FESTIVIDAD DE LA PURIFICACION
DE NUESTRA SEÑORA
 

 


CONOCIDA COMO LA CANDELARIA
2 FEBRERO

José Alberto Flores Camacho
II Filosofía

La fiesta de la purificación de la Santísima Virgen es una de las más antiguas que celebra la Iglesia. En el año 542, en el tiempo del emperador Justiniano, se celebraba el día 2 de febrero, en que se cumplen puntualmente los cuarenta días desde el nacimiento del Niño Dios.

Llamaron los griegos a esta fiesta "Hipapanto", que quiere decir "Encuentro", por el que tuvieron el viejo Simeón y Ana la profetiza, hallándose en el templo al mismo tiempo que concurrieron en el Hijo de Dios y su Santísima Madre.

Gelasio Papa, que gobernaba la Iglesia treinta años antes que Justiniano fuese emperador, había ya instituido esta fiesta; cuando para desterrar la de los Lupercales, o Purificaciones profanas que celebraban los gentiles en el día 13 o 14 de este mes, instituyó la de la Purificación de la Virgen con la Ceremonia de las Candelas, a fin de borrar con toda la santidad de nuestros misterios las profanaciones y las infamias que cometían los paganos en ese tiempo, llevando antorchas encendida y haciendo muchas ceremonias impías alrededor de sus templos, a las cuales daban nombre de "Lustraciones".

La fiesta de este día comprende dos grandes misterios

La purificación de la Santísima Virgen , y la presentación de Jesucristo. La más pura de todas las vírgenes, que viene a sujetarse a la ley de la purificación, y el Santo de los Santos, el Sacerdote Eterno del Nuevo Testamento, que viene a ofrecerse al Señor como Sagrada víctima.

María en la presentación, sacrifica por amor de los hombres la cosa que más ama como Madre, que es su Hijo; y en la purificación sacrifica, por decirlo así, lo que más aprecia como virgen, que es la gloria de la misma virginidad.

¡Cuantos misterios se encierran en un solo misterio! Un Dios víctima, una Virgen que sólo toma el título y cualidad de madre; un Santo profeta, que teniendo entre sus brazos al Mesías, desenvuelve todo el secreto y toda la economía de nuestra Redención. Todo este conjunto nos predica hoy el amor de un Dios para con los hombres; la ternura de la Madre de un Dios para con los pecadores, el culto de la religión, y la perfecta sujeción a la ley, el ministerio de la humanidad, y la importancia de la salvación.

Siendo todas las ceremonias, no solo santas, sino instituidas para la santificación de los fieles, asiste hoy a la bendición y a la distribución de las candelas, con el mismo espíritu con que la iglesia la practica; esto es para reconocer, amar y adorar con Fe viva al que el Santo Viejo Simeón reconoció, amó y adoró por Salvador del mundo, y como la verdadera luz que había de alumbrar a los gentiles. Y a imitación del acto que tuvo la santa iglesia de abolir con ésta ceremonia las profanas lustraciones de los paganos, no dejes de purificar hay tu alma por medio de una confesión sincera.

¡Quiera el cielo que el ardiente amor de Jesucristo, no impropiamente figurado por la candela encendida, abrase y derrita tu corazón!