P. Jaime Humberto Henao
Franco
Una necesidad
es que PF se plantee una respuesta a este tema urgente y neurálgico.
Cuando hablamos de violencia piensa uno en la que encuentra en las
calles. Pero hay una violencia que está en el interior de la
familia.
Hoy
el ser humano está atravesando por grandes situaciones. No podemos
ignorar que la familia es una realidad humana, terrestre. Esa realidad
es tocada por las circunstancias de la cultura de ayer, hoy y mañana.
Podríamos preguntarnos qué tipo de cultura es la que estamos
viviendo, la que nos están importando y exportando qué
tipo de cultura matrimonial, de jóvenes tenemos que hablar de
matrimonio y familia.
El Papa
ha esbozado tres ejes temáticos: matrimonio, familia y vida.
Son las tres claves hermenéuticas de trabajo. No son tres temas
de trabajo o tres conceptos. Son tres ejes fundamentales para anunciar
la verdad el matrimonio, la familia y la vida. Van articuladas la una
con la otra. Es un solo anuncio en tres dimensiones muy especiales.
La pastoral familiar durante muchos años trabajó y apuntaló
la familia en sus realidades y problemáticas.
Pero
la cultura en la que se inserta la familia nos enseña que se
empobreció un anuncio: el del matrimonio. Dimos por sentado el
tema del matrimonio y resultó la primera realidad golpeada y
con ello se afectó la familia y la vida.
¿A
qué nos llama esto? A anunciar el evangelio del matrimonio, la
familia y la vida. Estas tres realidades o de ser dentro del plan de
Dios tiene tres aspectos que iremos desarrollando:
ANTROPOLOGIA
(Conociendo a la persona)
¿Qué tipo de hombre y de mujer es el que hoy va emergiendo
en esta cultura? La cultura mediática nos traslada al otro extremo
del mundo, una realidad virtual. La píldora por ejemplo fue para
un tipo de hombre de los 70, ya cumplió su ciclo. ¿Cuál
es el tipo de hombre que va a defender el matrimonio, la familia y la
vida? Es necesario ver la realidad antropológica nueva de este
nuevo milenio.
Tenemos
que tener claridad, definición y seguridad de lo que nos dice
la Sagrada Escritura sobre el matrimonio, la familia y la vida.
Los grandes
centros comerciales hacen una gran oferta de bienes, servicios, entretenimiento
y hasta de religiosidad. Creo en Dios pero no me caso, no me interesa
la familia, no quiero la vida. ¿Con qué tipo de espiritualidad
vamos a trabajar?
Todo
esto son desafíos a la pastoral familiar.
En el
aspecto antropológico hay un tema lacerante: la violencia. El
hombre tiene una inclinación al mal y una de estas inclinaciones
es precisamente la violencia.
La palabra
problema denota todo. Hay que distinguir entre conflicto, agresión
y finalmente violencia. Todos hemos tenido conflictos, ¿les tenemos
miedo, los hemos superado, sabemos resolverlos, enseñamos a resolverlos?
No es sólo de tipo social o político: cum - flictus: con
golpe, resistencia a algo o a alguien. ¿Qué me produce
a mí conflicto en mi vida personal? Tenemos que abordar el propio
conflicto antes que el del otro. Esto implica reconocerse uno mismo,
resistencia. Pero además reconocer qué es lo que yo produzco
de resistencia a los demás.
Es importante
tener conflictos pero superarlos es lo más importante, es fundamental.
Hay diversos tipos de conflicto de los permisos, de la vida conyugal,
lo sexual, los silencios.
La agresión
es un golpe que se da a alguien intencional o no intencional, pero que
no busca hacer daño. Sin embargo se da y puede ser física,
psicológica, sexual. La pregunta es si somos agresivos, vivimos
en un clima de agresividad, la relación con los demás
es agresiva, el esposo o la esposa son agresivos...
A partir
de 1970 en adelante, se saca de la esfera de lo privado a lo público
el tema de la violencia. Los Códigos han castigado la violencia
intrafamiliar, como un fenómeno de salud pública. ¿Hay
conciencia de que es un tema público, que toca a la sociedad?
Hay en
la en la violencia tres actores que hacen daño: la fuerza, el
poder, el daño, tanto en una familia, país, diócesis,
parroquia. Violencia es el uso del poder por medio de la fuerza para
hacer siempre daño. El daño es el objeto de la violencia,
la intención del violento es hacer siempre daño. En la
agresión no se busca hacer daño aunque sí resulte
algún daño.
En la
violencia estatal el poder lo pude tener la guerrilla o el estado. Hay
un poder: la fuerza de las armas. El daño busca eliminar al otro.
En el
campo de la familia el 86% de las familias el generador de la violencia
es el hombre. Quienes padecen la violencia es la mujer y los hijos.
El hombre detenta el poder. Este hombre con poder busca eliminar a la
esposa, ella es el contrincante. Los hijos padecen la violencia pero
se busca eliminar a la mujer. Se busca usar la violencia como mecanismo
para resolver conflictos.
Esta
violencia tiene varios segmentos. Quienes la padecen son los hijos,
la esposa, los ancianos. Hoy son los ancianos junto con los niños
quienes padecen la violencia. Tenemos la violencia psicológica,
verbal, física, sexual y económica.
¿He
vivido un sistema de violencia, en mi infancia o ahora? Si es violencia
hablamos de un sistema crónico de agresión, lo permanente
hace que el sistema familiar sea violento. Los conflictos conyugales
y familiares se resuelven al interno de la familia. Es importante que
el sistema familiar resuelva los conflictos. Lo puede hacer y tiene
con qué resolverlos. Los conflicto se resuelven las agresiones
y conflictos. Pero la violencia no se resuelven con los mismos actores
de la violencia. Se requiere ayuda externa y profesional y acompañamiento
del sacerdote y apóstoles laicos.
La violencia
se desactiva, se desarticula, tenemos que desarticular nuestro lenguaje.
El hogar en que nos criamos ha sido violento; que en el hogar hay poder
unipersonal, que hay fuerza que enaltece este poder y que ha habido
daño.
En un
esquema normal la relación entre esposo y esposa es de desequidad.
El lugar más inseguro de la tierra es la familia, es en donde
más violencia se da. La violencia sicológica es inteligente
y sutil. Se arrasa sicológicamente a la esposa y al hijo. No
tiene prisa pero es sistemática, termina acabando con el yo de
cada uno. También es gestual: silencio, la muerte afectiva de
la persona que está a mi lado.
La violencia
verbal es todas las palabras que se van armando sin tocar a nadie. La
física es tocar al otro físicamente. La violencia sexual,
la violación sexual con la esposa o con los hijos. La violencia
económica es el subyugo económico del otro que no trabaja.
Cuando
están estos cinco elementos se puede decir que en esta familia
concreta se viven unas relaciones de abuso, un sistema de abuso intrafamiliar,
de maltrato. Esto no es extraño, es cotidiano. Sucede en todos
los niveles sociales y en todos los países. Es un índice
que lleva a la separación de la vida conyugal, exclusión
de los hijos y su orientación hacia la delincuencia.
La violencia
intrafamiliar es cíclica y creciente. Tiene dos características:
es un ciclo y es creciente casi en espiral. Por eso la violencia no
se debe combatir con violencias. Es una grave equivocación querer
combatirla con más violencia.
Entonces
pastoralmente tenemos que desarticular, desactivar la violencia. Esta
tiene tres fases: acumulación, episodio agudo, luna de miel.
Acumulación:
se acumulan agresiones hostilidades, incomprensiones; se comienza a
aguantar: contradice a la esposa, la humilla la maltrata, etc. Llega
un momento en donde se hace crisis, revienta la violencia en un episodio
agudo, en la familia y en la sociedad. Luego viene el perdón,
promesas y luego se repite el esquema. La única manera de resolver
esto en la familia es más violencia.
El consejo
va más en la línea de la separación, se ve en ella
la solución. Pero en realidad significa la incapacidad de resolución
de un problema. Lo que hay que hacer es abordar esto desde la pastoral
pero desde la óptica que nos dan las ciencias.
