PASCUA
Vigilia
Pascual
«Y
de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel
del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió
la piedra del sepulcro, y se sentó encima» (Mateo 28,1)
«Al mirar vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy
grande. Entraron en el sepulcro y vieron un joven sentado a la derecha,
vestido de blanco: «¿Buscáis a Jesús el Nazareno,
el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el
sitio donde le pusieron» (Marcos 16,1).
«Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron
el cuerpo del Señor Jesús» (Lucas 24,1).
Hemos leído
los tres textos de los evangelios que nos relatan el hecho del encuentro
de las mujeres con el sepulcro de Jesús vacío. Pero ellas
aún no creen en la resurrección. La certeza de la resurrección
de Jesús no se basa, pues, sobre el sepulcro vacío, sino
sobre un encuentro con Cristo vivo. Marcos nos relata que el joven vestido
de blanco, después de serenar a las mujeres para que no se asusten,
les dice que están buscando a Jesús donde no está.
A Dios hay que buscarle donde está: En los pobres, que somos
todos.
La fe descansa
sobre un encuentro con Cristo vivo, como el que tuvo Agustín,
cuando la voz del niño le invitó en el huerto: Tolle et
lege; a abrir el libro de la palabra de Dios y leerlo. Como el que tuvo
santa Teresa, ante la imagen de Cristo muy llagado. O el que ella misma
tuvo cuando, leyendo las Confesiones de san Agustín, le pareció
que aquella voz se le dio a ella. Hasta que el cristiano no tiene un
encuentro con Cristo vivo, seguirá viviendo en la mediocridad.
Que el Señor
nos dé su llamada en esta noche al recibirle en la eucaristía
resucitado.
