COMPROMISO EVANGELIZADOR
Este ir nosotros
a Jesús y llevar a El a todos los demás, nos pone delante
la misión que está en el centro de nuestra vocación
cristiana, y que así exponíamos en nuestra exhortación
Pastoral sobre la Fidelidad a la Iglesia: "Somos Iglesia, no sólo
para ser salvos sino, sobre todo, para ser salvadores".
El bautismo, al justificarnos, nos da la gracia que borra el pecado,
nos configura a Cristo, nos incorpora e injerta a El, nos hace miembros
de su Cuerpo, nos comunica su vida, para que siendo participes de su
naturaleza lo seamos taimen de su misión: Como el Padre me envió,
así los envió Yo a ustedes; vayan y prediquen el evangelio.
El cristiano, según el Señor es fermento, luz y sal; y
la luz, el fermento y la sal nos son útiles para sí sino
para los demás.
Por lo mismo nuestra vocación cristiana nos exige no sólo
el provecho nuestro, sino la utilidad de los otros. "Lo que es
el alma en el cuerpo eso son los cristianos en el mundo; tal es el puesto
que Dios les señaló, y no les es licito desertar de él.
Nuestra vocación
cristiana es vocación de servicio; nuestra ocupación esencial
es evangelizar; llevar a todos con las palabras y con el ejemplo de
la vida, la Buena Nueva de la esperanza y de la salvación que
tenemos en Cristo Jesús. "Los fieles cristianos dondequiera
que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de sus
vida y el testimonio de la palabra, al hombre nuevo de que se revistieron
por el bautismo". Por esta importancia señalábamos
la "evangelización" como prioridad de la acción
pastoral de la Iglesia en nuestra Patria y ahora, también la
próxima reunión episcopal latinoamericana, de Puebla,
se va a ocupar de ella.
TESTIMONIO
DE VIDA
El testimonio
de vida, personal y comunitario, es el primer paso de una genuina evangelización;
es vivir lo que creemos y creer lo que vivimos, de tal suerte que los
demás al contemplar nuestras obras, glorifiquen al padre, perciban
el sentido auténtico de la fe y vida cristianas, y saquen de
nuestro ejemplo deseos y fuerzas para ser mejores.
CONVERSIÓN DEL CORAZÓN
La condición
primera y absolutamente indispensable para fundamentar nuestra misión
evangélica y dar con nuestra vida el testimonio de nuestra fe,
es la conversión interna del corazón que es dolor y arrepentimiento
del pecado, que es unión con Dios por la fe, que es verdad, es
esperanza y es amor conversión de la persona endiosada en si
misma y centrada en su egoísmo. Conversión que s un cambio
de actitud, de criterios, de conducta, para reconocer que somos pequeñas
criaturas de Dios, objeto de su amor, de su ley y de sus promesas.
Esta conversión
de actitud y mentalidad no estarían completa si no incluye también
una conversión para con nuestros hermanos, principalmente los
humildes, los pobres, los desvalidos, los que sufren injusticias, esta
atención por los que sufren carencias, por los despojados, por
los que no tienen voz para defenderse será la señal de
la legitimidad de nuestra acción evangelizadora y de la genuinidad
de nuestro cristianismo.
Conversión
del corazón que Dios por Ezequiel menciona: "les daré
un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu
nuevo, quitaré de su carne el corazón de piedra y les
daré un corazón de carne" es decir: por el Espíritu
que infunde en las almas convertirá nuestro corazón egoísta
y duro en un corazón que sienta y ame.
Si cada uno
de nosotros no se siente pecador ante Dios y culpable, al menos por
tantas omisiones, de la situación de injusticia y pecado que
vivimos; si nunca somos "nosotros" sino siempre es el "otro",
el responsable que tiene la culpa, seremos , a lo más, elocuentes
predicadores de lo que otros tienen que hacer, pero ni nosotros nos
salvaremos ni lograremos mejorar la situación. A este respecto
se aplican muy bien las palabras de San Agustín a sus fieles
de Hipona: "En esta ciudad hay muchos hogares en los que no vive
ningún pagano, y no hay ninguno donde no viva algún cristiano;
si, por lo mismo, los cristianos influyan en sus hijos, siervos, amigos,
vecinos, no habría males ni injusticias.
Vean, por tanto, que no habrían cosas malas si los cristianos
no las quisieran."
