La propuesta es estudiar la pastoral de la familia y con la familia,
con atención especial a las situaciones sacramentales. No basta
hacer una teología de la familia y llevarla a tomar conciencia
de su identidad y de su misión evangelizadora; es preciso poner
los medios adecuados para que tal identidad se desarrolle y tal evangelización
se realice. Para ello es necesario pensar, ordenar y promover unas mediaciones
adecuadas que, atendiendo a las situaciones reales, y a las diferentes
y sucesivas etapas por las que atraviesa el matrimonio y la familia,
posibiliten la realización del ideal.
La
familia es una realidad viva y dinámica, cuya evolución
y tránsito por diversas etapas y situaciones, reclama una variedad
de medios o acciones pastorales y una permanencia en el acompañamiento,
que debe mantenerse a lo largo de toda la vida.
Noviazgo,
matrimonio, maternidad-paternidad responsable, crianza y educación
de los hijos, distorsiones o conflictos intramatrimoniales, diversas
situaciones sacramentales (iniciación cristiana, matrimonio de
los hijos, enfermedad, muerte), diferentes fases en la vida matrimonial
(primeros años, madurez, plenitud, ancianidad) todo ello reclama
una ayuda permanente y una pastoral continuada, tanto por parte de la
iglesia cuanto por parte de la sociedad.
De
ahí que afirme la Familiaris Consortio: "Al igual que toda
realidad viviente, también la familia está llamada a desarrollarse
y crecer. Después de la preparación durante el noviazgo
y la celebración sacramental del matrimonio, la familia comienza
el camino cotidiano para la progresiva actuación de los valores
y deberes del mismo matrimonio. Por ello hay que subrayar una vez más
la urgencia de la intervención pastoral de la Iglesia en apoyo
de la familia.
La
acción de la Iglesia debe ser progresiva, incluso en el sentido
de que debe seguir a la familia, acompañándola paso a
paso en las diversas etapas de su formación y desarrollo.
1. Hacia una pastoral real
La
pastoral de la familia está unida, al menos teóricamente,
a la renovación de la misma pastoral. Desde el Vaticano II, y
más tarde desde la Familiaris Consortio, se ha hablado y se ha
escrito abundantemente sobre el tema. Pero, por desgracia, al discurso
teórico no siempre ha acompañado la acción pastoral
concreta.
Obispos,
sacerdotes, laicos, estamos convencidos de la necesidad y urgencia de
una atención pastoral esmerada y eficaz a la familia. Pero se
carece de imaginación pastoral o no se encuentran los medios
y personas para llevar a cabo tal acción.
Por
eso, es posible constatar un déficit notable, tanto en agentes,
cuanto en permanencia de acción o adaptación de medios,
o coordinación de instituciones y planes. Por otro lado, en los
últimos años y ante la aceleración de cambios y
la abundancia de problemas, ha surgido una "pastoral de urgencia",
que se preocupa más de responder a las situaciones conflictivas
que de prevenirlas con una buena y permanente ayuda.
La
pastoral negativa ante los problemas ha predominado sobre la pastoral
positiva ante la vida real. Todo ello reclama un giro en la pastoral
familiar. Propongo los siguientes elementos para poder hacer posible
este giro.
1.1 Tener un verdadero proyecto pastoral
Un
proyecto es un plan o programa que, atendiendo a todos los momentos
y situaciones de la vida familiar de modo permanente, propone acciones
pastorales adaptadas, en complementariedad con otras acciones que articulan
y sustentan el proyecto global de vida de la comunidad cristiana. La
eficacia de tal proyecto depende, en gran parte, de su coherencia y
realismo, de la disposición de agentes y medios para llevarlo
a la práctica.
1.2 Reconocer y estimular el protagonismo de la familia
La
familia no sólo es la destinataria de la pastoral familiar, tiene
que llegar a ser protagonista de la misma. Con otras palabras, la familia,
la familia es al mismo tiempo objeto receptor y sujeto agente de la
pastoral familiar. Es ella, como Iglesia doméstica, la que acogiendo
el servicio de la comunidad, de la Iglesia particular y de la gran Iglesia,
pone en juego una acción pastoral que la renueva y la vivifica
desde dentro y que la lleva a desarrollar su misión pastoral
y evangelizadora hacia fuera.
Cuando
los destinatarios llegan a ser protagonistas activos y responsables,
entonces es cuando el proyecto se convierte en vida.
1.3 Coordinar responsablemente las acciones pastorales
Uno
de los pecados mayores de la pastoral actual es la descoordinación,
que se manifiesta en la dispersión, la contradicción,
la competencia, la celotipia, la división. Es preciso llegar
desde una mínima criteriología pastoral común,
a un proyecto de pastoral único, y a una acción pastoral
adaptada pero siempre coordinada.
La
eclesialidad de pastoral implica que, aun aceptando una pluralidad necesaria
por fuerza de una adaptación no desidentificante del proyecto,
se mantiene una comunión y coordinación fundamental entre
todos los responsables indicados.
1.4
Preparar y promover agentes laicos
La
pastoral familiar será tanto más realista y eficaz, cuanto
más se responsabilicen de ella los mismos laicos, que constituyen
la familia real. Uno de los problemas de la pastoral familiar es que
en su mayor parte es realizada por clérigos. A veces sucede por
fuerza de necesidad por ausencia de laicos formados y dispuestos para
ello: La misión y tarea que se pide a los laicos en la iglesia
en su conjunto, se intensifica y redobla cuando se trata de un ámbito
tan ministerialmente laical como el de la familia. Son ellos los que
mejor conocen, porque lo viven y experimentan en su propia carne, las
situaciones y problemas de la familia. Por eso es urgente apoyar y promover
escuelas de agentes de pastoral familiar.
MOMENTOS MAS IMPORTANTES DE LA PASTORAL FAMILIAR
A
los responsables de la pastoral matrimonial-familiar les compete una
atención permanente a la familia, que adquiere especial intensidad
y cuidado en los momentos más importantes. Para ordenar estos
momentos en la dinámica del mismo sacramento del matrimonio distinguimos
EL ANTES de la celebración o preparación diversificada,
EL EN de la celebración o participación activa; y EL DESPUES
de la celebración o continuación familiar.
2.1 El antes de la celebración
Es
evidente que en nuestros días es más necesaria que nunca
la preparación de los jóvenes al matrimonio y a la vida
familiar; y también esta preparación al matrimonio ha
de ser vista y actuada como proceso gradual y continuo, que comporta
tres momentos principales: UNA PREPARACION REMOTA, UNA PROXIMA, Y OTRA
INMEDIATA.
En
la admisión y preparación al matrimonio es donde hay que
ir a buscar y encontrar la renovación de la familia. Ahí
incide el binomio de relación entre fe y sacramento: quienes
carecen total o casi totalmente de la fe. ¿pueden tener la suficiente
intención de hacer lo que hace la Iglesia para recibir un sacramento?
Junto a ello está el problema del acompañamiento pastoral.
LA
PREPARACION REMOTA. Es aquella preparación distendida y progresiva
que se va dando desde la niñez hasta la juventud adulta, y en
la que se van transmitiendo y asumiendo unos valores humanos y cristianos,
matrimoniales y familiares, a través de experiencias, conocimiento
y testimonio, especialmente de la familia, en los que se solidificará
la propia vida matrimonial y familiar posterior.
Los
responsables de esta preparación son los padres (experiencia
y testimonio), las instituciones educativas, (instrucción y orientación
humana y psicológica), y la misma comunidad cristiana (valores
humanos y cristianos del matrimonio). Además del período
catequético de la infancia es importante el momento de la preparación
al sacramento de la confirmación y el de su continuidad en diversos
grupos o actividades eclesiales.
LA
PREPARACION PROXIMA, siempre exigida de una y u otra forma en la
Iglesia, es aquella que acoge y prepara a los novios que desean y piden
el matrimonio cristiano, y supone un cierto proceso catecumenal. La
Familiaris consortio afirma que: "La preparación próxima
comporta desde la edad oportuna y con una adecuada catequesis como,
en un camino catecumenal, una preparación más específica
para los sacramentos, como un nuevo descubrimiento" (FC 66).
Para
que se salve este talante catecumenal es preciso que incluya:
a.
Encuentros personales.
b. Encuentros en grupo durante un tiempo relativamente prolongado.
c. Celebración, oración y expresión litúrgica.
d. Momentos de discernimiento y decisión responsable.
e. Preparación inmediata con especial intensidad.
f. Culminación en la celebración del sacramento.
LA
PREPARACION INMEDIATA. Es aquella que tiene lugar en los últimos
meses y semanas que preceden a las nupcias, como para dar un nuevo significado,
nuevo contenido y forma nueva al llamado examen prematrimonial. Tal
preparación se impone con mayor urgencia para aquellos prometidos
que presentan aún carencias y dificultades en la doctrina y práctica
cristiana.
Este
momento supone una clara presentación de los compromisos matrimoniales
y familiares, un discernimiento de las disposiciones de los sujetos,
una decisión de fe por su parte, una intensificación la
oración, una preparación directa de su celebración
y participación en el sacramento del matrimonio.
2.2.
El en de la celebración y participación activa
También
la celebración es un momento especial de la pastoral matrimonial
de la misma Iglesia, en donde se expresa la fe y el amor, se asume públicamente
el compromiso matrimonial y familiar y se hace fiesta por la gracia
de ese mismo compromiso en el amor, en el que se actualiza la misma
alianza de amor de Dios con la humanidad y de Cristo con la Iglesia.
El
matrimonio cristiano exige por norma una celebración litúrgica,
que exprese de manera social y comunitaria la naturaleza esencialmente
eclesial y sacramental del pacto conyugal entre los bautizados.
Ahora
bien, para que la celebración tenga toda la fuerza pastoral que
requiere, es preciso, como dice la misma Familiaris consortio, que se
den estas condiciones:
a.
Que la participación sea comprometida. Que cada uno realice todo
y sólo lo que le pertenece; que los esposos asuman su protagonismo,
que el sacerdote ha preparado con esmero la celebración, superando
todo ritualismo e indiferencia, que todos los presentes vivan el misterio
y participen activamente de la celebración, más allá
del protocolo y de la pasiva curiosidad, que pase a ser acontecimiento
de la comunidad entera.
b. Que los novios asuman su responsabilidad celebrativa. Es preciso
reconocer la verdad y dignidad de la celebración del sacramento
del matrimonio, movidos por el sacerdote que les facilita y les ofrece
elementos para su preparación y participación. No en vano
ellos son los protagonistas y ministros de la celebración.
A ellos les corresponde el preparar con la ayuda del sacerdote los diversos
elementos de la liturgia matrimonial.
2.3.
El después de la celebración
La
pastoral del matrimonio se despliega consecuentemente en la pastoral
de la familia. Es preciso cuidar el después de la celebración
o pastoral posmatrimonial, de manera que lo que se celebró y
expresó pueda vivirse. Para que la familia sea cada vez más
una verdadera comunidad de amor, es necesario que sus miembros sean
ayudados y formados en su responsabilidad frente a los nuevos problemas
que se presentan. No se puede abandonar al nuevo matrimonio, sino que
con el respeto a su propia vida y decisiones, se deben pensar y proponer
en cada caso aquellos medios que les ayuden a cumplir mejor su decisión.
PASTORAL
FAMILIAR Y SACRAMENTOS
Es
importante examinar desde una perspectiva de fe la relación sacramentos-familia.
Se trata de ver, por una parte la pastoral de la comunidad con la familia
en las situaciones sacramentales; y por otra, la pastoral de la familia
con los miembros que en ella piden y celebran los sacramentos.
3.1. Principios de pastoral familiar sacramental
Son
principios de toda la acción pastoral de la Iglesia, pero que
se aplican de forma especial a la pastoral familiar.
a. El principio oferta
Es aquel que nos recuerda que en esta pastoral es más importante
la oferta de elementos y medios que permitan llegar al objetivo, que
la exigencia de actitudes que posibiliten o aseguren el mínimo.
Por él los agentes y responsables de pastoral se preocupan más
de preguntarse por lo que se puede ofrecer que por lo que se debe exigir.
La buena oferta no prescinde ni niega la exigencia, sino que la acompaña
de forma coherente.
b. El principio solicitud
Por él la Iglesia, la comunidad cristiana, y los mismos padres
en la familia, adoptan una actitud de búsqueda y de ánimo,
de preocupación y ocupación, de positivo interés
y de promoción, de acompañamiento y de corrección,
de misericordia y de estímulo. La solicitud va contra la indiferencia,
el desinterés y despreocupación, el dejar hacer, y la
libertad irresponsable. La solicitud es la que hace el verdadero cuidado
o cura pastoral, que mira hacia el futuro mejor.
c. Principio testimonio
Ninguna pastoral verdadera, ni fuera ni dentro de la familia puede ser
consistente si no se apoya en el testimonio y el ejemplo de vida. El
testimonio fortalece, avala verifica, da fuerza a la palabra. Cuando
se está cumpliendo en la propia vida, lo que se propone para
que cumplan los demás.
d. Principio libertad
La pastoral sacramental, como la misma fe, no se basa sobre la coacción,
ni el miedo, ni la simple costumbre, ni el condicionamiento social o
familiar, ni el necesario rito de un programa completo. Se basa principalmente
sobre la libertad. Una libertad radicalmente comprometida y orientada
por el bautismo, y actualizada en cada uno de los momentos sacramentales.
El itinerario sacramental es, en definitiva, un recorrido hacia la libertad
plena del Hijo de Dios.
e. Principio responsabilidad
Se trata de una responsabilidad compartida, de una corresponsabilidad
sacramental, ya que el sacramento es de Cristo y de la Iglesia para
un sujeto en particular en un nosotros eclesial, y en definitiva afecta
a todos, aunque diferenciadamente.
f. Principio autenticidad
Hace relación al predominio de la verdad y de la vida, donde
no se debe despreciar la sacralidad ritual, pero igualmente se mira
la fe sincera, se acepta la debilidad humana, pero también potencia
el compromiso cristiano. La autenticidad busca por todos los medios
la coincidencia entre sentido y forma, celebración y vida.
g. Principio participación
La autenticidad exige la participación de todos.
h. Principio continuidad
No
basta preparar y celebrar bien, es preciso igualmente continuar bien.
La continuidad es la verificación de la autenticidad y la participación,
es la conversión en vida cotidiana de lo que fue momento extraordinario,
la puesta en acción de los compromisos engendrados. La continuidad
no sólo tiende a conservar lo recibido, sino a desarrollarlo,
a aplicarlo creativamente, a perfeccionarlo vitalmente. Esto exige perseverancia
y vigilancia, seguimiento y alimento permanente, por la revisión,
la corrección, y la oración.
P.
JAIME HUMBERTO HENAO FRANCO.
Secretario Ejecutivo de la SEPAF-CELAM
