DIOS
QUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN
DOMINGO
MUNDIAL DE LAS MISIONES
<<El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro
sobre nosotros, conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu
salvación>> (Salmo 66,2).
Estamos
celebrando la eucaristía en el día que cada año
dedicamos a la misiones, ejercitando nuestro sacerdocio al orar por
las misiones, para que toda la tierra conozca los caminos del Señor,
todos los pueblos la salvación de Dios. <<Los hombres que
esperan a Cristo son todavía un número inmenso: los ámbitos
humanos y culturales, que aún no han recibido el anuncio evangélico,
o en la cuales la Iglesia está escasamente presente, son tan
vastos, que requieren la unidad de todas las fuerzas…Hemos de
fomentar en nosotros el afán apostólico para transmitir
a los demás la luz y gloria de la fe, y para este ideal debemos
educar a todo el pueblo de Dios>> (RM).
<<Dios
quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de
la verdad>> (Colecta). Para esto le pedimos que mire su inmensa
mies y le envíe operarios. Y que los que hemos recibido el don
de la fe, la sepamos agradecer trasmitiéndola y colaborando de
todas las maneras que podamos a difundirla, con la seguridad de que
así crece la nuestra.
Este
es el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a
la humanidad entera en el mundo actual, el cual está conociendo
grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades
últimas y de la misma existencia>>. Porque <<Cristo
redentor revela plenamente el hombre al mismo hombre>>, el mejor
servicio que podemos hacerle al hombre es ponerlo en contacto con Cristo,
para que su luz le recubra su grandeza.
Si
tu prójimo grita a mí yo lo escucharé, porque yo
soy compasivo>> (Éxodo 22,21). ¿Quién más
necesitado de nuestra caridad, que el hombre que no ha conocido aún
el amor de Cristo?
Todo
el que invoca el nombre del Señor se salvará Ahora bien:
¿Cómo van a invocarlo si no creen en él?, ¿cómo
van a creer si no oyen hablar de él? ¿y cómo van
a oír sin alguien que proclame? La fe nace del mensaje, y el
mensaje consiste en hablar de Cristo>> (Romanos 10,9). (De la
Misa para la evangelización de los pueblos).
El
pobre es el lugar cercano en donde se revela el Dios distante, y la
ocasión real en que el hombre y el pueblo tienen la oportunidad
de responder al mandamiento de la Alianza. La Presencia de los necesitados
de luz en todo el mundo, es una reclamación que se levanta hacía
Dios y que causa. El pueblo de Dios debe escuchar su grito, porque su
grito es la voz de Dios, que manifiesta el hambre y la sed de la verdad
del evangelio.
Desde
vuestra comunidad, la palabra de Dios ha resonado en todas partes; vuestra
fe en Dios ha corrido de boca en boca>> (Tesalonicenses 1,5).
Este es el testimonio que da Pablo del pueblo de Dios en Tesalónica.
Que debe poderse dar también en nosotros, cristianos del final
del siglo XX, cuando tantos pueblos yacen aún en la oscuridad,
Tantos hombres a quines les falta Cristo, luz de los pueblos, que tiene
tanta necesidad de Padre, para ser hermanos. Tantos pueblos que se odian,
se destrozan, víctimas del racismo, egoísmo, ambición,
que no se aman. Que no conocen aún el mandamiento del amor.
Los
escribas y maestros habían derivado de la ley 613 mandamientos.
Desde esta realidad se comprende bien que le preguntaron a Jesús
para ponerlo a prueba: <<¿Cuál es el mandamiento
principal?>> Contestó Jesús: <<Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma,
con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y el primero>>
(Dt 6,4).
La pregunta capciosa está constada. Se le ha preguntado por el
primer mandamiento y contesta también con: <<el segundo
es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo>> (Mateo 22, 34).
La
novedad de la doctrina de Jesús consiste en unir el Deuteronomio
6,4 y el Levítico 19, 18. Todos creemos que sabemos estos mandamientos,
que en realidad no son más que uno. Parece que ya nos suenan
a viejo y gastado. Pero si los meditamos profundamente iremos viendo
gradualmente que los conocemos muy poco de verdad. Creemos que amamos
a Dios porque rezamos o venimos a misa…Y después ¿cuenta
algo Dios en nuestra vida? ¿Sentimos necesidad de adorar a Dios,
de amarle, de agradecer todo lo que hemos recibido de Él? Y el
amor del prójimo: <<Señor, ¿Cuándo
te vimos?>> (Mt 25,31), es decir, no te vimos.
<<Como
a ti mismo>>. Tenemos obligación de amarnos a nosotros
mismos y ¡con qué ternura lo cumplimos! <<Amámonos
mucho>>, dice santa Teresa. Pues así – dice el Señor
– hemos de amar a nuestros hermanos. <<Lo que no quieras
para ti, no lo hagas a nadie>> (Tob 4,15).
<<Lo
que hiciste a uno de estos pequeñuelos a mí me lo hacéis>>
(Mt 25,34). Todos los hombres estamos destinados a ser copartícipes
de la bienaventuranza. Todos hemos sido redimidos por Cristo y hermanados
por él como miembros de su cuerpo místico. Por tanto cuando
pisamos el pie de un hermano, pisamos a Cristo. Quizá besamos
la cabeza de Cristo, mientras le estamos pisando los pies en algún
hermano. El que causa alegría a los hombres, alegra al Señor.
Quien lo entristece, entristece también al Señor. Una
madre goza y sufre más por lo que le hacen a su hijo, que por
lo que le hacen a ella. Lo que hacemos al prójimo lo hacemos
a Dios. Pero, <<si alguno dice: amo a Dios, pero aborrece a su
hermano, miente. Pues el que no ama a su hermano a quien ve, es posible
que ame a Dios, a quien no ve>> (1 Jn 4, 20). Dios se encuentra
en le hombre. Y esta no es una consideración piadosa, sino el
misterio que se proclamará el último día. Ese será
el juicio a la tarde de la vida: <<A la tarde nos examinarán
en el amor>> (san Juan de la Cruz).
Sigue
Jesús revelándonos el grado supremo del amor, el mandamiento
nuevo, sólo posible por la acción del Espíritu
Santo: <<El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
por el Espíritu Santo que se nos ha dado>> (Rom 5,5). Causa
vértigo. <<Este es mi mandamiento: que os améis
unos a otros como yo os he amado>> (Jn 15,12).
En
resumen: Nos amamos mucho, y hemos de amar a nuestros hermanos igual.
Pero tanto, luchar por desterrar la soberbia, la dureza, la susceptibilidad,
las murmuraciones, las injusticias, las antipatías, la amabilidad,
la dulzura, la mansedumbre, la generosidad. <<El amor es paciente,
es afable, no tiene envidia, no se jacta ni se engríe, no es
grosero ni busca lo suyo, no se irrita ni lleva cuentas del mal, no
simpatiza con la injusticia, sino con la verdad. Disculpa siempre, es
para siempre, se fía siempre, aguante siempre>> (1 Cor
13,4). Hemos de amar a nuestros hermanos como a Cristo. Jesús
nos ha amado hasta entregarse por nosotros y hemos de amar así
a nuestros hermanos: <<como yo os he amado>>.
¿Sabemos
hoy ver a Dios en el hermano, en los hermanos, en todos esos hombres
y mujeres que necesitan la luz del evangelio, en los misioneros que
con tanta abnegación llevan la fe a los pueblos? Ofrezcamos nuestra
oración y sacrificios por los misioneros. Que nuestros donativos
para las misiones sean tan copiosos como quisiéramos que lo hicieran
con nosotros.
Pidamos
de un modo especial hoy: ¡Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben! (Salmo 66). (De la Misa para la evangelización
de los pueblos).
La
Jornada del dómund es una cita importante en la vida de la Iglesia.
Aprendamos a dar lo que debemos y a darlo como debemos. Dar y darse,
como Cristo en la cruz y en la eucaristía.
