EL
QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO
XXXI
Domingo Ordinario
<<Ahora
os toca vosotros, sacerdotes: si no obedecéis y dais la gloria
a mi nombre, os enviaré mi maldición>> (Malaquías
1,14). La infidelidad de la clase sacerdotal obligará a Dios
a cambiarles su bendición , es decir, su situación de
privilegio, en, maldición. Esta amenaza al estado sacerdotal
de la vocación de cristianos, que en virtud del bautismo somos
también todos sacerdotes, profetas y reyes. A los sacerdotes
aquellos se les acusa de haber invalidado la ley, por haberse apartado
del camino del Señor. Nosotros cuando somos cristianos <<de
credo>>, pero no de práctica de caridad y justicia, desprestigiamos
nuestra fe y alejamos a los no creyentes. El Concilio señala
como una de las principales causas del ateísmo la incoherencia
de los creyentes. El Señor había hecho una alianza con
la tribu de Leví, con fines de paz, para asegurar la bendición
sobre sus hijos, pero estos descendientes de Leví no han sido
fieles a la alianza. En tiempo de Malaquías lis sacerdotes llevaban
una conducta egoísta, y su escándalo alejaba a otros de
la ley. Por eso el Señor, se desentiende de su alianza y los
hace despreciables y viles ante el pueblo. Olvidaban que Dios es Padre
de todos y que los hijos de un mismo Padre son hermanos, <<mi
Dios es el Dios de mis hermanos>> (San Agustín), y despreciaban
y ofendían a sus hermanos. Y ambicionaban y se atribuían
la gloria de Dios reclama para sí (Is 42,8).
El
Salmo hace eco de protesta: <<Mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros; no pretendo grandeza que superan mi capacidad>>
(Salmo 130). Muchos quieren ser ministros, aunque no tengan capacidad
para desempeñar el cargo que ambicionan.
Jesús
se encuentra un ambiente semejante al que condena Malaquías (Mateo
23,1) Pocas personas han sido tratadas por él con tanta dureza
como los escribas y fariseos. Eran dos estamentos sociales distintos.
Los escribas, teólogos, letrados, especialistas en la ley, tenían
una larga preparación, oficialmente reconocida. Hombres de gran
influencia en la sociedad. Eran los educadores del pueblo, y los jueces
que dictaban sentencias, pero con el mal ejemplo de su vida destruían
lo que enseñaban. Aplicaban todo el peso de la ley a los demás
aunque ellos eran poco escrupulosos. Compaginaban su estudio con otra
profesión, de la que vivían. Jesús no niega su
autoridad, porque están sentados <<en la cátedra
de Moisés>, pero descalifica su vida.
Los
fariseos eran laicos piadosos, especialistas en la ley, que interpretaban
literalmente. Eran fundamentalistas, integristas e intransigentes en
su interpretación. Legalistas y obstinados. Tucioristas, diríamos
en términos de moral. Se consideraban intachables, puros, separados
de los demás. Influían en la sociedad tanto como los escribas.
Eran puritanos y exclusivistas. No cumplían la ley, pero aplicaban
todo su peso a los demás. Habían quitado a la ley toda
su humanidad y prescindían de las necesidades del prójimo.
Por eso Jesús les llamo hipócritas. Juzgaban a los demás,
pero no se juzgaban a sí mismos. Querían la perfección
para los demás, pero no se preocupaban de la suya. Y siempre
actuaban de cara ala galería, para que los vieran; buscaban ser
en todo y siempre los primeros; tenían ambición de figurar
y de ser respetados. Llenos de soberbia y vanidad, buscaban los homenajes.
Vosotros,
no seáis así: <<El primero entre vosotros que sea
vuestro servidor>>. Así lo ha sido Pablo, que no sólo
enseña y trata con delicadeza, como una madre cuida a sus hijos,
sino que entrega su propia persona, con esfuerzos y fatigas, trabajando
día y noche para no cargar a nadie (Tesalonicenses 2,7).
Parece
que teme en la Iglesia que está creando se desarrolle el, fariseísmo
y esto le mueve a dar los avisos necesarios a sus discípulos.
Él traía un espíritu nuevo. Comprobaba la decadencia
de los sacerdotes de la AL. y temía que sus seguidores cayeran
en los mismos pecados. Veía su gran magisterio reducido a la
mediocridad y a la palabrería y veía el riesgo de que
los guías del futuro se parecieran a los del pasado. Por eso
cambia el concepto de autoridad, de mando y de dominación, y
los sustituye por el servicio. Aunque tal vez temía que esta
palabra un día también fura utilizada por los ambiciosos
de llegar a mandar. Temía que sus sucesores fueran más
seguidores de los fariseos que de él. Pero hay que tener ideas
claras de lo que significa servicio. El médico sirve cuando estudia
para acertar el diagnóstico. Los apóstoles, no administrando,
ni barriendo, sino entregados al servicio del ministerio de la oración
y la Palabra.
A
partir del versículo 13 de este capítulo 23 de Mateo,
siguen los siete ¡ayes! Que culminan el feroz ataque de Jesús
a los escribas y fariseos, que utilizaban su doctrina como su propio
pedestal, y ni siquiera se la replanteaban ante las palabras de Jesús.
Y le hostigan hasta la muerte, con su esfuerzo pelagiano, que no cuenta
con la gracia. Tienen la hipocresía del falso celo por la santidad
de los demás y utilizan a Dios para enaltecerse ellos. Se aferran
a la ley, casuística estéril: <<Diezmáis
la mente, el anís y el comino, pero descuidáis lo más
importante: la justicia, misericordia y la lealtad. Coláis el
mosquito y os tragáis el camello>> (Mt 23,23).
El
espíritu farisaico no es virus histórico, sino psicológico
y nos hemos de vacunar de humildad para no ser víctimas de la
epidemia. Jesús nos enseña la entrega humilde a Dios,
la confesión de la propia importancia y quiere que el hombre
permita ser amado por Dios, elevando por él que desconfíe
de sí y confíe totalmente en él.
Ha
terminado Jesús: <<El que se enaltece, será humillado.
El que se humilla será enaltecido>>. ÉL se ha humillado,
no haciendo alarde de su categoría de Dios, hasta ser nuestra
comida, que nos garantiza la vida eterna, participación de la
misma vida suya que él comparte con el Padre y el Espíritu
Santo, deseando que entremos a formar parte de su misma familia trinitaria,
comunidad de amor.
Acojamos
<<la palabra de Dios, no como palabra de hombre, sino, cual es
en verdad, palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes>>.
