UNA
ESPIRITUALIDAD NUEVA ENGLOBANTE
232.
La roca sobre la que se apoya un proyecto o plan de pastoral, que tiene
múltiples exigencias e implicaciones evangelizadoras, es una
espiritualidad que brota de la experiencia misma del encuentro con Jesucristo
y se inspira en las palabras del apóstol Juan: "Lo que hemos
visto y oído, eso les anunciamos" (1Jn 1, 3).
233.
El Plan Diocesano que está para provocar lo nuevo, según
el Evangelio, exige una nueva espiritualidad. La espiritualidad es
ser "guiados por el Espíritu Santo hacia un nuevo estilo
de vida"; es el resultado del encuentro del Espíritu Divino
con el Pueblo de Dios. Un pueblo preciso, con sus aspiraciones,
su cultura, sus opciones evangélicas, pastorales, misioneras;
es la gracia del Señor que se despliega en la Iglesia y en el
hombre, en su existencia concreta.
234.
La espiritualidad consiste en las motivaciones arraigadas, vivas, explícitas.
Motivaciones que responden a "los por qué" fundamentales
de las opciones individuales y eclesiales, de los esfuerzos, de las
exigencias, de la misma razón de ser de la Iglesia y de su tarea
evangelizadora. Para la Iglesia las motivaciones son esenciales. Jesucristo,
su Evangelio, el Reino de Dios, la salvación de todos los hombres,
son su motivación global e imprescindible. Es la motivación
que el Espíritu Santo infunde en la Iglesia.
235.
"Ecclesia in America" dice: "Por espiritualidad, que
es la meta a la que conduce la conversión, se entiende no una
parte de la vida sino la vida toda guiada por el Espíritu Santo.
Entre los elementos de espiritualidad, que todo cristiano tiene que
hacer suyos, sobresale la oración. Ésta lo conducirá
poco a poco a adquirir una mirada contemplativa de la realidad, que
le permitirá reconocer a Dios siempre y en todas las cosas; contemplarlo
en todas las personas; buscar su voluntad en los acontecimientos"
(IA 29).
236.
La espiritualidad es la savia de la pastoral, cualquiera que sea el
modo de realizarla. Espiritualidad y servicio pastoral están
profundamente unidos: todo servicio pastoral brota de una espiritualidad
y toda espiritualidad se expresa en un servicio a los demás.
"Nadie puede ser profeta si primero no es testigo del Dios vivo".
237.
En el contexto social y eclesial de la Iglesia Potosina, una espiritualidad
nueva, a tono con toda la reflexión anterior, exige al menos
cinco rasgos para que fecunde e impulse la realización del Plan
de Pastoral:
238.
1º.- Una espiritualidad cristocéntrica. El
centro de toda la fe cristiana es la persona de Jesucristo. Ser cristiano
es ser seguidor de Jesús. El seguimiento de Jesús, entregado
a la evangelización, es el primer valor de un Plan de Pastoral.
Puebla dice: "Como el Padre es el protagonista principal, Jesús
busca seguir sus pasos y sus ritmos. Su preocupación de cada
instante, es sintonizar fiel y rigurosamente con el querer del Padre"
(DP 277). Una espiritualidad cristocéntrica, es explicada por
"Ecclesia in America" como encuentro transformante con Jesucristo
vivo: "El encuentro con el Señor, si es auténtico,
llevará consigo la renovación eclesial" (IA 7).
239.
El encuentro con Cristo vivo nos lleva a aceptar su amor primero, optar
por Él, adherirse libremente a su persona y proyecto, que es
el anuncio y la realización del Reino de Dios; es seguirle, vivir
como Él vivió, aceptar sus criterios, abrazar su suerte,
participar de su propósito que es el plan del Padre. (cf. IA
68).
240.
2º.- Una espiritualidad bíblica. Se trata de la necesidad
ineludible, de una familiaridad cada vez más grande, de todos
los fieles potosinos, con la Sagrada Escritura, leída y rezada
en la soledad, en todos los grupos y en las comunidades, en todos los
momentos eclesiales y evangelizadores. Que se reavive aquella experiencia
del fuego en el corazón que tuvieron los dos discípulos
en el camino de Emaús, mientras Jesús les explicaba las
Escrituras. La "lectura orante" y creyente, hecha a la luz
del Espíritu, o "lectura santa" de la Biblia, le dará
fecundidad, fervor y entusiasmo a la Arquidiócesis.
241.
Cuando se hace la lectura orante de las Escrituras Santas, se vive la
parábola del sembrador y se contempla al Señor en el momento
de sembrar su Palabra. Ella debe caer en tierra buena, en un corazón
purificado, en un corazón de discípulo dócil a
las cosas de Dios, capaz de meditar y conservar en su interior las palabras,
como lo hacía la Madre del Señor (cf. Lc 2,19. 51).
242.
3º.- Una espiritualidad eucarística. Jesús encomendó
a sus Apóstoles en la noche de la Cena: "Haced esto en conmemoración
mía". San Pablo nos dice que la comida eucarística
es para la edificación de la Iglesia: "El pan es uno, y
así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque
comemos todos del mismo pan" (1Cor 10,17). Así pues, un
fruto de la Eucaristía es el de una unión más profunda
con toda la comunidad que vive la vida de Cristo, es decir, con toda
la Iglesia, y con cada uno de sus miembros. Más que nunca, un
mundo acuciado por el hambre, tiene necesidad de saber que el único
pan que puede saciarlo es el pan que da vida nueva y que estimula el
apetito por una vida nueva, la vida de Dios en nosotros.
243.
La Eucaristía impulsa el crecimiento de la Iglesia que se construye
a sí misma en la caridad. La Eucaristía tiende a desarrollar
todos los aspectos y todas las actitudes del amor recíproco.
"La Eucaristía es el lugar privilegiado para el encuentro
con Cristo vivo. Por ello los Pastores del pueblo de Dios en América,
a través de la predicación y la catequesis, deben esforzarse
en dar a la celebración eucarística dominical una nueva
fuerza, como fuente y culminación de la vida de la Iglesia, prenda
de su comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación a la
solidaridad como expresión del mandato del Señor: 'que
se amen unos a otros, como yo los he amado' (Jn 13, 34)" (IA 35).
Hay que reafirmar que la "presencia real" de Jesucristo continúa
después de la Misa como alimento y para ser adorado.
244.
4º.- Una espiritualidad solidaria con todos. La Eucaristía
lleva necesariamente a la solidaridad. Los Obispos de México
en su carta pastoral "Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad
con todos", dicen: "El encuentro con Jesucristo vivo lleva
a los creyentes a una conversión del corazón que en la
comunidad cristiana se manifiesta en la virtud de la solidaridad con
todos. Esta solidaridad es la expresión operante de la caridad.
No es un elemento extraño o añadido a la dinámica
de la vida cristiana. Al ser vivificada por la gracia y el don de la
fe en Cristo, se convierte en fuente de amor fraterno, de perdón
y reconciliación" (nn. 223. 224). Ante un mundo roto por
tantos egoísmos y discordias, la respuesta debe ser la promoción
de la solidaridad y de la paz que hagan efectiva la justicia.
245.
Es elocuente y cuestionante la enseñanza del Papa a este respecto.
"La Iglesia en América debe encarnar en sus iniciativas
pastorales la solidaridad de la Iglesia universal hacia los pobres y
marginados de todo género. Su actitud debe incluir la asistencia,
promoción, liberación y aceptación fraterna. La
Iglesia pretende que no haya en absoluto marginados" (IA 58).
246.
5º.- Una espiritualidad de la esperanza. Hay que buscar que
la alegría y la esperanza sean signos identificadores de la nueva
espiritualidad. Son del todo necesarias. En medio de una realidad de
pesimismos, frustraciones, miedos y desesperanzas, quienes han "visto
y oído" al Verbo de Vida, quienes han sido enviados a anunciar
"lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra
de Vida", tienen que descubrir la alegría y la esperanza
como dimensiones fundamentales de la existencia cristiana. Renovada
en la esperanza cristiana, la Iglesia será signo de esperanza
para el mundo actual.
247.
La esperanza cristiana, la Buena Nueva de Cristo para la humanidad,
es esperanza de la salvación integral del hombre ya desde ahora
en este mundo, y por el compromiso por la fraternidad y la justicia;
una esperanza, que se inserta en la situación presente de México,
en las esperanzas concretas de los potosinos y potosinas, en su aspiración
al mejoramiento y bienestar de su familia y de todos en la sociedad.
La esperanza cristiana exige hoy de la Iglesia y de cada uno de sus
miembros el amor o la opción preferencial, tan difícil
como urgente, a favor de los pobres y marginados de la sociedad. Esta
esperanza impone el compromiso por la justicia, la reconciliación
y la paz.
248.
Habrá que decir, finalmente, que el propósito último
de estos dos caminos: programación y espiritualidad, y de todo
el Plan de Pastoral, es la salvación de los potosinos y potosinas
y la santidad de los pastores y de los agentes de pastoral. Se trata
de acrecentar la santidad en la Iglesia particular que se alcanza en
el encuentro permanente y transformante con Jesucristo vivo. El Concilio
Vaticano II enseña: "En la Iglesia, todos, lo mismo quienes
pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están
llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: 'Porque
esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación' (1Tes 4,3)"
(LG 39).
249.
"La expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana
de América son sus santos. En el camino de la santidad, Jesucristo
es el punto de referencia y el modelo a imitar: Él es el Santo
de Dios y fue reconocido como tal. Él mismo nos enseña
que el corazón de la santidad es el amor, que conduce incluso
a dar la vida por los otros" (IA 15.30).
250.
Por otra parte, conviene recordar lo que el Papa dice en la Encíclica
"Redemptoris Missio": "No basta renovar los métodos
pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni
explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos
de la fe: es necesario suscitar un nuevo anhelo de santidad" (RM
90). Esto parece un eco de aquellas palabras del Papa Pablo VI: "Las
técnicas de evangelización son buenas pero ni las más
perfeccionadas podrían reemplazar la acción discreta del
Espíritu. La preparación más refinada del evangelizador
no consigue absolutamente nada sin él. (
) Sin él,
los esquemas más elaborados sobre bases sociológicas o
sicológicas se revelan pronto desprovistos de todo valor"
(EN 75).
CONCLUSION
251.
"Ecclesia in America" exhorta a entrar por el camino de la
planeación pastoral como expresión de la comunión
eclesial: "Corresponde al Obispo, con la cooperación de
los sacerdotes, los diáconos, los consagrados y los laicos, realizar
un plan de acción pastoral de conjunto, que sea orgánico
y participativo, que llegue a todos los miembros de la Iglesia y suscite
su conciencia misionera" (IA 36).
252.
El Plan Diocesano de Pastoral es ambicioso porque los desafíos
son enormes. Nos enfrentamos a la dura, espesa e insensata realidad,
que no es arcilla blanda. Nos encontramos, sin embargo, consolados y
reconfortados con las palabras de Jesús: "He aquí
que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo"
(Mt 28,20). "Esta presencia misteriosa de Cristo en su Iglesia
es la garantía de su éxito en la realización de
la misión que le ha sido confiada" (IA 7).
253.
Hay que poner manos a la obra. Hay que recordar que el Plan de Pastoral
es un camino para la conversión pastoral; es un espacio de convergencia
eclesial y es una manera de dar respuestas eficaces de fe a las desafiantes
preguntas que se hacen a los evangelizadores; es una ayuda para caminar
mejor y más unidos y es una resurrección ante los múltiples
signos de muerte de cada día. Hay que hacer del Plan de Pastoral
la buena noticia para la Arquidiócesis de San Luis Potosí,
para cada parroquia y para cada comunidad de vida consagrada, para cada
movimiento laical, para toda comunidad eclesial, sobre todo para la
comunidad presbiteral, constituida por los Pastores del Pueblo de Dios.
254.
Que la actitud fundamental hacia este proyecto pastoral sea la de hacer
vida cada día el Plan de Pastoral, es decir, "meterlo en
las venas"; sentirlo como llamado del Señor; hacerlo una
provocación o interpelación permanente a la conversión,
comunión, solidaridad y misión; hacerlo ejercicio de eclesialidad
y de vivo sentido diocesano; nutrirlo de una fuerte espiritualidad;
hacerlo oración; fortalecerlo con la esperanza; sentirse corresponsable
de su vida o de su muerte, de sus frutos o de su esterilidad.
255.
La fe de la Iglesia potosina es mariana; se nutre y está marcada
del amor, devoción e imitación de la Virgen Santísima
en múltiples advocaciones y templos dedicados a ella y diseminados
a lo largo de todo su territorio. Por tal motivo, es necesario que,
siempre y en todas partes, se invoque a la Madre de Dios y Madre de
la Iglesia, para que nos lleve por el camino de la conversión
al encuentro de su Hijo y de nuestros hermanos; para aprender de ella
a ser dóciles oyentes de la Palabra de Dios y a estar atentos
a las indicaciones del Espíritu del Señor; para ser fieles
al Señor y a su Evangelio; para vivir como ella el acontecimiento
de la Pascua de Cristo, en que se consuma el amor, renace la esperanza
y brota la vida nueva y la nueva humanidad.
256.
Que con ella, la Virgen del Apocalipsis, la Iglesia en San Luis Potosí
avance hacia el "cielo nuevo" y la "tierra nueva"
(cf. Ap 21,1) y diga, con una súplica confiada y llena de esperanza:
"¡Ven, Señor Jesús!" (Ap 22, 20).
