INMACULADA CONCEPCION
 

 

P. Armando Oliva Varela

Todos los cristianos debemos afirmar que la gracia central de María es su Maternidad divina; todos los dones y privilegios que la predicaron, como su Concepción Inmaculada, la plenitud alcanzada, la virginidad, la impecabilidad fueron la preparación para ser la madre de Dios.

La predestinación de María es del todo singular y única; porque, como enseña S.S. Pío IX: "por el mismo decreto por el cual predestinó a Jesucristo para que fuera su Hijo natural, por ese mismo decreto predestinó a María para que fuera Madre de Dios, con todo lo que esto supone y con todas sus consecuencias". La redención de María fue pues una redención preservadora.

Los teólogos de Occidente, en un principio, opinaron que María recibió a la hora del anunció del ángel la plenitud de los dones del Espíritu Santo; en el año 1834, el Concilio de Basilea publicó una resolución unánime a favor de la Inmaculada Concepción.

Sin embargo hasta el año de 1854 el Papa Pío IX formuló como "dogma católico" lo que la Iglesia siempre había adivinado como disposición divina.

María tiene la belleza fundamental de la imagen de Dios que nunca se manchó.

María es la primera creatura redimida por su divino Hijo, San Lucas define que "el primer sagrario de Jesucristo fue el vientre de la Sma. Virgen María", pues tenía que ser limpia y pura la que en su seno llevara al Cordero sin Mancha.

Admiremos pues, la misericordia salvífica que supremamente, resplandece en la gracia que recibió María: la "Inmaculada de Concepción".