MISERICORDIA PARA ANUNCIAR LA VIDA

 

 

Homilía de Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos

Estamos llamados a anunciar el Evangelio de la vida y uno de sus aspectos fundamentales es la misericordia. Nos habla del profundo y misericordioso, amor fiel que manifiesta Dios al hombre. Es el que ha dado la vida, el que sostiene la vida. Es el amor perenne, fiel, eterno, el que le va dando al hombre la misma vida y lo va envolviendo. Sabemos que el pecado provoca la muerte eterna, la ruptura del hombre con Dios, la libertad mal enfocada. La decisión mal tomada del hombre que se separa de Dios.

Si no existiera o tuviera Dios esta misericordia, quién podría unir esta ruptura entre Dios y le hombre que el hombre ha ocasionado por el pecado.

Jesús viene a anunciarnos este evangelio dela vida, este proyecto que el Padre tiene para el hombre. Las actitudes que hoy Jesús nos manifiesta en el pastor que cuida el rebaño, habla del amor que le tiene al rebaño y a cada oveja.

Hay detalles que nos enseña lo importante que es el hombre para Dios. ¿Qué hombre que tiene cien ovejas no deja las 99...? Podemos preguntarnos si el valor de una es equiparable al valor de 99 porque las deja en el campo. Éstas están seguras pero la oveja que está perdida está sola, está en peligro.

EL valor que el hombre tiene ante Dios es grande. Lo manifiesta el mismo Hijo que se ha donado por el hombre, por la oveja, que nos da a cada uno de nosotros. Con ese mismo amor que le tiene al Hijo ama al hombre. Esto es importante que en esta anticultura de la muerte hoy le hablemos al hombre que se desvalora, se desprecia a sí mismo y s engaña, del amor misericordioso: el Dios que sale a buscarte, que te acoge, que te levanta. Esta Palabra habla de búsqueda, de dignidad, del valor que Dios le da al hombre y que el hombre no se da a sí mismo.

Pero también habla de un gozo: "alégrense conmigo"; o la mujer que invita a sus amigas a alegrarse con ella. El gozo de Dios de salvar al hombre porque Dios que es sumo ¿bien y bondad, que es la misma fuente del amor, quiere que el mismo hombre participe de este bien, de este amor, es su gozo. SU gozo es el hombre que vive con él. Dios participa de este gozo, al hombre a los demás.

EN la parábola del hijo pródigo, es el Padre que quiere compartir su gozo con el hijo mayor y todos los demás, comparte su gozo de recuperar al hijo, de tener al hijo. Los ángeles se gozan, participan de la alegría de Dios por un pecador que se convierte.

Hay una comunión tan profunda que el gozo de los ángeles es el gozo de Dios. EL gozo de los hombres es el gozo de Dios. Si ayer hablábamos que teníamos que ser discípulos, ir a la escucha, contemplar al maestro para imitarlo, hoy nos descubrimos como testigos de la misericordia de Dios. Es en el amor de Dios en donde se va enraizando nuestra vocación. EL Señor nos envía a ser testigos de este amor misericordioso. Es necesario que le enseñemos al hombre el sendero de la vida, que le enseñemos el valor que Dios le da al hombre y al mundo.

Pidámosle a nuestro Dios que nos haga experimentar este gozo de su misericordia, que nos haga agradecidos y seamos testigos de su gozo ante nuestros hermanos.