LOS PRIMEROS
AGENTES DE LA MISION.
Este capítulo,
haciéndose eco de las palabras del Apóstol de las gentes,
"¿Cómo creer sin predicación?, ¿Cómo
predicar sin haber recibido el mandato?", comienza con esta frase:
"No se da testimonio sin testigos, como no existe misión
sin misioneros" (RM, 61). Por ello, Cristo, para "continuar
su obra salvífica", fundo el Colegio de los apóstoles,
que son, al mismo tiempo, sus testigos y sus misioneros. El Papa usa
una expresión muy significativa para indicar esta realidad: los
Doce constituyen el "sujeto colegial" de la misión.
Y cita, luego, las primeras comunidades cristianas. Dos veces se detiene
en el ejemplo de la Iglesia de Antioquía (Hch 13), sacando cuatro
conclusiones:
1) La Iglesia
está allí para continuar la misión de Cristo.
2) "En sus orígenes, la misión es considerada como
un compromiso comunitario" (RM. 27).
3) La Iglesia de Antioquía es también "un típico
ejemplo de Iglesia local que, de evangelizada, pasa a ser evangelizadora"
(RM, 61).
4) Reconoce "en su seno a enviados especiales o misioneros consagrados
a los gentiles, como lo son Pablo y Bernabé" (RM, 61).
LA IGLESIA
MISIONERA POR NATURALEZA.
Cuanto se
hizo al comienzo de la misión universal, conserva aún
hoy todo su valor y toda su urgencia. La encíclica nos recuerda
continuamente que la Iglesia es misionera por su propia naturaleza,
cosa que ya había hecho Pablo VI, en la Evangelii Nuntiandi:
"Evangelizar es, en efecto, la gracia y la vocación propia
de la Iglesia, su identidad más profunda" (n.14).
UNA RESPONSABILIDAD
COLEGIAL
Por lo que
concierne al "deber comunitario" de la misión, una
de las mayores aportaciones del Concilio Vaticano II ha sido la revalorización
de la responsabilidad colegial de los obispos con respecto a la misión
universal de la Iglesia. -Veinticinco años después de
la publicación del decreto conciliar Ad gentes, la encíclica
Redemptoris Missio permanece fiel a su inspiración y lo sitúa
en el contexto actual. El Papa es muy consciente de su deber misionero.
Recorre los caminos del mundo para anunciar el Evangelio y confirmar
a sus hermanos en la fe, pero también para recordarles su responsabilidad
colegial en la misión universal (cf. RM, 63). Esta responsabilidad
se ejerce por medio del Sínodo y de las diferentes Conferencias
episcopales.
UN LLAMAMIENTO
A LAS IGLESIAS JÓVENES
El Santo
Padre insiste sobre todo en el deber misionero de las Iglesias Jóvenes.
Durante mucho tiempo se ha pensado y se ha realizado la misión
ad gentes por medio de la colaboración entre, la Santa Sede y
los institutos misioneros. El Vaticano II ha centrado la acción
misionera en las Iglesias lo cales y en su responsabilidad, aun poniendo
de relieve el deber misionero de las Iglesias de antigua cristiandad.
En el decreto conciliar sobre la actividad misionera, a las Iglesias
Jóvenes se les dedico un solo capítulo (Ad gentes, cap.
3); en la Redemptoris Missio, por el contrario, se han convertido en
el centro de la reflexión y resulta difícil elegir entre
las muchas citas que lo corroboran (33, 49, 62, 64, 66, 85, 91).
El cardenal
Tomko dijo durante la presentación de la encíclica: "Las
Iglesias jóvenes se están convirtiendo cada vez más
en protagonistas de la misión".
Siguiendo las huellas de la Iglesia de Antioquía, "que de
evangelizada pasa a ser evangelizadora" (RM, 61), también
las Iglesias jóvenes, consideradas durante mucho tiempo solo
como Iglesias de misión, deben transformarse en Iglesias misioneras.
EL PAPEL
DE LOS INSTITUIOS MISIONEROS
Del mismo
modo que la Iglesia de Antioquía, cumpliendo su deber misionero,
reconocía los carismas especiales y delegaba a Pablo y Bernabé,
el Papa insiste con mucha energía en el carácter específico
"de institutos que asuman como misión propia el deber de
la evangelización, que pertenece a toda la Iglesia" (RM,
65, citando Ad gentes, 23).
Las páginas
de Juan Pablo II sobre el papel insustituible del carisma misionero
resultan muy adecuadas para volver a infundir confianza y valentía
a los misioneros, que de otra manera podrían "no comprender
ya el sentido de su vocación, y no saber ya qué espera
precisamente hoy de ellos la Iglesia" (RM, 65).
Se trata,
pues, de una "vocación especial, que tiene como modelo la
de los Apóstoles: se manifiesta en el compromiso total al servicio
de la evangelización" (RM, 65). Por el modo como alimenta
una espiritualidad apostólica y pone en movimiento sus fuerzas
generosas, este texto debería citarse en su totalidad. A este
propósito, aun cuando reconoce varias formas de compromiso misionero,
el Papa reafirma la prioridad de "entregas radicales y totales
a la actividad misionera'.'.
Los institutos
misioneros, al servicio de las Iglesias locales según su propio
carisma, serán parte Integrante de esas Iglesias y "han
de obrar en comunión con ellas". Para apoyar su pensamiento,
el Papa cita la Mutuae Relationes, carta magna de la colaboración
entre obispos e institutos. Los obispos serán los primeros en
velar por la fidelidad de los institutos a su propio carisma misionero.
El Santo
Padre, refiriéndose a los institutos misioneros, manifiesta su
alegría no solo al comprobar "que acogen cada vez un numero
más elevado de candidatos que proceden de las Iglesias jóvenes
que han fundado", sino también al saludar e nacimiento de
nuevas familias misioneras en el ámbito de las mismas Iglesias
jóvenes.
EL CLERO MISIONERO Y LAS CONGREGACIONES RELIGIOSAS.
El Papa recuerda,
asimismo, el papel que desempeñan los sacerdotes diocesanos en
la misión universal. Recalca la permanente actualidad del llamamiento
lanzado por PÍO XII en la Fidei Donum y lo hace extensivo a todo
el presbiterio de las Iglesias jóvenes. Me parece muy importante
favorecer una ayuda recíproca entre las diócesis ricas
de vocaciones y las diócesis pobres, incluso dentro de un mismo
país. Respecto a este punto, se están llevando" a
cabo experiencias interesantes.
Y no se olvida
la vida consagrada. El Pontífice anima a todas las comunidades
religiosas, incluso a las contemplativas, a que tomen parte en el compromiso
misionero ad gentes.
LOS LAICOS
Y LA MISIÓN.
Citando ampliamente
la exhortación Christifideles Laici, Juan Pablo II pone de relieve
el papel esencial de los laicos en la misión de la Iglesia, tanto
más cuanto que es "un derecho y un deber" dar la propia
aportación el anuncio del Evangelio. Este mensaje se halla presente
ya en la segunda página de la encíclica; "Se está
afianzado una conciencia nueva: la misión atañe a todos
los cristianos, a todas las diócesis y parroquias a las instituciones
y asociaciones eclesiales" (RM, 2). Las "asociaciones eclesiales"
son consideradas como una novedad y merecen por ello una mención
especial.
Se dedica
una página especial a la obra magnífica de los catequistas,
que han desempeñado y desempeñan aún un papel insustituible
en la actividad evangelizadora de la Iglesia y en la edificación
de 1as Iglesias jóvenes. Y no hay que olvidar a las comunidades
eclesiales de base, tan importantes para la evangelización, y
que son citadas en el capítulo dedicado a "Los caminos de
la misión" (RM, 51).
LA CONGREGACIÓN
PARA LA EVANGELIZACION DE LOS PUEBLOS.
El panorama
de los responsables de la misión no sería completo, si
no consideráramos el dicasteno misionero, cuya labor es, por
decirlo así, un ministerio de unidad de todas las fuerzas misioneras
vivas. De hecho, tiene que coordinar y, al mismo tiempo, impulsar todas
las iniciativas misioneras. En el ámbito nacional, esta responsabilidad
compete a las Conferencias episcopales .
CONCLUSIÓN
Ponemos fin
a esta panorámica sobre los diversos agentes de la misión
mencionados en el capítulo VI de la encíclica Redemptoris
Missio, que no solo pasa revista a las fuerzas vivas de la misión,
sino que además define bien sus articulaciones "conforme
a una eclesiología de comunión" (RM, 75).
Con todo,
la lista que hemos hecho no es completa, pues falta el agente principal.
Este no figura en el capítulo VI, pero se le ha dedicado un capitulo
entero. Nos referimos al Espíritu Santo. La encíclica
Redemptoris Missio nos recuerda, en la admirable meditación del
capítulo III, que la misión es, ante todo, obra del Espíritu
de Dios: c! precede siempre al misionero en el corazón de quien
lo escucha.
ETIENNE
RENAUD
Superior general de los
Misioneros de África.
L'OSSERVATORE
ROMANO 3'de mayo de 1991.