Rafael
Hernández Díaz. III de Filosofía
"Nuestra
Señora de Guadalupe, Madre de América"
¡Ruega por nosotros!
En
el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac se resume el gran principio
de la inculturación, forjándonos en el Evangelio. "Ella
es la Madre del amor, la Cooperadora activa en la obra de la redención".
Las
prodigiosas apariciones de Santa María de Guadalupe en la tierra
mexicana ocurrieron entre las mañanas del 9 al 12 de diciembre
de 1531. Primeramente al Indio Juan Diego y después se apareció
su preciosa imagen delante del obispo Fray Juan de Zumárraga.
En
el primer encuentro con Juan Diego la Virgen le dijo que tuviera por
cierto que ella era la siempre Virgen Santa María, Madre del
Verdadero Dios y que mucho deseaba que se le levantara su casita sagrada.
El
mensaje de la dulcísima Señora del Tepeyac, ha penetrado
en el corazón del pueblo de México; es por eso que el
mexicano celebra y venera a la Madre de Dios en un día inolvidable.
Recordando también que María es el puente que lleva hacia
Cristo, y que une a dos culturas muy distintas en la persona de Jesús.
Es
el de un pueblo y un hombre que florece a la vida espiritual; en la
realidad de un mundo cambiante, cuando Juan Diego y el pueblo habían
encontrado al Dios Verdadero y recorrían ya el sendero de Cristo
¿Cómo hubieran podido nuestros ancestros indios aceptar
a Cristo, si Ella no hubiera complementado lo que predicaban los misioneros
adaptando a su mente y cultura?
Este
favor divino empecemos hoy a advertirlo, la aparición de Guadalupe
puede ser calificado como un episodio glorioso en la historia de la
Salvación con una fe y con el corazón fervorosamente Guadalupano,
pidamos a María de Guadalupe que abra los corazones de quienes
gobiernan para que luchen incansablemente por la paz del mundo entero,
y que el odio y las guerras no hagan de nuestras vidas un desorden.
Este
flujo va más allá de la nación mexicana alcanzando
todo el continente de América que históricamente ha sido
y es el crisol dé los pueblos que han reconocido en el rostro
mestizo de la Virgen del Tepeyac los rasgos del mexicano.
Juan
Pablo II llama con un grande amor a Santa María de Guadalupe
cómo "La Morenita del Tepeyac", por lo que le proclama
Reina y patrona de América.
"Nuestra
Señora de Guadalupe, Madre de América,
¡Ruega por nosotros!"
