EL SEÑOR ESPERA NUESTRA
CONVERSIÓN
XXVI Domingo
Ordinario
Viene Jesús de Galilea. Viene
con sus discípulos en peregrinación a celebrar la Pascua
en la ciudad santa, Jerusalén. En Jericó cura a dos ciegos.
Entra en Jerusalén con aclamaciones y cantos de júbilo.
El domingo de ramos: «Jesús arroja del Templo a los que
compraban y vendían y derriba las mesas de los cambistas y los
asientos de los vendedores de palomas» (Mt 21,12). Oyendo los
«Hosannas» de los niños los príncipes de los
sacerdotes y los escribas están furibundos.
Les recuerda Jesús que: «De la boca de los niños
de pecho has hecho salir la alabanza» (Mt 21,16). Deja a las autoridades
y se va a Betania, donde pasa la noche. Al día siguiente por
la mañana, regresa a la ciudad, tiene hambre y busca higos en
la higuera, la maldice porque no tiene, y se seca la higuera. Fue un
signo profético sobre el judaísmo, y una realidad de la
esterilidad de nuestra Iglesia hoy. Llega al templo y los príncipes
de los sacerdotes y los ancianos del pueblo le piden cuentas: ¿Quién
te ha dado tal poder? ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Por
qué no seguisteis a Juan? (Mt 21,23ss). Viene la parábola
de hoy: El primer hombre que tuvo la idea de escribir, dibujó
y pintó árboles, pájaros, animales. Oriente nos
ha conservado sus antiguas escrituras ideográficas, con imágenes
que hechizan la imaginación de una humanidad menos cerebral.
La parábola está en la
línea de la cultura primigenia de la imagen. Los profetas hablaron
en parábolas. Jesús, heredero de los profetas, enseña
también en parábolas: «Un hombre tenía dos
hijos: Dice al mayor: Ve a trabajar en la viña. “No me
da la gana”, respondió». (Mateo 21,28). Hoy, esto
es corriente. Dice el Catecismo (CIC 2216): El respeto filial se expresa
en la docilidad y la obediencia verdaderas. «Guarda, hijo mío,
el mandato de tu padre y no desprecies la lección de tu madre...,
en tus pasos ellos serán tu guía; cuando te acuestes,
velarán por ti; conversarán contigo al despertar»
(Prov 6,20).
El padre calla. Transige. Hoy, también. Pero «el papel
de los padres en la educación tiene tanto peso que, cuando falta,
difícilmente puede suplirse» (GE 3), «El derecho
y el deber de la educación son para los padres primordiales e
inalienables (cf FC 36)».
Volvamos a la parábola: El hijo mayor: se arrepintió y
fue. «Dijo al pequeño: “Ve tú a la viña”.
Le contestó: “Voy”. Pero no fue». La alusión
a los sacerdotes, los cumplidores, los puros, los religiosos, era directa.
Jesús sabe que le van a matar. Está viviendo los últimos
días de su vida en Jerusalén. Habla con claridad y sin
miramientos: «Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera
en el reino de Dios, porque al oír a Juan se conviritieron»
(Mt 21,32ss). Les ha pisado todos los callos. Tenían demasiado
orgullo aquellos hombres para recibir esta andanada de Jesús.
La raza de los fariseos, escribas y
sacerdotes, no es sociológica, sino teológica. Por eso
no es cronológica ni racial, sino universal. Donde hay soberbia,
hay fariseísmo. El mensaje de hoy es que todos necesitamos convertirnos.
Que nadie puede tirar la primera piedra (Jn 8,7). Que no podemos mirar
con desprecio a nadie. Aquellos hombres no escucharon la palabra de
Jesús. El evangelio es para nosotros. ¿Lo escuchamos hoy
nosotros? Lo escuchamos con eficacia hacia dentro? ¿O tratamos
de aplicarlo mentalmente a los demás? «Si recapacitamos
y nos convertimos de los pecados cometidos, ciertamente que viviremos»
(Ezequiel 18,25).
«Señor no te acuerdes de
los pecados ni de las maldades de mi juventud» (Salmo 24).
Y el Señor nos enseñará
su camino, si somos así de humildes. Si nos mantenemos unánimes
y concordes con un mismo amor y un mismo sentir y consideramos siempre
superiores a los demás, si no obramos por envidia ni con jactancia
(Filipenses 2,1), si no deseamos ser los primeros en todo, sino cortésmente,
nos apretamos un poquito en la vida, para dejar un jequecito a los demás.
Jesús, que se hace el último
de todos y el servidor de todos para darnos vida en abundancia con su
muerte, nos dé la fuerza para convertirnos y seguirle por el
camino de la cruz a la resurrección. Amén.
