APORTES PASTORALES
PARA LA PATERNIDAD RESPONSABLE
 



Dr. Enrique Glennie Graue

Hay un desafío inmenso para nosotros. Tenemos que partir de un dato: el problema es de una magnitud tal que podemos sentirnos auténticamente desanimados y decir: no se puede hacer nada. O podemos caer en una especie de fantasía de salvar al mundo y cambiar todas las cosas.

Quizá tuviéramos la tentación de decirle al Señor: Las cosas de la fe tienen un camino, tiene un proceso y no se imponen. Tenemos que partir de que todos estos aspectos o se aceptan en una perspectiva auténtica de fe profunda o simplemente no se entienden.

Tengamos en cuenta el desafío que nos presenta el Santo padre en Ecclesia in America, 46. Habla de tres caminos, de un proceso, de algo que hay que ir haciendo aunque sea de una forma modesta, no es algo ya hecho ni se trata de presentar soluciones ya hechas. Un camino de conversión, de comunión y de solidaridad.

Cuando hablamos de que la iglesia doméstica es fecunda en humanismo, la cuestión de l paternidad responsable la tenemos que inscribir en la perspectiva global de la nueva evangelización. Tenemos que dar un nuevo mensaje a las familias de nuestros pueblos. Evangelizar es humanizar. Cuando se pierden valores, quiere decir que ahí no está presente el influjo de la evangelización.

En la medida en que seamos capaces de dar el mensaje del Señor, en esa medida estamos levantando a nuestra gente. Muchos problemas como la drogadicción, la injusticia, se han instaurado en el contexto de nuestros pueblos porque precisamente falta el influjo evangelizador.

En el campo de la paternidad responsable, cabe también pensar que hay poca evangelización: entonces "hay que leer la palabra en la Familia". Es urgente una nueva catequización sobre el hogar cristiano y la vida familiar que incluya la paternidad y la maternidad.

Esto que dice el Santo Padre evidentemente es una última precisión de una serie de elementos que él mismo nos ha brindado para poder trabajar. Es necesario que entendamos esta doctrina que nos da la Iglesia no como una cuestión impositiva arbitraria y alejada de la realidad como muchos lo ponen, sino como una palabra válida y actual que ha sido dicha dentro de un contexto.

A veces la gente dice que la Iglesia vive atrasada. Lo importante es entender el marco de referencia en el que la Iglesia habla que es siempre el hombre, la familia, la dignidad. El valor que le da y que no puede dejar de dar la lleva a defenderlo y esto se fundamenta en el hecho de que el Hijo de Dios se hizo hombre.

Se hace importante la presencia, la acción de los laicos porque hay varias actitudes, elementos que muchas veces nos estorban o no nos significan un vehículo para una significación como es el lenguaje. Tenemos que adaptar el lenguaje que todos escuchamos, la doctrina de la Iglesia. No quiere decir que la Iglesia hable en un idioma raro. Su lenguaje se presenta en una forma técnica y profesional; a veces es difícil.

El lenguaje tiene que ir siempre acompañado del gesto. La realidad la vive cada quien de manera diversa. Es importante que los laicos que tienen la empatía puedan hablar al hombre de la calle.

En relación a la pastoral hay que evitar actitudes que pueden ser parciales y equivocadas. Hay que evitar el reduccionismo sobre todo en este campo. La tendencia de reducir la doctrina a una moralidad o moralismo. Esto lleva a concebir la paternidad responsable como una limitación de la natalidad. Y esto se convierte en un calificativo de lo métodos anticonceptivos. Esto tiene que llevar el matrimonio, la familia, el contexto de la Iglesia. No reducir a puntos aislados que no se entienden fuera de un contexto global.

Otro aspecto que sería una parcialización es actuar con inseguridad doctrinal No se puede comunicar aquello de lo que no se está convencido. Los primeros que tenemos que convencernos somos nosotros. El desconocimiento de una doctrina no lleva necesariamente la incapacidad de comunicar. Sino la capacidad de comunicar inseguridad.

Este es un campo en que hay muchas dudas que a veces suscitan más incertidumbre que certezas. Pero eso no está contrapuesto con las convicciones. Es bueno que haya dudas y que haya que estudiar pero no que haya falta de seguridad. No es lo mismo duda que confusión.

Hay que tener en cuenta de que la doctrina sobre la paternidad responsable no se puede entender como una doctrina razonable porque la dice el Papa sino porque es razonable la dice el Papa. Tiene un fundamento razonable. Se debe tener un actitud de fe pero no se acepta esta verdad sólo por fe.

No se trata de dar solamente órdenes al hombre ni de condenarlo. No se trata de imponer sino de proponer con autoridad, con razones válidas. No sólo hay que obligar sino hay que dar sentido de las cosas y dar motivos y finalidades.

No se pude actuar indiscriminadamente, todo tiene una finalidad ("un porecio"). Por eso es muy importante conocer las findalidades que nos presenta la doctrina. Muchas parejas captan la doctrina, les parece bien pero para los otros. Es fácil que la gente se exima a sí misma de cumplir la doctrina. Por eso es importante la convicción, decirles que se puede.

Hay que tener cuidado con las excepciones. Tanto pastorales como laicos fácilmente pudiéramos caer en la tentación de la amplitud. Pero tampoco hay que caer en el otro extremo. Mucha gente tiene idea que por estar divorciado están excomulgados. Una terminología mal usada hace que muchas gente piense mal y se sienten mal.

Muchas veces se toman en este campo una postura más de tipo polémico que propositivo. Es más fácil que se entre en confrontación que una proposición. Al hablar de todos esto efectivamente la doctrina es difícil.

Hay que tener en cuenta el valor de la continencia o castidad matrimonial. que es difícilmente aceptada a causa de la mentalidad. Por otro lado está la exigencia del machismo que a veces corresponde una sumisión de la mujer que destruye un proyecto de vida. Al otro lado está un feminismo que minusvalora la fecundidad. Hay también otro tipo de mentalidades: sexualidad cuantitativa por encima de una sexualidad cualitativa basada en el amor.

Por otra parte para el varón es muy difícil la continencia y acaba justificando la infidelidad. Otros dicen que es injusto privar a la mujer de las relaciones en el momento en que más las disfruta.

¿Qué caminos pastorales podemos seguir?

Formación de equipos pastorales, laicos bien preparados, sacerdotes bien formados doctrinalmente. Parejas comprometidas que vivan su relación y contagien su entusiasmo por la familiar.

No basta tener sólo doctrina: ser profetas y apóstoles de la relación de amor, de la familia, para anunciar el evangelio en la familia. Una proclamación explícita de los valores de la paternidad responsable. Incluye muchísimas cosas, muchos valores. Más que entablar polémicas ser testimonios vivos, resaltar la corresponsabilidad de la pareja, el conocimiento recíproco. La aceptación mutua que lleva a la capacitación para amarse más.

Hacer llegar la doctrina de la Iglesia a mayor número de gentes. Como esto implica un compromiso se antoja difícil. Hay una ignorancia real del Evangelio aunado a muchos elementos ajenos a la fe que se meten en la problemática.

En la religiosidad de nuestra gente como no hay mayor compromiso es aceptada, no es una fe comprometida y se vive fácilmente. NO es mayor empeño de la gente vivir esto. Pero cuando se habla de paternidad responsable hay muchas cosas difíciles y ya no se acepta fácilmente. El tema no se acepta con facilidad.

Es importante respetar siempre la decisión de los esposos y no caer en la trampa de intentar sustituirlos en sus decisiones. Evitar la falsa tolerancia que degeneraría en desconfianza recíproca.

Es necesario buscar la maduración de la conciencia de los esposos, alentarlos en las dificultades. Es necesario tener en cuenta de que no vivimos ya en una situación de cristiandad, masas que aceptan la fe y la viven.

Tenemos que buscar instrumentos que propicien un camino de las parejas que tienen que comenzar desde la adolescencia, el matrimonio, acompañamiento. Buscar la manera de que hayan esquemas, instituciones o grupos de apoyo y acompañamiento a las parejas.

Hacer notar el esfuerzo de cada matrimonio del esfuerzo por vivir su fidelidad iluminada por la fe.

Ayudarles a enriquecer su lenguaje conyugal. Hay otras formas verbales y no verbales de comunicación y de diálogo que alienta el diálogo de los esposos.

Despertar la confianza en ellos mismos, saber lo que pueden y lo que Dios puede en ellos.

Nos topamos con actitudes muy fuertes contra esto. La actitud secularista, el placer, la mentalidad eficientista. Las compañias anticonceptivas. El cientificismo, la mentalidad libertaria que afirma de que no hay que poner límite a la voluntad humana. La mentalidad utilitarista que usa el sexo para fines comerciales.

Ante la planificación familiar hay actitudes contrarias, la actitud anticoncepcionista, la mentalidad abortista y la mentalidad economista que busca reducir los nacimientos por motivos económicos.

El proyecto de una paternidad responsable no es fácil. La Iglesia está cerca de las parejas que se encuentran en dificultades en este campo.

Quien ha absorbido todos estos conceptos aun inconscientemente, inculcados por la cultura dominante pueden encontrar lógica la elección de la anticoncepción. Son mentalidades que les han llegado. La propuesta de la Iglesia les parece a veces una arbitraria imposición. Hay que buscar más que las parejas tengan una mejor calidad de vida no sólo económica sino desde el punto de vista de los valores. Una mejor calidad de vida cristiana. Así se podrá contrarrestar en pequeños grupos que sean después fermento esta mentalidad contraria.

El camino de la Iglesia es el hombre. El camino de la Iglesia es la familia. Es el trabajo de la Iglesia, No podemos emprender una tarea en que queramos que hayan todos estos valores si no aceptamos la doctrina de la Iglesia. Hay que cambiar ideas, mentalidades, costumbres. De un cristianismo superficial a un cristianismo profundo.

¡Con qué elementos vamos a asumir la realidad de este nuevo milenio como Iglesia (cfr. familiaris consortio 33)?

Hacer una valiente revisión a fondo de la escala de valores que subyace en las formas habituales de vida para invitar a la gente a cambiar como pareja y como familia. Es importante apoyar para que exista un sólido dominio de sí mismo, en espíritu de sacrificio y defender el amor.

La vida cristiana tiene que estar alimentada en la oración, en la frecuencia de los sacramentos y en una caridad activa. Cuando la gente no hace esto, difícilmente puede cambiar.

Se trata de presentar un camino no sólo en función de la paternidad responsable sino de la pareja y de la familia.

En la medida en que la familia se vivan estos valores se irá cambiando la mentalidad. La paternidad es un valor pero no es un fin en sí mismo sino la perfección y crecimiento de la pareja.

El celibato tiene una valor en sí mismo pero no tiene un sentido en sí mismo: el sentido es la santificación, el ministerio y con una visión de fe. Lo importante es la integralidad de la persona.

En la medida en que se involucran valores en la vida en esa medida hay un crecimiento. Esto es un elemento de primera clase que permite a las parejas vivir sus valores, primero la convicción y después del compromiso.

Preguntarnos si somos capaces de convencer a los demás. Con qué elementos, con qué medios, que pasos.