EL
CORAZÓN DEL REY ESTÁ EN LAS MANOS DE DIOS
XXIX
Domingo Ordinario
«Yo soy el Señor y no hay otro» (Isaías 45,1).
Dios habla a Ciro, rey de Persia, llamado a ser el instrumento humano
por el que se van a cumplir sus designios salvíficos sobre su
pueblo, Israel. Ciro va a ser, sin él saberlo, el que liberará
a Israel del yugo de Babilonia: «Le llevo de la mano». «Doblegaré
ante él las naciones, desceñiré las cinturas de
los reyes, es decir, los desarmaré. Dios quiere que Ciro lo reconozca
como autor principal de sus conquistas, pues Él le ha llamado
por su nombre, por amor de Israel, al que quiere repatriar. Vemos aquí
la providencia de Dios actuando: «El corazón del rey es
una acequia en manos de Dios: la dirige a donde quiere» (Prov
21,1). Dios no tuerce la libre determinación de Ciro y, sin embargo,
va dirigiendo sus pasos, sin que él tenga conciencia de que está
siendo instrumento de liberación en manos de Dios: «Aunque
tú no me conocías».
Deberíamos
tener una perspicacia más profunda para saber descubrir la acción
de Dios, incluso en los sucesos más insignificantes de la historia
de nuestras vidas y de la vida de los pueblos. «Hasta los cabellos
de vuestra cabeza están contados» (Mt 10,30). Ciro ignoraba
que sus conquistas las obraba el Señor, Dios desconocido para
él. Si Dios le protege es «para que todos reconozcan que
no hay más Dios que el Señor».
Los
fariseos y los herodianos le ponen una trampa a Jesús. El tributo
al César. Ved la relación del evangelio de (Mateo 22,15),
con Isaías: el César, emperador romano, y Ciro, rey de
Persia. Dice la Carta a los romanos: <<Sométase todo individuo
a las autoridades constituidas; no existe autoridad sin que la disponga
Dios y, por tanto, las actuales han sido establecidas por él>>.
En consecuencia, el insumiso a la autoridad se opone a la disposición
de Dios (Rom 13,1).<<Por mí reinan los reyes y los principales
dan leyes justas, por mí gobiernan los gobernantes>> (Prov
8,15).
Dice
la Gaudium et spes: <<La comunidad política y la autoridad
pública se funda en la naturaleza humana y, por los mismo, pertenecen
al orden previsto por Dios>> (GS 74). Jesús quiere que
se conceda a los gobernantes lo que les pertenece. ¿De quién
es la imagen del denario? Del César. << Dad al César
lo que es del César>>.
Pero
la verdadera cuestión era que los interlocutores de Jesús
querían escaparse de los deberes que tenían con Dios,
no aceptando a su Hijo, que se los estaba predicando. Y para zafarse
de la cuestión, echaban balones fuera, trasladando el problema
al terreno político, siempre tan vidriosos, para poder acusar
a Jesús de ser enemigo del César <<¡Hipócrita!>>.
Jesús les quita la careta. Pretenden manifestar que buscan a
Dios, cuando están rechazando a su enviado, al que no reconocen
porque les ciega la soberbia y la envidia. <<Dad al César
lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios>>.
Aceptad
la verdad, <<porque el Señor es grande, y muy digno de
alabanza, humillaos ante Él, decid a los pueblos: “el Señor
es rey, él gobierna a los pueblos rectamente”>> (Salmo
95).
Demos
nosotros gloria a Dios, cumplamos su voluntas, reconciliémonos
con Él, confesando nuestros pecados, participemos en la eucaristía
con generosidad, practiquemos el amor fraterno, y cumplamos nuestros
deberes como ciudadanos de esta tierra, aunque extranjeros (Heb 11,13),
sin acomodarnos a sus criterios, para no ser, como los fariseos, hipócritas
y malintencionados.
Que
<<la actividad de nuestra fe, el esfuerzo de nuestro amor, y el
aguante de nuestra esperanza>>, sean tan ardientes como los de
los fieles, recordados hoy por san Pablo (Tesalonicenses 1,1).
Y
que en la proclamación del evangelio entre nosotros, no haya
sólo palabras, sino fuerza del Espíritu Santo y convicción
profunda, para continuar ofreciendo la víctima sagrada y participando
de su vida y resurrección por la comunión.
