LO
QUE NOS DICE EL PLAN DIOCESANO DE PASTORAL
129.
La experiencia de los discípulos de Emaús se puede contemplar
así: Jesús resucitado está en la Eucaristía.
Verdaderamente está escondido, pues cuando quieren fijar sus
ojos y retenerle (asegurarse de su presencia) Él ya se ha ido.
Pero Él está ahí, como vida de los suyos que ilumina
la desilusión de la comunidad y de todo el caminar de la Iglesia.
242.
3º.- Una espiritualidad eucarística. Jesús encomendó
a sus Apóstoles en la noche de la Cena: "Haced esto en conmemoración
mía". San Pablo nos dice que la comida eucarística
es para la edificación de la Iglesia: "El pan es uno, y
así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque
comemos todos del mismo pan" (1Cor 10,17). Así pues, un
fruto de la Eucaristía es el de una unión más profunda
con toda la comunidad que vive la vida de Cristo, es decir, con toda
la Iglesia, y con cada uno de sus miembros. Más que nunca, un
mundo acuciado por el hambre, tiene necesidad de saber que el único
pan que puede saciarlo es el pan que da vida nueva y que estimula el
apetito por una vida nueva, la vida de Dios en nosotros.
243.
La Eucaristía impulsa el crecimiento de la Iglesia que se construye
a sí misma en la caridad. La Eucaristía tiende a desarrollar
todos los aspectos y todas las actitudes del amor recíproco.
"La Eucaristía es el lugar privilegiado para el encuentro
con Cristo vivo. Por ello los Pastores del pueblo de Dios en América,
a través de la predicación y la catequesis, deben esforzarse
en dar a la celebración eucarística dominical una nueva
fuerza, como fuente y culminación de la vida de la Iglesia, prenda
de su comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación a la
solidaridad como expresión del mandato del Señor: 'que
se amen unos a otros, como yo los he amado' (Jn 13, 34)" (IA 35).
Hay que reafirmar que la "presencia real" de Jesucristo continúa
después de la Misa como alimento y para ser adorado.
HORA SANTA
LECTOR
DIRECTOR (Todos de rodillas)
Esta
noche nos hemos reunido para adorar y desagraviar a Nuestro Divino Rey
Sacramentado, ambicionando crecer en nuestro amor a su Divina Persona.
Deseamos preparar nuestras almas para recibirlo santa y dignamente el
VIERNES PRIMERO, recordando LA GRAN PROMESA que el SAGRADO CORAZÓN
DE JESÚS le hizo a Santa Margarita María Alacoque, cuando
le dijo: "TE PROMETO, EN LA EXCESIVA MISERICORDIA DE MI CORAZÓN,
QUE SU AMOR OMNIPOTENTE DARÁ A TODOS LOS QUE COMULGUEN NUEVE
VIERNES PRIMEROS DE MES SEGUIDOS, LA GRACIA DE LA PENITENCIA FINAL.
NO MORIRÁN EN MI DESGRACIA Y SIN HABER RECIBIDO LOS SACRAMENTOS;
MI DIVINO CORAZÓN SERA SU ASILO SEGURO EN LOS ÚLTIMOS
MOMENTOS."
Con la
confianza en sus palabras, iniciamos esta HORA SANTA
TODOS
JUNTOS
Te adoramos,
Jesús Sacramentado, te bendecimos y te damos gracias porque tu
Corazón Divino está redimiendo al mundo. Sálvanos
como se lo prometiste a tu sierva Margarita María; sálvanos,
te rogamos, por el amor de tu Madre Inmaculada. Te pedimos hoy una luz
especial para conocer tu Divino Corazón y gracia para amarle
y darle gloria.
LECTOR
VOZ DE JESÚS (Todos sentados)
Ustedes
no me han elegido a Mí, Yo los he predestinado y los he seleccionado
entre millares para venir hoy conmigo en esta HORA SANTA y sublime de
intimidad conmigo; de las confidencias, de las ternuras y de las gracias
que les tengo reservadas en mi lastimado Corazón.
Acérquense,
tiéndanme sus brazos, arránquenme las espinas, bríndenme
consuelos; estoy desfallecido de amor y de amargura, acérquense
conmigo. ¡Los he amado tanto!
Si están
ustedes aquí, en esta cena deliciosa de mi caridad, sintiendo
los ardores de mi
Corazón, es porque los he preferido gratuitamente. Ustedes sí
que son míos. Vengan pues y coman conmigo, a la sombra de Getsemaní,
el pan de mis dolores.
Necesito
desahogar mi alma con ustedes, porque en ella hay tristezas que los
ángeles no conocen y lágrimas que no corren en el cielo.
Siento ansias de hablarles en confidencia dolorosa, íntimamente.
Si no pueden penetrar todo el abismo de mis congojas, no importa; ustedes
llevan como Yo, una fibra que solloza, y que herida por la tempestad,
gime con angustia. Los ángeles vienen a sostenerme en este huerto
de la agonía; pero ustedes están más cerca que
ellos, del mar de mis quebrantos; ustedes pueden beber mis lágrimas,
pueden endulzarlas, sufriendo mi pasión y mis dolores. Apártense
hoy del mundo, dejen sus mentiras y el recuerdo de sus amoríos;
y aquí, a mis plantas, conduélanse con el Dios encarcelado,
que quiere participarles su amor doliente, su amor crucificado. Ese
amor que, estremecido de agonía, dio la paz y dio la vida al
mundo.
TODOS
JUNTOS
¡Señor,
haz que veamos! Danos la luz para saborear la hiel de tus tristezas
infinitas; concédenos el favor de penetrar con viva fe en tu
alma dolorida. Divino Agonizante, sé benigno con nosotros. Aunque
somos pecadores, pon en ésta HORA SANTA, el cáliz de Getsemaní
en nuestros labios; danos de beber en tu Corazón. ¡Tenemos
sed de Ti, Jesús-Eucaristía!
LECTOR
VOZ DE JESÚS
Ustedes
me conocen, hijos míos, porque escuchan mis palabras de vida
eterna; y al conocerme a Mí, conocen a mi Padre, pues Yo soy
el camino que a Él conduce. Pero piensen que hay millones de
sus hermanos, creados para adorarme, redimidos para bendecirme, que
levantan contra el cielo este grito de blasfemia... ¡DIOS NO EXISTE!
Hasta mi trono de paz, hasta ese altar de mansedumbre, llega ese grito
airado, eco de la rebeldía de Luzbel. Esos mismos que me niegan
viven de mi aliento y se agitan en el mar de mi bondad, y, sin embargo,
me rechazan de palabras y con sus obras,
Yo, solo
Yo, no existo para ellos. Mi nombre les perturba, mi yugo suave les
aterra, mi Calvario les irrita. ¡Todos ellos me blasfeman!
¡Y
ellos buscan la paz! ¿Qué paz puede sentir el que no adora,
el que no espera, el que no me ama a Mí, que soy la Vida? y con
que tranquilidad prescinden de mi persona en todo, absolutamente en
todo lo grande y lo pequeño de su vida. Yo no tengo parte en
la ternura de sus madres, en el desvelo de sus padres, ni en el cariño
de los hijos. Se me excluye en absoluto de la alegría del hogar.
No se me llama ni por un recuerdo vago, en sus duelos, al abrirse alguna
tumba crudelísima. En sus empresas, en sus proyectos, en tantas
incertidumbres y desgracias me tienen relegado al más completo
olvido. ¿Lo pueden creer ustedes, almas tan amadas de mi Sagrado
Corazón?
Yo, Creador
y Redentor, no tengo en millares de almas la parte que en su corazón
y pensamiento, tienen los servidores, las avecillas y las flores de
sus casas. ¡Así me paga el mundo el haberme entregado por
su amor, a la muerte, más que de Cruz, de Eucaristía!
LECTOR
DIRECTOR (Todos de rodillas)
Recemos
en voz alta, con fe ardorosa, un Credo, en reparación solemne,
por esa negación de Dios y de Jesucristo, en que viven tantos
infelices descreídos.
TODOS
JUNTOS (Pausadamente, sin adelantarse ni atrasarse)
Creo
en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra; creo en
Jesucristo, su único Hijo, que fue concebido por obra y gracia
del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto
y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día
resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está
sentado a la diestra de Dios Padre; desde allí ha de venir a
juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo
en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión
de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección
de los muertos y la vida eterna. Amén
LECTOR
VOZ DE JESÚS
Desde
hace siglos llevo el Corazón doliente y anegado en lágrimas
¡Cuantas
almas, cuyo precio fue mi sangre, se han condenado!
Eran
destinadas a abrasarse en las llamas de mi amor y han caído,
por millares, al abismo de otras llamas de castigo y vengadoras. ¡Y
son las mías! Óiganlas; están maldiciendo, desde
lo profundo de su infierno, mi cuna de Belén, mi pobreza, mi
primera llamada a los humanos. Maldicen mi cruz, marcada con sangre
en su conciencia. Maldicen mi Iglesia, que les ofreció los tesoros
de la redención. Maldicen mi Eucaristía, desdeñada
por ellos, que hubieran vivido eternamente, si se hubieran alimentado
con el pan de la inmortalidad de mi Corazón Sacramentado. ¡Cuántos
de esos réprobos estuvieron alguna y muchas veces, como están
ustedes, a mis plantas. ¡Y sin embargo, se perdieron! Los llamé,
corrí tras ellos, los estreché en mis brazos, pero rompieron
todas mis cadenas; eligieron gozar por un instante y después
llorar con llanto eterno. Y ahora maldicen con eterna maldición.
¡Y fueron míos! ¡Cómo laceró, en Getsemaní,
mi alma, esa sentencia de reprobación irrevocable! ¡Y fueron
míos todos! Mías fueron esas legiones incontables de condenados
al suplicio de una cólera infinita.
¡Los
tuve aquí, sobre mi pecho, al borde del abismo de mi amante Corazón!
Y me los arrebató otro abismo, para siempre. Y ahora son lágrimas
arrancadas para siempre de mis ojos. Criaturas despedidas para siempre
de mi reino, hijos desechados, por los siglos de los siglos, del hogar
del cielo. Tras ellos se han cerrado las puertas de un infierno. Y mi
Corazón herido, ha quedado abierto por la fuerza de esa angustia
inenarrable; para que ustedes, que me aman, tengan en el una vida superabundante,
un cielo, una vida eterna.
TODOS
JUNTOS
Besamos
tus manos atravesadas por los clavos. Jesús, Y por tu agonía
del Huerto de los
Olivos, libra a los consoladores de tu Corazón, de las llamas
del infierno.
Besamos
tus pies despedazados, Jesús- Y por tu agonía del Huerto
de los Olivos, libra a los amigos de tu Corazón de una reprobación
eterna.
Besamos
tu costado abierto, Jesús. Y por tu agonía del Huerto
de los Olivos, libra a los
apóstoles de tu Corazón, del suplicio de maldecirte eternamente.
LECTOR
VOZ DE JESÚS (Todos sentados)
¿Y
saben cuál es el camino fácil, que puede llevarlos a la
reprobación final? Hiriendo mi
Corazón con el pecado de la horrenda ingratitud; abusando de
la misericordia de éste Dios, que es todo caridad; yo soy Jesús,
que quiere decir, Salvador. Vine para los que tienen necesidad de medicina,
de paz y fortaleza, y, sobretodo para los que necesitan perdón,
misericordia y mucho amor. A esos enfermos les mostré la piscina
de toda salud; mi Corazón lo absuelve todo. ¡Pero de esta
ternura han abusado tantos!
Jamás
he negado el perdón a quien me lo ha pedido con humilde contrición,
porque mi bondad es infinita; porque espero con paciencia inalterable
al hijo prodigo; porque a su regreso, olvido sus olvidos y hago fiesta
para celebrar a la oveja que llega ensangrentada al redil de mis amores.
Por esto, tantos colman la medida y se condenan por abusar de la absolución
que les otorgo.
Deténganse,
hijos míos, en la pendiente de ese camino y lloren el extravío
fatal de tantos hermanos suyos que me hieren, porque soy Jesús
dulcísimo con ellos.
LECTOR
DIRECTOR
Pidámosle
a Jesús, aquí presente, por tantas caídas y recaídas
que hemos tenido, por abusar de su gran misericordia, especialmente
en los Sacramentos de la Confesión y la Eucaristía.
Digámosle
llenos de fervor.
TODOS
JUNTOS (De rodillas)
¿Qué
tenemos, Señor, que Tú no nos hayas dado?
¿Qué sabemos, que Tú no nos hayas enseñado?
¿Qué valemos, si no estamos a tu lado?
¿Qué merecemos, si no estamos unidos a Ti?
¡Perdónanos
las faltas que contra Ti hemos cometido! Porque nos creaste sin haberlo
merecido y nos redimiste sin que te lo hubiéramos pedido.
Mucho
hiciste en crearnos y mucho más en redimirnos; no serás
menos poderoso para perdonamos.
Pues
la mucha sangre que derramaste y la dolorosa muerte que padeciste, no
fue por los ángeles que te alaban, sino por nosotros y todos
los pecadores que te hemos ofendido.
Si te
hemos negado, déjanos reconocerte; si te hemos injuriado, déjanos
alabarte; si te hemos ofendido, déjanos servirte.
Porque
es más muerte que vida, la que no está empleada en tu
santo servicio.
LECTOR
VOZ DE JESÚS (Todos sentados)
Tengo
una amable confidencia que hacerles todavía; recíbanla
con especial cariño, porque quiero hablarles de mi Madre.
Ella
jamás estuvo ausente de mi Corazón; su nombre repercutía
en él con especial ternura en mis horas de soledad y de agonía.
En Getsemaní
pensé mucho en ella; la vi llorar amargamente la muerte del Hijo
y de los
Hijos...; su dolor hizo desbordar el cáliz de mis amarguras.
Atado
a la columna, despedazaron mi carne, y al hacerlo, flagelaron también
a la Virgen
Inmaculada que me dio esa carne pura, para ser hermano de ustedes en
su regazo.
En ese
mismo instante, mientras salpicaban los verdugos las paredes del calabozo
con mi sangre, pude ver, en el transcurso del tiempo, el ultraje que
harían a mi Madre, los que negarían su maternidad divina,
ofendiendo al mismo tiempo, al Hijo y a la Madre.
Otros
muchos pretenden adorarme y la relegan al olvido; eso hiere en lo más
vivo mi
Sagrado Corazón adolorido.
¡María
es de ustedes! ¡Es su Madre! ¡Ámenla y háganla
amar! ¡Denme un gran consuelo en esta HORA SANTA! Uniendo mis
lágrimas a las de mi dulce Madre, al consolar mi entristecido
Corazón.
TODOS
JUNTOS
Señor
Jesús, te pedimos perdón por el gran dolor que te causan
tantos cristianos indiferentes con tu Madre Santísima; por tantos
disidentes y protestantes que rechazan su amor y menosprecian o niegan
la dignidad y prerrogativas de la Virgen María. Enséñanos
a amarla y venerarla con todas las fuerzas de nuestras almas. Es tu
Madre y nos la diste como Madre a todos nosotros, cuando estabas clavado
en la Cruz. Es nuestra intercesora ante Ti, te suplicamos tu gracia
para no ser nosotros ingratos y mal agradecidos con Ella.
LECTOR
VOZ DE JESÚS
Y ahora,
háblenme ustedes, cuyos nombres tengo inscritos en mi Divino
Corazón.
Háblenme con palabras que broten de lo más íntimo
de sus almas, unidas a la mía por lazos de dolor y de inmenso
cariño.
Si tienen
tristezas, cuéntenmelas. Si sienten el tedio de la vida y al
mismo tiempo el sobresalto de la muerte, óiganmelo. Háblenme
sobre todo de las santas ambiciones que sienten por verme consolado
y luego de contemplarme como Rey de amor, deseando alcanzar la misericordia
de mi Sagrado Corazón, díganme todos sus deseos que yo
quiero escucharlos.
TODOS
JUNTOS (De rodillas)
EN
DOS COROS
MUJERES:
Señor
Jesús, en esta HORA SANTA, traemos a tus pies una queja amabilísima
Nos presentamos cargados los hombros con tus mercedes, colmada el alma
con tus favores, mientras Tú arrastras fatigado, agonizante y
moribundo la cruz de nuestras iniquidades.
HOMBRES:
No es
posible Maestro, que para el culpable destines principalmente la deliciosa
pesadumbre de tu largueza y el cáliz de tus ternuras y que reserves
para Ti los residuos de tu agonía, la hiel de los olvidos y las
perfidias incontables de la tierra.
MUJERES:
Comparte
con nosotras Jesús Sacramentado, en ésta HORA SANTA, todas
las tristezas y aunque no lo merezcamos, acéptanos como Cirineos
en la vía desolada, dolorosa, que conduce a la cima del Calvario.
Te agradecemos los sinsabores de la vida. Los aceptamos resignadas,
en expiación muy justa por tantas faltas propias y ajenas.
HOMBRES:
Te bendecimos
por las espinas que has hecho brotar en nuestro camino con el fin de
alcanzar tu misericordia. Tú no ignoras como se resiente nuestra
naturaleza en los combates que tenemos con la enfermedad, con la pobreza,
con la calumnia, con la ingratitud, con los olvidos, con el cansancio
de la vida, con la tristeza y con las incertidumbres. Estamos hablando
con Jesús Sacramentado, nuestro hermano que nos conoce y nos
ama, porque tiene un Corazón de carne como el nuestro.
MUJERES:
Te bendecimos,
Jesús nuestro, por aquellas decepciones que nos hacen apartarnos
de las criaturas con que convivimos. Tú permites que nos acerquemos
a ellas, porque esperas que tengamos afectos de caridad y de perdón
para consolar sus corazones doloridos y le das energía y paz
a nuestro espíritu. Y luego, Tú mismo rompes esas ligaduras
de egoísmo y crueldad nuestro, porque exiges de nosotras un corazón
entero, ¡Gracias, Jesús nuestro, por vencernos tantas veces,
de nuestros orgullos y vanidades!
HOMBRES:
Y así
como juegas con el corazón de los humanos para santificarlos,
así también juegas,
Dueño irresistible, con la salud de tus hijos; y sacas de sus
dolencias la salud del alma; también sabes cambiar los quebrantos
de la fortuna, en manantiales de fe; y también en ocasiones,
del hambre y la desgracia sacas la resurrección y la vida. Bendito
seas, mil y mil veces Corazón de Jesús, por ser providente,
benigno y salvador; porque de nuestras grandes desolaciones sabes producir
efluvios de paz, dulzuras inefables y delicias de cielo.
MUJERES:
Divino
agonizante de Getsemaní, te bendecimos y alabamos por las tribulaciones
y pruebas con que has querido hacemos participar de las glorias de tu
sangre. Espinas del Sagrado Corazón de Jesús, fórmanos
la corona que aprisione el nuestro Torturas y agonía de Jesús
Sacramentado, apaga nuestra sed del amor terreno y has que crezca en
nosotros la sed de tu Eucaristía. Cruz bendita y dolores infinitos
de Nuestro Señor Jesucristo, crucifica nuestra sensualidad y
nuestro orgullo. Herida sangrienta del Sagrado Corazón de Jesús,
danos entrada a tu Huerto de la agonía, para conocer tu amor
y alcanzar una sublime santidad.
HOMBRES:
Señor
Jesús, cuán grande es tu tristeza al ver a tantas almas
condenarse. También nosotros sufrimos al imaginar lo que Tú
estás viendo y palpando. Hiere nuestros corazones que están
ansiosos de glorificarte; queremos ver santificado tu nombre y que tu
sangre siga redimiendo a todos nuestros hermanos que te tienen en el
olvido. Llámalos nuevamente; seremos felices si le arrebatamos
aunque sea un alma al infierno, con nuestro clamor de desagravio en
esta HORA SANTA, para mayor gloria de tu Corazón Sacramentado.
Recoge nuestra plegaria, Señor y salva a tantos que están
en peligro de perderse.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 1
A los
soberbios negadores que rechazan la existencia de un Dios, Creador del
cielo y de la tierra y de todo cuanto existe.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 2
A los
infelices que niegan. Salvador Nuestro, tu Encarnación maravillosa,
que no quieren que Tú seas nuestro hermano por naturaleza humana.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 1
A los
que propagan estas negaciones y hacen de ellas bandera de combate, en
contra de tu Evangelio y de tus derechos soberanos.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 2
A los
que seducidos por esas palabras tenebrosas, reniegan de tu fe y se apartan
de tu amor y de tu ley.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 1
A los
que conspiran rabiosamente, tratando de destruir las instituciones cristianas
y que han jurado acabar contigo en la ruina de tu Iglesia TODOS JUNTOS
EN VOZ ALTA.
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 2
A los
que odian tanto tu Persona Divina y pretenden borrar tu cruz de la conciencia
de los niños, del alma de pueblo y del hogar.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 1
A los
que, con apariencia de luz y con delicadeza de formas, pretenden, sin
violencia, eliminar, Señor, tu Persona Divina, de todas las actividades
de la vida.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 2
A los
que por ignorancia culpable, hacen caso omiso de tu palabra y viven
tranquilos, lejos del ambiente de la fe y de tas insinuaciones de tu
gracia,
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 1
A los
ricos, que apoyados en la abundancia de sus bienes, compran influencias,
cometen injusticias, se burlan de tus leyes y se ponen al borde de su
condenación.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 2
En fin,
Jesús, a los millares de almas, que en lejanas tierras, viven,
se agitan y duermen en sombras fatales de pragmatismo, de herejía
y de muerte.
TODOS
JUNTOS EN VOZ ALTA
¡CONVIÉRTELOS,
JESÚS, POR TU DIVINO CORAZÓN!
LECTOR
No. 3
Señor,
Jesús, Tú quisiste confiamos el Corazón de la Virgen
María para reparar tus penas y las suyas, cuando reciben las
ofensas de los que pretenden ser cristianos y rechazan tu última
palabra que dijiste a Juan en el Calvario, cuando hablaste de esta manera:
"HIJO, ahí tienes a tu Madre". En Juan estábamos
presentes todos tus hermanos. Ahora te decimos: Señor, la aceptamos
confundidos y te ofrecemos en desagravio, los dolores, las penas, los
llantos y las plegarías de todas las madres que te adoran en
la tierra y que aclaman a María como Reina. ¡Tú
sabes. Divino
Maestro, el caudal de amor y de sinceridad que existe en sus almas de
heroínas! ¡Tú sabes cuánto valen, cómo
oran, cómo aman, cuánto sufren!
LECTOR
No. 4
¡Señor
Jesús! Por el recuerdo de María Inmaculada, por las lágrimas
que derramaste al verla llorar en tu ausencia, por las afrentas que
sufriste en tu pasión ignominiosa, dígnate escuchar a
todas las madres de la tierra, que ahora te piden sufriendo, a tus pies
ensangrentados.
Míralas
como lloran, con fe ardorosa, la redención de sus hogares; escucha
cómo te aclaman Rey, sobre la cuna de sus hijos, sobre el sepulcro
de sus esposos. Ellas te piden la victoria decisiva de tu Divino Corazón;
en el confían todos los tesoros de su amor de madres, ¡son
tantas las que temen por el porvenir cristiano de sus hijos! ¡Tú
ves sus sufrimientos profundos, cuando sienten los primeros extravíos
de ellos! ¡Son tantas las que ven con ojos llorosos, que las diversiones
mundanas, las malas amistades y las lecturas peligrosas, amenazan sus
conciencias y temen por la salvación de los suyos!
LECTOR
No. 5
¡Señor
Jesús! Tú les confiaste a esas madres las almas del esposo
y de los hijos. Y ellas las depositaron con amor, sobre el altar de
tu adorable Corazón. ¡0h Jesús! Acuérdate
en esta HORA SANTA de tu Santísima Madre, como la recordaste
en el Huerto de Getsemaní y en obsequio de tus ternuras y también
a sus virtudes y sus dolores, salva sus hogares, salva sus familias.
Señor,
si una sola Madre conmovió tu Corazón y obtuvo la Resurrección
de su Hijo, a petición de tantas madres doloridas, en ésta
hora omnipotente, santifica el santuario del hogar, que Tú, como
Rey de amor, estás ambicionando.
TODOS
JUNTOS (De rodillas)
¡Amable
Prisionero del altar! En ésta HORA SANTA, tu caridad nos ha vencido.
Tú lo sabes, hoy lo hemos dejado todo para venir contigo; para
pedirte con santo apremio, por el advenimiento de tu reino.
¿Qué
esperas, Jesús, para vencernos?
Esta
es la hora de tu gran misericordia y del poder irresistible de tu amor.
Deseamos, antes de dejarte en la suavísima penumbra de tu prisión
sacramental, exclamar con el corazón, llenos de amor:
¡VENGA
A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!
LECTOR
No. 6
Ven a
reinar sobre nosotros, antes que Satanás y el mundo, te arrebaten
las conciencias y profanen, en tu ausencia, todos los estados de la
vida.
TODOS
JUNTOS
¡VENGA
A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!
LECTOR
No. 7
Adelántate,
Jesús y triunfa en todos los hogares. Reina en ellos y concédeles
tu paz inalterable, que prometiste a todos los que vienen a invocarte.
TODOS
JUNTOS
¡VENGA
A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!
LECTOR
No. 6
No demores
Maestro muy amado, porque muchos padecemos aflicciones y amarguras,
que solamente Tú, las puedes remediar.
TODOS
JUNTOS
¡VENGA
A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!
LECTOR
No. 7
Ven,
Señor, Tú eres fuerte y poderoso. Eres el Dios vencedor
en las batallas de la vida.
Muéstranos tu pecho herido, como esperanza celestial en el trance
de nuestra muerte.
TODOS
JUNTOS
¡VENGA
A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!
LECTOR
No. 6
Queremos
que Tú seas el éxito prometido en nuestros trabajos. Que
seas Tú nada más, la inspiración y recompensa en
todas nuestras empresas.
TODOS
JUNTOS
¡VENGA
A NOSOTROS EL REINADO DE TU AMANTE CORAZÓN!
Señor
Jesús, hemos podido velar esta hora contigo y gustosos nos quedaríamos
encadenados al Sagrario para siempre, si tu amor lo consintiera. Nos
vamos llevando tu paz y la esperanza de una nueva vida, que deseamos
que sea regida por Ti,
Nos despedimos
con la satisfacción de haberte dado a Ti, Nuestro Maestro, alivio
de caridad, desagravio de fe y reparación de amor, que Tú
reclamaste a tu confidente Margarita María.
Atiende
nuestras súplicas y auméntanos la devoción a tu
Divina Persona en el Sacramento de la Eucaristía. Enciende nuestros
corazones en el fuego inacabable de tu Sagrado Corazón.
