COOPERACION MISIONERA
Reflexiones sobre "Redemptoris Missio"

 

 


El capítulo VII de la encíclica Redemptoris Missio, que trata de la cooperación en la actividad misionera de la Iglesia, comienza afirmando "!Miembros de la Iglesia en virtud del bautismo, todos los cristianos son corresponsales de la actividad misionera. La participación de las comunidades y de cada fiel en este derecho-deber se llama "cooperación misionera! " (RM, 77). Para decirlo de otra manera, sólo la convicción profunda e íntima de este derecho y deber de participar en la actividad misionera constituye la base para una cooperación misionera efectiva.

La cooperación presupone el compromiso de todos y cada uno de los miembros para alcanzar el objetivo común. Todos los miembros están llamados a comprometerse según su capacidad propia para ayudar y cooperar en la actividad misionera de la Iglesia. En el ámbito de la cooperación misionera, donde la misión universal de la Iglesia en todo el mundo es compartida por las Iglesias particulares de antigua tradición, por las Iglesias jóvenes, e incluso por las recién implantadas, se produce una situación por lo cual la capacidad de las Iglesias particulares para cooperar depende, por lo general, de la edad de cada Iglesia. La preparación del personal misionero para responder a las necesidades de la Iglesia que crece requiere mucho tiempo. No obstante el dinamismo misionero de la Iglesia, el aumento de la madurez de la fe, que hace que una Iglesia particular sea capaz de extender su visión y actividad misionera hacia otros pueblos más allá de sus propias fronteras, depende más o menos de factores que, con frecuencia se hallan fuera de su control.

El desarrollo de la actividad misionera Ad gentes se ha ampliado siguiendo estas líneas: las Iglesias mas antiguas normalmente cuentan con personal suficiente para enviarlos a las nuevas tierras de misión. Estas Iglesias más antiguas, además de proporcionar personal misionero gozaban también de mayores recursos financieros, que eran necesarios para las nuevas comunidades cristianas compuestas, generalmente, por gente con recursos financieros muy limita dos. Así, muchos han sido condicionados al considerar a las Iglesias antiguas como Iglesias que dan, mientras las jóvenes son las que reciben. Las Iglesias que daban eran consideradas bienhechoras misioneras, y las que recibían eran las beneficiarías. De los bienhechores se esperaba que diesen más en lo referente a personal y ayudas financieras, mientras los beneficiarios, por su parte, ofrecían oraciones y sacrificios, pero no en favor de la actividad misionera sino en beneficio de los bienhechores. Desde luego, esta manera equivocada de entender la cooperación misionera no derivaba de una interpretación teología falsa, sino simplemente de una realidad histórica práctica de las Iglesias. Las Iglesias antiguas debían seguir dando más mientras las jóvenes tuvieran necesidad. Pensaban que no podían dejar de ayudarles en sus necesidades, y consideraban que, ante todo, debían ser fuertes para poder luego compartir con las Iglesias débiles.

COOPERACIÓN MISIONERA

Esa manera, no del todo correcta, de entender la cooperación misionera podría quedar, por fin, superada gracias al acento que la Redemptoris Missio ha puesto en las Iglesias particulares, explicando la razón de la naturaleza y vocación misionera de la Iglesia. La Redemptoris Missio insiste con fuerza y sin ambigüedades en que las Iglesias particulares, por más jóvenes que sean, son tan misioneras como la Iglesia universal por lo que deben ayudar y cooperar en la actividad misionera en todo el mundo. Su ayuda y su cooperación podrán ser recientes y limitadas, pero el hecho de ayudar y cooperar son parte esencial del hecho de ser Iglesia.

La Redemptoris Missio, refiriéndose a la responsabilidad misionera, coloca a las Iglesias particulares en el mismo nivel de la Iglesia universal. "La responsabilidad de este cometido recae sobre la Iglesia universal y sobre las Iglesias particulares, sobre el pueblo de Dios entero y sobre todas las fuerzas misioneras. Cada Iglesia, incluso la formada por neoconvertidos, es misionera por naturaleza, es evangelizada y evangelizadora" (RH, 49).

Este énfasis sobre la cooperación plena de las Iglesias particulares en el impulso misionero de la Iglesia universal es el hilo conductor de toda la encíclica, subrayando que es como un desarrollo y un crecimiento en nuestra comprensión de la naturaleza misionera de la Iglesia y de la cooperación misionera. Desde el principio de la encíclica, el Papa Juan Pablo II anuncia que una de las razones y finalidades de la misma es "dar nuevo impulso a la misión propiamente dicha, comprometiendo a las Iglesias particulares, especial mente las jóvenes, a mandar y recibir misioneros" (RM, 2) . Además, como argumento decisivo para sus conclusiones el Santo Padre profetiza: "Veo amanecer una nueva época misionera, que llegará a ser un día radiante y rica en frutos, si todos los cristianos y, en particular, los misioneros y las jóvenes Iglesias responden con generosidad y santidad a las solicitaciones y desafíos de nuestro tiempo" (RM, 92).

A la luz de esta presentación clara e inequívoca de las Iglesias particulares, jóvenes y antiguas, ricas o pobres de personal misionero o de recursos financieros, en la actividad y cooperación misionera de toda la Iglesia, la discusión acerca de la cooperación misionera debe ser comprendida como algo que se aplica tanto a la Iglesia universal como a las Iglesias particulares, tanto a las Iglesias antiguas como a las jóvenes. Todas ellas al mismo tiempo dan y toman, envían y reciben; en una palabra comparten. "De aquí procede esa comunión y cooperación de las Iglesias, que hoy es tan necesaria para proseguir la obra de la evangelización. En virtud de esta comunión, cada Iglesia siente la solicitud de todas las demás, se manifiestan mutuamente sus propias necesidades, se comunican entre si sus bienes, ya que la dilatación del Cuerpo de Cristo es deber de todo el colegio episcopal" (Ad gentes, 38; cf. Lumen gentium, 13,23,24; cf. Rm. 85).

A pesar de este dinamismo misionero que brota de la naturaleza misionera de la Iglesia, la capacidad real de las Iglesias particulares para colaborar en la cooperación misionera no debe estar condicionada por su pobreza o abundancia, sino por la convicción de que "la generosidad en el dar debe estar siempre iluminada e inspirada por la fe: entonces si que hay más alegría en dar que en recibir" (RM 81) y "es dando generosamente de lo nuestro como recibiremos" (RM.85).

NUEVAS FORMAS DE COOPERACIÓN MISIONERA

Los medios que se ofrecen a las personas que quieren comprometerse en la misión universal de la Iglesia son ilimitados. La fe que uno vive cada día, a nivel personal o como miembro de una comunidad cristiana, sus contactos con la Iglesia universal y las Iglesias particulares, y su preocupación por las misiones y los misioneros, alimentada por las publicaciones misioneras, ofrecerán a los cristianos comprometidos ilimitadas y continuas oportunidades de cooperar en esta misión de la Iglesia. En este sentido, la Redemptoris Missio afirma con razón que participar en la misión universal de la Iglesia "no se reduce a algunas actividades particulares, sino que es signo de la madurez de la fe y de una vida cristiana que produce frutos" (RM,77). En efecto, donde falta esta madurez de la fe, nadie se preocupa realmente por las necesidades de la Iglesia ni por evangelizar a aquellos que no tienen fe.

ORACIONES, SACRIFICIOS Y TESTIMONIO DE VIDA CRISTIANA

Lo que es verdaderamente esencial para la cooperación misionera son las oraciones, los sacrificios y el testimonio de vida cristiana, aun cuando -y se trata de una verdad fundamental, la continuación del trabajo salvífico, tanto en los individuos como en el mundo, es obra del Espíritu Santo, que se sirve de los hombres y de la Iglesia. "Sin duda esta obra es encomendada por Jesús a los hombres: a los Apóstoles y a la Iglesia. Sin embargo, en estos hombres y por medio de ellos, el Espíritu Santo sigue siendo el protagonista trascendente de la realización de esta obra en el espíritu del hombre y en la historia del mundo. El Espíritu Santo es en verdad el protagonista de toda la misión eclesial" (RM 21). Además, la encíclica recuerda que las dificultades que obstaculizan la actividad misionera parecen a veces insuperables y podrían producir desaliento, sí se tratara de una obra solamente humana (cf. RM , 35).

En nuestras investigaciones de los métodos de evangelización más eficaces, podríamos atribuir excesivo valor a los medios humanos de organización y subestimar lo que cuenta de verdad, es decir, la gracia de Dios. Para evitar ese peligro las declaraciones de la encíclica que siguen a continuación nos remiten con claridad a este principio fundamental y constituyen una advertencia a no eximirse de compartir con la máxima generosidad en ese compromiso tan fundamental y, al mismo tiempo, a estimular a los demás a hacer lo mismo: "La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misión de la Iglesia" (RM, 77). "La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia" y "la vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión" (RM, 90).

La Redemptoris Missio afirma que el trabajo de los misioneros debe ir acompañado por las oraciones y los sacrificios "para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz en medio de la gracia divina" (RM, 78). Personas de todas las edades, niños y ancianos, individuos y comunidades (especialmente las que se dedican a la vida contemplativa o las de los seminarios e instituciones católicas), siguiendo las intenciones misionales publicadas regularmente y que son muy útiles para animar este potencial de eficacia misionera, deben ser movilizadas, incluso a nivel parroquial.

La tradición que tienen algunos países de celebrar el domingo de Pentecostés como la "jornada del sufrimiento por las misiones" puede considerarse un modelo para instruir acerca del valor del sufrimiento en favor de la actividad misionera. En muchos países hay asociaciones de enfermos especialmente los que están obligados a guardar cama, los enfermos crónicos, los minusválidos y los inadaptados, que se animan recíprocamente para ofrecer penas cotidianas al Señor por el éxito de. la actividad misionera (cf. RM, 78).

LA PROMOCIÓN DE LAS VOCACIONES MISIONERAS

La encíclica reafirma vigorosamente la inmutable validez de las vocaciones misioneras. "La cooperación -dice- se manifiesta además en el promover las vocaciones misioneras" (RM, 79). Mientras reconoce la validez de las distintas formas de compromiso misionero, incluso provisional, la Redemptoris Missio dice que "al mismo tiempo, es necesario reafirmar la prioridad de la donación total y perpetua a la obra de las misiones, especialmente en los institutos y congregaciones misioneras" (RM, 79).

Con respecto a las vocaciones misioneras está teniendo lugar un cambio significativo. Las vocaciones misioneras, tanto sacerdotales como religiosas, son más abundantes en las Iglesias jóvenes, como contraste con la disminución de las vocaciones en las Iglesias que eran consideradas como la fuente del personal misionero para las misiones. En este nuevo contexto, tanto las Iglesias jóvenes como las antiguas, hemos de estar atentos para la bienvenida en un futuro no muy lejano a una nueva fase en la comunión y cooperación entre las Iglesias, y a la presencia y al ministerio de misioneros provenientes de Iglesias jóvenes. Parece que ya está alboreando sobre la Iglesia el tiempo en que los destinatarios se convierten en donantes y viceversa. Pero este momento de cooperación entre personal misionero no llega de forma totalmente inesperada. Los anunciadores y los obreros del Evangelio son para toda la Iglesia, Predican y administran donde hay necesidad. El dinamismo misionero y la caridad trascienden (odas las fronteras y las barreras de cualquier tipo. Así, de nuevo la Redemptoris Missio nos dice: "La misión de la Iglesia es más vasta que la "comunión entre las Iglesias" " (RM, 64).

COOPERACIÓN FINANCIERA

Coherente con el énfasis dado a la naturaleza misionera de la Iglesia, incluyendo, en particular, el de las Iglesias jóvenes, la Redemptoris Missio afirma que: "Respecto a las ayudas materiales es importante comprobar el espíritu con el que se dá. Para ello, es necesario revisar el propio estilo de vida: las misiones no piden solamente ayuda, sino compartir el anuncio y la caridad para con los pobres" (RM, 81). Dar para las misiones no es una opción; es un deber. En este compromiso común, ricos y pobres pueden compartir, en la medida en que han recibido del Señor. Esto puede aplicarse especialmente a las Iglesias particulares, a causa de la situación económica de pobreza, algunos pueden encontrar una excusa fácil para no considerar seriamente esta participación en la evangelización de todo el mundo, que no se puede realizar sin la cooperación de toda la iglesia.

La Redemptoris missio ofrece una reflexión especial para el Domingo mundial de las misiones cuando afirma que: "La Jornada misionera mundial, orientada a sensibilizar sobre el problema misionero, así como a recoger donativos, es una cita importante en la vida de la Iglesia, porque enseña cómo se ha de dar; en la celebración eucarística, esto es, como ofrenda a Dios, y para todas las misiones del mundo" (RM, 81).


ANIMACIÓN Y FORMACIÓN MISIONERA DEL PUEBLO DE DIOS

La Cooperación misionera es el resultado de la animación y formación espiritual. Una cooperación plena y entusiasta presupone una gran preocupación por las misiones. Por esto RedemptorÍs Missio insiste en el deber de la Iglesia local con respecto a la formación misionera, que debe ser considerada central, y no marginal a la vida cristiana (cf. RM, 83). Sacerdotes, religiosos, teólogos, catequistas y profesores en los seminarios y en las Instituciones católicas deben, todos a una, cooperar en esta tarea de la animación. La misionólogia debe convertirse en parte integrante de todos los centros de formación.

La Redemptoris Missio con gran prudencia y sabiduría secular dice claramente que deben eliminarse las dudas que puedan surgir en las relaciones entre la proclamación de la salvación en Cristo y la promoción humana, que es parte de la evangelización, "En efecto, no se puede dar una imagen reductiva de la actividad misionera, como sí fuera principalmente ayuda a los pobres, contribución a la liberación de los oprimidos, promoción del desarrollo, defensa de los derechos humanos. La Iglesia misionera está comprometida también en estos frentes, pero su cometido primario es otro: los pobres tienen hambre de Dios, y no sólo de pan y libertad; la actividad misionera ante todo ha de testimoniar y anunciar la salvación en Cristo, fundando las Iglesias locales que son luego instrumento de liberación en todos los sentidos" (RM, 83).

Esta preocupación por la animación misionera bien entendida debe convertirse en hambre y sed de hacer conocer al Señor, dada la amplitud del mundo no cristiano. Y, en fin, recordando que dando la fe a los demás es como se refuerza aquel que da la fe, la Redemptoris Missio declara que "iLa fe se fortalece dándola!" (RM, 2).

LA RESPONSABILIDAD DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS

La encíclica reafirma el importante papel de las cuatro Obras misionales pontificias en lo referente a la labor de animación y cooperación misionera. Las cuatro Obras pontificias, es decir, la Obra de Propagación de la Fe, la Obra de San Pedro Apóstol, la Obra de la Santa Infancia (o Infancia misionera) y la Unión Misional, han recibido el reconocimiento pontificio por su valioso trabajo en este campo. Las primeras tres han trabajado con abnegación y celo loables por la animación y la cooperación misionera durante más de un siglo, mientras la Unión misional pontificia celebra este año su 75° aniversario de fundación.

Las cuatro Obras pontificias están presentes prácticamente en todas las naciones y son la expresión de la colegialidad episcopal y de la comunión de la Iglesia universal con las Iglesias particulares y de estas ultimas entre sí.

Sujetas a la Santa Sede a través de la Congregación para la evangelización de los pueblos» las Obras desarrollan su ingente labor en varías naciones y diócesis, siempre en estrecha colaboración y coordinación con las Conferencias Episcopales y los Obispos diocesanos.

Las Obras pontificias, por su experiencia en este trabajo y por la general aceptación de que gozan por todas partes, están capacitadas para llevar, "al mundo católico el espíritu de universalidad y de servicio a la misión sin el cual no existe auténtica cooperación" (R M, 84 ).

NUEVAS FORMAS DE COOPERACIÓN MISIONERA

La encíclica toma en consideración un fenómeno actual, es decir el de la movilidad, que Ianza un desafío particular a la cooperación misionera. Nos referimos, por ejemplo, a los cristianos que van por motivo de turismo o de trabajo a las áreas misioneras o a países donde entran en contacto con muchas personas que no conocen a Cristo o lo juzgan según el comportamiento de los cristianos, muchas veces este es el único contacto que tienen con la fe cristiana y, por tanto, les ofrece a estos cristianos una ocasión para evangelizar, es decir, "ser siempre testigos de la fe y la caridad en Cristo" (RM, 82).

Una situación parecida surge cuando muchos no cristianos van a establecerse en diversas naciones por motivos de estudio o de trabajo, o incluso obligados por las condiciones políticas o económicas de los lugares de origen. Tal situación presenta una oportunidad para las comunidades cristianas locales de evangelizar directamente en el propio ambiente. Una evangelización directa y la caridad cristiana pueden desempeñar un papel significativo en estas situaciones. Este fenómeno representa un desafío que será cada vez más agudo en estos últimos anos del segundo milenio de la era cristiana; y probablemente el mismo desafío seguirá también en el tercero.

La encíclica pone de manifiesto que la cooperación misionera implica también a "los responsables de la política, de la economía, de la cultura, del periodismo, además de los expertos de los diversos organismos internacionales. En el mundo moderno es cada vez más difícil trazar líneas de demarcación geográfica y cultural; se da una creciente interdependencia entre los pueblos, lo cual es un estímulo para el testimonio cristiano y para la evangelización" (RM,82)

Este desafío puede tener una mayor urgencia en los países más desarrollados económicamente, pero incluso las Iglesias de los países económicamente más pobres deben tener presente este desafío por los múltiples efectos que derivan del compromiso misionero de los responsables y jefes en cada una de las áreas.

UNA NUEVA PRIMAVERA DEL EVANGELIO

La encíclica termina este capítulo sobre la cooperación misionera con una nota de optimismo, a pesar de algunos factores negativos y el gran numero de aquellos que aun no han escuchado el Evangelio de la salvación, "En efecto, tanto en el mundo no cristiano como en el de antigua tradición cristiana, existe un progresivo acercamiento de los pueblos a los ideales y a los valores evangélicos, que la Iglesia se esfuerza en favorecer" (RM, 86).

En efecto, un gran número de no cristianos aceptan en el propio corazón y en la propia mente las ideas u los valores evangélicos; los promueven y corren muchos riesgos por defenderlos. Pueden ser conocidos bajo otro nombre, pero en sustancia son cristianos. Es precisamente aquí donde las oraciones y los sacrificios pueden completar la proclamación y el testimonio cristiano bajo el impulso del Espíritu Santo, que es la verdadera fuente de la fe y del seguimiento de Cristo. Porque; "Lo que cuenta -aquí corno en todo sector de la vida cristiana- es la confianza que brota de la fe, o sea, de la certeza de que no somos nosotros los protagonistas de la misión, sino Jesucristo y su Espíritu. Nosotros únicamente somos colaboradores y, cuando hayamos hecho todo lo que hemos podido, debemos decir; "Siervos inútiles somos; hemos hecho lo que debíamos hacer" (Lc 17, 10), (RM, 36).

MTCM
Cardenal JOSÉ T. SÁNCHEZ
Prefecto de la Congregación para el clero