SOLEMNIDAD DE
MARIA MADRE DE DIOS
 

 

Noé Francisco Estrada Hernández. III de Filosofía


Hoy ante el amor que manifestamos por María por ser nuestra Madre, es necesario que nosotros mismos dejemos muy en claro que reconocemos a María como Madre auténtica de Jesucristo.

Por eso debemos afirmar que la gracia de María es su Maternidad divina, todas las gracias, dones y privilegios que le precedieron fueron la preparación para se Madre de Dios y todas las que le siguieron son las consecuencias de aquella gracia central.

La predestinación de María es del todo singular y única porque, como enseña S.S.Pío IX, por el mismo decreto por el cual predestino a María para que fuera Madre de Dios.

La redención de María también es única, porque todas las gracias que recibió en la tierra y toda la gloria de que goza en el cielo, Dios se las concedió en virtud de los méritos previstos de Jesucristo Nuestro señor.

En su concepción, María no solo fue preservada de la mancha del pecado original, sino de todo pecado personal y aún de toda imperfección. María recibió una plenitud de gracia, y con ella todas la virtudes y los dones del Espíritu Santo.

Imposible que exista una dignidad más excelsa que ser Madre de Dios. Por ello, María entra en relación con las Tres Divinas Personas de la Trinidad. El padre le comunica, de una manera única, su fecundidad al darle por hijo a su propio Hijo.

El padre engendra eternamente a Aquél a quien María engendra en el tiempo. El Padre le dice: "Tu eres mi Hijo, hoy Yo te he engendrado". Y María tiene la audiencia de decirle también: "Tu eres mi Hijo, Yo te he engendrado".

Las relaciones de María con el Hijo son las incomparablemente íntimas que una madre tiene con su Hijo verdadero. Forma su cuerpo con la propia sustancia de Ella, y lo alimenta, lo asea, lo viste y lo educa. María se porto como todas las madres, en los pequeños pormenores de la vida familiar. No desconoció sus derechos y sus influjos maternales.

María es el sagrario, el relicario viviente, donde mora el Espíritu Santo. Después del Corazón de Jesús, en ninguna parte se encuentra con tanto gusto y placer como en el Corazón de María, desde su concepción Inmaculada hasta su Gloriosa Asunción. En todo, aun los pormenores de su vida, el Espíritu Santo fue su guía. Y esa intimidad, esa docilidad de María al Espíritu Santo, esa plenitud con la que poseyó, fue creciendo en la medida que la caridad ensanchaba el alma de la Virgen Santísima, hasta un grado que ningún entendimiento puede comprender.

Con toda razón, a María se puede llamar "Esposa del Espíritu Santo". Pues el Ángel le dice a María que para verificar la encarnación: "El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra". Sombra protectora bajo la cual se realiza el gran misterio. Por esto con toda razón Pío IX dice que: "la Santidad y perfección de María es tan grande que solo la de Dios es superior y que, fuera del entendimiento divino, ningún entendimiento creado puede comprenderla. Por consiguiente, Dios no ha creado ni creará una criatura más perfecta y más Santa que María.