HORA SANTA
 

 

LO QUE NOS DICE EL PLAN DIOCESANO DE PASTORAL

129. La experiencia de los discípulos de Emaús se puede contemplar así: Jesús resucitado está en la Eucaristía. Verdaderamente está escondido, pues cuando quieren fijar sus ojos y retenerle (asegurarse de su presencia) Él ya se ha ido. Pero Él está ahí, como vida de los suyos que ilumina la desilusión de la comunidad y de todo el caminar de la Iglesia.

242. 3º.- Una espiritualidad eucarística. Jesús encomendó a sus Apóstoles en la noche de la Cena: "Haced esto en conmemoración mía". San Pablo nos dice que la comida eucarística es para la edificación de la Iglesia: "El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan" (1Cor 10,17). Así pues, un fruto de la Eucaristía es el de una unión más profunda con toda la comunidad que vive la vida de Cristo, es decir, con toda la Iglesia, y con cada uno de sus miembros. Más que nunca, un mundo acuciado por el hambre, tiene necesidad de saber que el único pan que puede saciarlo es el pan que da vida nueva y que estimula el apetito por una vida nueva, la vida de Dios en nosotros.

243. La Eucaristía impulsa el crecimiento de la Iglesia que se construye a sí misma en la caridad. La Eucaristía tiende a desarrollar todos los aspectos y todas las actitudes del amor recíproco. "La Eucaristía es el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo. Por ello los Pastores del pueblo de Dios en América, a través de la predicación y la catequesis, deben esforzarse en dar a la celebración eucarística dominical una nueva fuerza, como fuente y culminación de la vida de la Iglesia, prenda de su comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación a la solidaridad como expresión del mandato del Señor: 'que se amen unos a otros, como yo los he amado' (Jn 13, 34)" (IA 35). Hay que reafirmar que la "presencia real" de Jesucristo continúa después de la Misa como alimento y para ser adorado.

 


 

HORA SANTA

LECTOR DIRECTOR (Todos de rodillas)

Esta noche nos hemos reunido para adorar y desagraviar a Nuestro Divino Rey
Sacramentado, ambicionando crecer en nuestro amor a su Divina Persona. Deseamos preparar nuestras almas para recibirlo santa y dignamente el VIERNES PRIMERO, recordando LA GRAN PROMESA que el SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS le hizo a Santa Margarita María Alacoque, cuando le dijo: "TE PROMETO, EN LA EXCESIVA MISERICORDIA DE MI CORAZÓN, QUE SU AMOR OMNIPOTENTE DARÁ A TODOS LOS QUE COMULGUEN NUEVE VIERNES PRIMEROS DE MES SEGUIDOS, LA GRACIA DE LA PENITENCIA FINAL. NO MORIRÁN EN MI DESGRACIA Y SIN HABER RECIBIDO LOS SACRAMENTOS; MI DIVINO CORAZÓN SERA SU ASILO SEGURO EN LOS ÚLTIMOS MOMENTOS."

Con la confianza en sus palabras, iniciamos esta HORA SANTA

TODOS JUNTOS

Te adoramos, Jesús Sacramentado, te bendecimos y te damos gracias porque tu Corazón Divino está redimiendo al mundo. Sálvanos como se lo prometiste a tu sierva Margarita María; sálvanos, te rogamos, por el amor de tu Madre Inmaculada. Te pedimos hoy una luz especial para conocer tu Divino Corazón y gracia para amarle y darle gloria.

LECTOR VOZ DE JESÚS (Todos sentados)

Ustedes no me han elegido a Mí, Yo los he predestinado y los he seleccionado entre millares para venir hoy conmigo en esta HORA SANTA y sublime de intimidad conmigo; de las confidencias, de las ternuras y de las gracias que les tengo reservadas en mi lastimado Corazón.

Acérquense, tiéndanme sus brazos, arránquenme las espinas, bríndenme consuelos; estoy desfallecido de amor y de amargura, acérquense conmigo. ¡Los he amado tanto!

Si están ustedes aquí, en esta cena deliciosa de mi caridad, sintiendo los ardores de mi
Corazón, es porque los he preferido gratuitamente. Ustedes sí que son míos. Vengan pues y coman conmigo, a la sombra de Getsemaní, el pan de mis dolores.

Necesito desahogar mi alma con ustedes, porque en ella hay tristezas que los ángeles no conocen y lágrimas que no corren en el cielo. Siento ansias de hablarles en confidencia dolorosa, íntimamente. Si no pueden penetrar todo el abismo de mis congojas, no importa; ustedes llevan como Yo, una fibra que solloza, y que herida por la tempestad, gime con angustia. Los ángeles vienen a sostenerme en este huerto de la agonía; pero ustedes están más cerca que ellos, del mar de mis quebrantos; ustedes pueden beber mis lágrimas, pueden endulzarlas, sufriendo mi pasión y mis dolores. Apártense hoy del mundo, dejen sus mentiras y el recuerdo de sus amoríos; y aquí, a mis plantas, conduélanse con el Dios encarcelado, que quiere participarles su amor doliente, su amor crucificado. Ese amor que, estremecido de agonía, dio la paz y dio la vida al mundo.

TODOS JUNTOS

¡Señor, haz que veamos! Danos la luz para saborear la hiel de tus tristezas infinitas; concédenos el favor de penetrar con viva fe en tu alma dolorida. Divino Agonizante, sé benigno con nosotros. Aunque somos pecadores, pon en ésta HORA SANTA, el cáliz de Getsemaní en nuestros labios; danos de beber en tu Corazón. ¡Tenemos sed de Ti, Jesús-Eucaristía!

LECTOR VOZ DE JESÚS

Ustedes me conocen, hijos míos, porque escuchan mis palabras de vida eterna; y al conocerme a Mí, conocen a mi Padre, pues Yo soy el camino que a Él conduce. Pero piensen que hay millones de sus hermanos, creados para adorarme, redimidos para bendecirme, que levantan contra el cielo este grito de blasfemia... ¡DIOS NO EXISTE! Hasta mi trono de paz, hasta ese altar de mansedumbre, llega ese grito airado, eco de la rebeldía de Luzbel. Esos mismos que me niegan viven de mi aliento y se agitan en el mar de mi bondad, y, sin embargo, me rechazan de palabras y con sus obras,

Yo, solo Yo, no existo para ellos. Mi nombre les perturba, mi yugo suave les aterra, mi Calvario les irrita. ¡Todos ellos me blasfeman!

¡Y ellos buscan la paz! ¿Qué paz puede sentir el que no adora, el que no espera, el que no me ama a Mí, que soy la Vida? y con que tranquilidad prescinden de mi persona en todo, absolutamente en todo lo grande y lo pequeño de su vida. Yo no tengo parte en la ternura de sus madres, en el desvelo de sus padres, ni en el cariño de los hijos. Se me excluye en absoluto de la alegría del hogar. No se me llama ni por un recuerdo vago, en sus duelos, al abrirse alguna tumba crudelísima. En sus empresas, en sus proyectos, en tantas incertidumbres y desgracias me tienen relegado al más completo olvido. ¿Lo pueden creer ustedes, almas tan amadas de mi Sagrado Corazón?

Yo, Creador y Redentor, no tengo en millares de almas la parte que en su corazón y pensamiento, tienen los servidores, las avecillas y las flores de sus casas. ¡Así me paga el mundo el haberme entregado por su amor, a la muerte, más que de Cruz, de Eucaristía!

LECTOR DIRECTOR (Todos de rodillas)

Recemos en voz alta, con fe ardorosa, un Credo, en reparación solemne, por esa negación de Dios y de Jesucristo, en que viven tantos infelices descreídos.

TODOS JUNTOS (Pausadamente, sin adelantarse ni atrasarse)

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; creo en Jesucristo, su único Hijo, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. Amén

LECTOR VOZ DE JESÚS

Desde hace siglos llevo el Corazón doliente y anegado en lágrimas

¡Cuantas almas, cuyo precio fue mi sangre, se han condenado!

Eran destinadas a abrasarse en las llamas de mi amor y han caído, por millares, al abismo de otras llamas de castigo y vengadoras. ¡Y son las mías! Óiganlas; están maldiciendo, desde lo profundo de su infierno, mi cuna de Belén, mi pobreza, mi primera llamada a los humanos. Maldicen mi cruz, marcada con sangre en su conciencia. Maldicen mi Iglesia, que les ofreció los tesoros de la redención. Maldicen mi Eucaristía, desdeñada por ellos, que hubieran vivido eternamente, si se hubieran alimentado con el pan de la inmortalidad de mi Corazón Sacramentado. ¡Cuántos de esos réprobos estuvieron alguna y muchas veces, como están ustedes, a mis plantas. ¡Y sin embargo, se perdieron! Los llamé, corrí tras ellos, los estreché en mis brazos, pero rompieron todas mis cadenas; eligieron gozar por un instante y después llorar con llanto eterno. Y ahora maldicen con eterna maldición. ¡Y fueron míos! ¡Cómo laceró, en Getsemaní, mi alma, esa sentencia de reprobación irrevocable! ¡Y fueron míos todos! Mías fueron esas legiones incontables de condenados al suplicio de una cólera infinita.

¡Los tuve aquí, sobre mi pecho, al borde del abismo de mi amante Corazón! Y me los arrebató otro abismo, para siempre. Y ahora son lágrimas arrancadas para siempre de mis ojos. Criaturas despedidas para siempre de mi reino, hijos desechados, por los siglos de los siglos, del hogar del cielo. Tras ellos se han cerrado las puertas de un infierno. Y mi Corazón herido, ha quedado abierto por la fuerza de esa angustia inenarrable; para que ustedes, que me aman, tengan en el una vida superabundante, un cielo, una vida eterna.

TODOS JUNTOS

Besamos tus manos atravesadas por los clavos. Jesús, Y por tu agonía del Huerto de los
Olivos, libra a los consoladores de tu Corazón, de las llamas del infierno.

Besamos tus pies despedazados, Jesús- Y por tu agonía del Huerto de los Olivos, libra a los amigos de tu Corazón de una reprobación eterna.

Besamos tu costado abierto, Jesús. Y por tu agonía del Huerto de los Olivos, libra a los
apóstoles de tu Corazón, del suplicio de maldecirte eternamente.

LECTOR VOZ DE JESÚS (Todos sentados)

¿Y saben cuál es el camino fácil, que puede llevarlos a la reprobación final? Hiriendo mi
Corazón con el pecado de la horrenda ingratitud; abusando de la misericordia de éste Dios, que es todo caridad; yo soy Jesús, que quiere decir, Salvador. Vine para los que tienen necesidad de medicina, de paz y fortaleza, y, sobretodo para los que necesitan perdón, misericordia y mucho amor. A esos enfermos les mostré la piscina de toda salud; mi Corazón lo absuelve todo. ¡Pero de esta ternura han abusado tantos!

Jamás he negado el perdón a quien me lo ha pedido con humilde contrición, porque mi bondad es infinita; porque espero con paciencia inalterable al hijo prodigo; porque a su regreso, olvido sus olvidos y hago fiesta para celebrar a la oveja que llega ensangrentada al redil de mis amores. Por esto, tantos colman la medida y se condenan por abusar de la absolución que les otorgo.

Deténganse, hijos míos, en la pendiente de ese camino y lloren el extravío fatal de tantos hermanos suyos que me hieren, porque soy Jesús dulcísimo con ellos.

LECTOR DIRECTOR

Pidámosle a Jesús, aquí presente, por tantas caídas y recaídas que hemos tenido, por abusar de su gran misericordia, especialmente en los Sacramentos de la Confesión y la Eucaristía.

Digámosle llenos de fervor.

TODOS JUNTOS (De rodillas)

¿Qué tenemos, Señor, que Tú no nos hayas dado?
¿Qué sabemos, que Tú no nos hayas enseñado?
¿Qué valemos, si no estamos a tu lado?
¿Qué merecemos, si no estamos unidos a Ti?

¡Perdónanos las faltas que contra Ti hemos cometido! Porque nos creaste sin haberlo merecido y nos redimiste sin que te lo hubiéramos pedido.

Mucho hiciste en crearnos y mucho más en redimirnos; no serás menos poderoso para perdonamos.

Pues la mucha sangre que derramaste y la dolorosa muerte que padeciste, no fue por los ángeles que te alaban, sino por nosotros y todos los pecadores que te hemos ofendido.

Si te hemos negado, déjanos reconocerte; si te hemos injuriado, déjanos alabarte; si te hemos ofendido, déjanos servirte.

Porque es más muerte que vida, la que no está empleada en tu santo servicio.

LECTOR VOZ DE JESÚS (Todos sentados)

Tengo una amable confidencia que hacerles todavía; recíbanla con especial cariño, porque quiero hablarles de mi Madre.

Ella jamás estuvo ausente de mi Corazón; su nombre repercutía en él con especial ternura en mis horas de soledad y de agonía.

En Getsemaní pensé mucho en ella; la vi llorar amargamente la muerte del Hijo y de los
Hijos...; su dolor hizo desbordar el cáliz de mis amarguras.

Atado a la columna, despedazaron mi carne, y al hacerlo, flagelaron también a la Virgen
Inmaculada que me dio esa carne pura, para ser hermano de ustedes en su regazo.

En ese mismo instante, mientras salpicaban los verdugos las paredes del calabozo con mi sangre, pude ver, en el transcurso del tiempo, el ultraje que harían a mi Madre, los que negarían su maternidad divina, ofendiendo al mismo tiempo, al Hijo y a la Madre.

Otros muchos pretenden adorarme y la relegan al olvido; eso hiere en lo más vivo mi
Sagrado Corazón adolorido.

¡María es de ustedes! ¡Es su Madre! ¡Ámenla y háganla amar! ¡Denme un gran consuelo en esta HORA SANTA! Uniendo mis lágrimas a las de mi dulce Madre, al consolar mi entristecido Corazón.

TODOS JUNTOS

Señor Jesús, te pedimos perdón por el gran dolor que te causan tantos cristianos indiferentes con tu Madre Santísima; por tantos disidentes y protestantes que rechazan su amor y menosprecian o niegan la dignidad y prerrogativas de la Virgen María. Enséñanos a amarla y venerarla con todas las fuerzas de nuestras almas. Es tu Madre y nos la diste como Madre a todos nosotros, cuando estabas clavado en la Cruz. Es nuestra intercesora ante Ti, te suplicamos tu gracia para no ser nosotros ingratos y mal agradecidos con Ella.

LECTOR VOZ DE JESÚS

Y ahora, háblenme ustedes, cuyos nombres tengo inscritos en mi Divino Corazón.
Háblenme con palabras que broten de lo más íntimo de sus almas, unidas a la mía por lazos de dolor y de inmenso cariño.

Si tienen tristezas, cuéntenmelas. Si sienten el tedio de la vida y al mismo tiempo el sobresalto de la muerte, óiganmelo. Háblenme sobre todo de las santas ambiciones que sienten por verme consolado y luego de contemplarme como Rey de amor, deseando alcanzar la misericordia de mi Sagrado Corazón, díganme todos sus deseos que yo quiero escucharlos.

TODOS JUNTOS (De rodillas)

EN DOS COROS

MUJERES:

Señor Jesús, en esta HORA SANTA, traemos a tus pies una queja amabilísima Nos presentamos cargados los hombros con tus mercedes, colmada el alma con tus favores, mientras Tú arrastras fatigado, agonizante y moribundo la cruz de nuestras iniquidades.

HOMBRES:

No es posible Maestro, que para el culpable destines principalmente la deliciosa pesadumbre de tu largueza y el cáliz de tus ternuras y que reserves para Ti los residuos de tu agonía, la hiel de los olvidos y las perfidias incontables de la tierra.

MUJERES:

Comparte con nosotras Jesús Sacramentado, en ésta HORA SANTA, todas las tristezas y aunque no lo merezcamos, acéptanos como Cirineos en la vía desolada, dolorosa, que conduce a la cima del Calvario. Te agradecemos los sinsabores de la vida. Los aceptamos resignadas, en expiación muy justa por tantas faltas propias y ajenas.

HOMBRES:

Te bendecimos por las espinas que has hecho brotar en nuestro camino con el fin de alcanzar tu misericordia. Tú no ignoras como se resiente nuestra naturaleza en los combates que tenemos con la enfermedad, con la pobreza, con la calumnia, con la ingratitud, con los olvidos, con el cansancio de la vida, con la tristeza y con las incertidumbres. Estamos hablando con Jesús Sacramentado, nuestro hermano que nos conoce y nos ama, porque tiene un Corazón de carne como el nuestro.

MUJERES:

Te bendecimos, Jesús nuestro, por aquellas decepciones que nos hacen apartarnos de las criaturas con que convivimos. Tú permites que nos acerquemos a ellas, porque esperas que tengamos afectos de caridad y de perdón para consolar sus corazones doloridos y le das energía y paz a nuestro espíritu. Y luego, Tú mismo rompes esas ligaduras de egoísmo y crueldad nuestro, porque exiges de nosotras un corazón entero, ¡Gracias, Jesús nuestro, por vencernos tantas veces, de nuestros orgullos y vanidades!

HOMBRES:

Y así como juegas con el corazón de los humanos para santificarlos, así también juegas,
Dueño irresistible, con la salud de tus hijos; y sacas de sus dolencias la salud del alma; también sabes cambiar los quebrantos de la fortuna, en manantiales de fe; y también en ocasiones, del hambre y la desgracia sacas la resurrección y la vida. Bendito seas, mil y mil veces Corazón de Jesús, por ser providente, benigno y salvador; porque de nuestras grandes desolaciones sabes producir efluvios de paz, dulzuras inefables y delicias de cielo.

MUJERES:

Divino agonizante de Getsemaní, te bendecimos y alabamos por las tribulaciones y pruebas con que has querido hacemos participar de las glorias de tu sangre. Espinas del Sagrado Corazón de Jesús, fórmanos la corona que aprisione el nuestro Torturas y agonía de Jesús Sacramentado, apaga nuestra sed del amor terreno y has que crezca en nosotros la sed de tu Eucaristía. Cruz bendita y dolores infinitos de Nuestro Señor Jesucristo, crucifica nuestra sensualidad y nuestro orgullo. Herida sangrienta del Sagrado Corazón de Jesús, danos entrada a tu Huerto de la agonía, para conocer tu amor y alcanzar una sublime santidad.

HOMBRES:

Señor Jesús, cuán grande es tu tristeza al ver a tantas almas condenarse. También nosotros sufrimos al imaginar lo que Tú estás viendo y palpando. Hiere nuestros corazones que están ansiosos de glorificarte; queremos ver santificado tu nombre y que tu sangre siga redimiendo a todos nuestros hermanos que te tienen en el olvido. Llámalos nuevamente; seremos felices si le arrebatamos aunque sea un alma al infierno, con nuestro clamor de desagravio en esta HORA SANTA, para mayor gloria de tu Corazón Sacramentado. Recoge nuestra plegaria, Señor y salva a tantos que están en peligro de perderse.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 1

A los soberbios negadores que rechazan la existencia de un Dios, Creador del cielo y de la tierra y de todo cuanto existe.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 2

A los infelices que niegan. Salvador Nuestro, tu Encarnación maravillosa, que no quieren que Tú seas nuestro hermano por naturaleza humana.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 1

A los que propagan estas negaciones y hacen de ellas bandera de combate, en contra de tu Evangelio y de tus derechos soberanos.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 2

A los que seducidos por esas palabras tenebrosas, reniegan de tu fe y se apartan de tu amor y de tu ley.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 1

A los que conspiran rabiosamente, tratando de destruir las instituciones cristianas y que han jurado acabar contigo en la ruina de tu Iglesia TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA.

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 2

A los que odian tanto tu Persona Divina y pretenden borrar tu cruz de la conciencia de los niños, del alma de pueblo y del hogar.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 1

A los que, con apariencia de luz y con delicadeza de formas, pretenden, sin violencia, eliminar, Señor, tu Persona Divina, de todas las actividades de la vida.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 2

A los que por ignorancia culpable, hacen caso omiso de tu palabra y viven tranquilos, lejos del ambiente de la fe y de tas insinuaciones de tu gracia,

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 1

A los ricos, que apoyados en la abundancia de sus bienes, compran influencias, cometen injusticias, se burlan de tus leyes y se ponen al borde de su condenación.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 2

En fin, Jesús, a los millares de almas, que en lejanas tierras, viven, se agitan y duermen en sombras fatales de pragmatismo, de herejía y de muerte.

TODOS JUNTOS EN VOZ ALTA

¡CONVIÉRTELOS, JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!

LECTOR No. 3

Señor, Jesús, Tú quisiste confiamos el Corazón de la Virgen María para reparar tus penas y las suyas, cuando reciben las ofensas de los que pretenden ser cristianos y rechazan tu última palabra que dijiste a Juan en el Calvario, cuando hablaste de esta manera: "HIJO, ahí tienes a tu Madre". En Juan estábamos presentes todos tus hermanos. Ahora te decimos: Señor, la aceptamos confundidos y te ofrecemos en desagravio, los dolores, las penas, los llantos y las plegarías de todas las madres que te adoran en la tierra y que aclaman a María como Reina. ¡Tú sabes. Divino
Maestro, el caudal de amor y de sinceridad que existe en sus almas de heroínas! ¡Tú sabes cuánto valen, cómo oran, cómo aman, cuánto sufren!

LECTOR No. 4

¡Señor Jesús! Por el recuerdo de María Inmaculada, por las lágrimas que derramaste al verla llorar en tu ausencia, por las afrentas que sufriste en tu pasión ignominiosa, dígnate escuchar a todas las madres de la tierra, que ahora te piden sufriendo, a tus pies ensangrentados.

Míralas como lloran, con fe ardorosa, la redención de sus hogares; escucha cómo te aclaman Rey, sobre la cuna de sus hijos, sobre el sepulcro de sus esposos. Ellas te piden la victoria decisiva de tu Divino Corazón; en el confían todos los tesoros de su amor de madres, ¡son tantas las que temen por el porvenir cristiano de sus hijos! ¡Tú ves sus sufrimientos profundos, cuando sienten los primeros extravíos de ellos! ¡Son tantas las que ven con ojos llorosos, que las diversiones mundanas, las malas amistades y las lecturas peligrosas, amenazan sus conciencias y temen por la salvación de los suyos!

LECTOR No. 5

¡Señor Jesús! Tú les confiaste a esas madres las almas del esposo y de los hijos. Y ellas las depositaron con amor, sobre el altar de tu adorable Corazón. ¡0h Jesús! Acuérdate en esta HORA SANTA de tu Santísima Madre, como la recordaste en el Huerto de Getsemaní y en obsequio de tus ternuras y también a sus virtudes y sus dolores, salva sus hogares, salva sus familias.

Señor, si una sola Madre conmovió tu Corazón y obtuvo la Resurrección de su Hijo, a petición de tantas madres doloridas, en ésta hora omnipotente, santifica el santuario del hogar, que Tú, como Rey de amor, estás ambicionando.

TODOS JUNTOS (De rodillas)

¡Amable Prisionero del altar! En ésta HORA SANTA, tu caridad nos ha vencido. Tú lo sabes, hoy lo hemos dejado todo para venir contigo; para pedirte con santo apremio, por el advenimiento de tu reino.

¿Qué esperas, Jesús, para vencernos?

Esta es la hora de tu gran misericordia y del poder irresistible de tu amor. Deseamos, antes de dejarte en la suavísima penumbra de tu prisión sacramental, exclamar con el corazón, llenos de amor:

¡VENGA A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!

LECTOR No. 6

Ven a reinar sobre nosotros, antes que Satanás y el mundo, te arrebaten las conciencias y profanen, en tu ausencia, todos los estados de la vida.

TODOS JUNTOS

¡VENGA A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!

LECTOR No. 7

Adelántate, Jesús y triunfa en todos los hogares. Reina en ellos y concédeles tu paz inalterable, que prometiste a todos los que vienen a invocarte.

TODOS JUNTOS

¡VENGA A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!

LECTOR No. 6

No demores Maestro muy amado, porque muchos padecemos aflicciones y amarguras, que solamente Tú, las puedes remediar.

TODOS JUNTOS

¡VENGA A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!

LECTOR No. 7

Ven, Señor, Tú eres fuerte y poderoso. Eres el Dios vencedor en las batallas de la vida.
Muéstranos tu pecho herido, como esperanza celestial en el trance de nuestra muerte.

TODOS JUNTOS

¡VENGA A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!

LECTOR No. 6

Queremos que Tú seas el éxito prometido en nuestros trabajos. Que seas Tú nada más, la inspiración y recompensa en todas nuestras empresas.

TODOS JUNTOS

¡VENGA A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!

Señor Jesús, hemos podido velar esta hora contigo y gustosos nos quedaríamos encadenados al Sagrario para siempre, si tu amor lo consintiera. Nos vamos llevando tu paz y la esperanza de una nueva vida, que deseamos que sea regida por Ti,

Nos despedimos con la satisfacción de haberte dado a Ti, Nuestro Maestro, alivio de caridad, desagravio de fe y reparación de amor, que Tú reclamaste a tu confidente Margarita María.

Atiende nuestras súplicas y auméntanos la devoción a tu Divina Persona en el Sacramento de la Eucaristía. Enciende nuestros corazones en el fuego inacabable de tu Sagrado Corazón.