un anuncio del Evangelio más incisivo, testimonial, encarnado
–capaz de penetrar en las honduras de la mentalidad, de los valores
condivididos– para regenerar el ethos de la gente y contribuir
a la realización de un futuro más digno de la persona,
que sea mayormente respetuoso de lo humano”, concluyó.
Dignidad
e Internet
Previamente,
el Dr. Manuel Gómez Granados ofreció una conferencia sobre
“La cultura digital: Posibilidades, fracturas. Ética en
la comunicación”, en la que propuso que los católicos
“hagamos sinergias para poner en común los programas, la
metodología y de lo que hoy disponemos, para servicio de todos”.
El
experto explicó que para “poner en común lo que
ya se tiene y complementarnos unos con otros, es necesario estar concientes
que ya se tiene una infraestructura y es necesario que se ponga al servicio
del uso de la formación y de la capacitación de quienes
no tienen acceso a la tecnología”.
“Una
ética de los medios, evidentemente, debe estar centrada en la
dignidad de la persona humana y en el convencimiento de que cualquier
acción de la persona humana es una acción que corresponde
al ámbito de la ética y que por tanto tiene que responder
de sus actos, de sus hechos de lo que hace y de lo que deja de hacer”,
planteó.
