HEMOS
PECADO
Miercoles
de Ceniza
Lo esencial
de la cuaresma es que el pueblo cristiano, disponiéndose a escuchar
la Palabra, se convierta. Convertirse es volverse a Dios. Es dirigirse
a Alguien que llama, porque es compasivo. Para convertirse lo primero
es ir a Dios. Después desprenderse del egoísmo y optar
por una nueva concepción de la vida. Para acoger un mensaje hay
que elevar los ojos al mensajero. Una mirada de fe es la que puede salvar
al pecador. Conversión: Intensificación de nuestra relación
personal con Jesús. «Él se compadece de todos y
cierra los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan»
(Sabiduría 11, 24).
Mateo 6,1.
El que hace las buenas obras, comunicación de bienes, oración,
penitencia o abnegación por miras humanas, ya ha recibido su
recompensa. Quien las hace por Dios, recibirá la paga de Dios.
Corintios
5,20. «Dejaos reconciliar con Dios». Hacer del momento de
la confesión un encuentro con Dios Padre por el Espíritu
y la sangre de su Hijo, que obra en nosotros la salvación.
Salmo 50.
«Misericordia, Señor, hemos pecado. Tengo siempre presente
mi pecado. Crea en mí un corazón puro. Devuélveme
la alegría de tu salvación».
Baruc 3,2.
«Corrijamos lo que por ignorancia hemos cometido, no nos sorprenda
la muerte sin haber hecho penitencia».
Prefacio.
«Con el ayuno corporal refrenas nuestras pasiones, elevas nuestro
espíritu, nos das fuerza y recompensa».
Él
es nuestra paz.
