Alberto
Vázquez C.
Cada
que damos por concluido un año litúrgico los cristianos
celebramos la Fiesta de Cristo Rey para significar que al final de los
tiempos estará Jesús juzgando a las naciones lleno de
poder como Rey. Al mismo tiempo queremos centrar toda nuestra vida en
Él.
La
figura de Jesús como Rey la anuncia el profeta Daniel en el antiguo
Testamento cuando en su visión ve venir a alguien parecido a
un ser humano (en arameo "hijo de Hombre" y le es entregado
el poder, el honor y el reino y todos los pueblos le servirán
(Cf.Dn 7,13-14); Jesús mismo se auto designa "Hijo del Hombre"
para manifestar con este término su autoridad divina pues tenía
la certeza del ser el que vendría a juzgar a las naciones. Cuando
Pilato le pregunta si él es Rey, éste contesta afirmativamente
(Cf. Jn 18,37), diciendo además que su reino no es de este mundo
(Cf. Jn 18,36). Por último, el apóstol Juan en el libro
de Apocalipsis nos revela a Jesús como el Cordero, Rey de las
naciones las cuales se postraran en su acatamiento (Cf. Ap 15,4).
Pero
este reinado de Jesús no es un reinado como lo entendemos los
humanos: reino de poder o dominio sobre un pueblo, sino que es un reinado
de servicio, de amor al prójimo sobre todo al mas necesitado,
y de ofrenda de la vida pues él mismo ha dicho "no he venido
a ser servido sino a servir y a dar la vida como rescate por muchos"
( Cf. Mc 10,43.45) y "el que quiera ser el primero, que sea el
servidor de todos" (Cf. Mc 9,35), esto lo corrobora con sus actividades
y nosotros lo podemos ver cuando devuelve la vista a un ciego, cura
a un leproso o perdona a la pecadora arrepentida, etc., pero la máxima
muestra de su reinado de amor y servicio es cuando ofrece su vida en
la cruz por nosotros, para arrancarnos de las garras del pecado.
Este
Rey cuyo reino es para servir y no ser servido, quiere prolongar su
reinado a través de los tiempos, par ello instituye doce apóstoles
que continúen su obra, pero como ellos no podían servir
abandonando la Palabra de Dios eligieron a siete hombres de buena fama
para que ejercieran la "diakonia" (servicio) (Cf. Hch 6, 1-6)
estableciéndose así el ministerio en el servicio, sobre
todo en el Altar. Hoy los Diáconos ejercen su ministerio ayudando
en el altar, distribuyendo la Sagrada Comunión, visitando enfermos,
asistiendo matrimonios y administrando el sacramento del Bautismo. Todo
su ministerio se resume en una palabra: el Servicio a Dios en sus Hermanos.
Como
vemos, el Orden del Diaconado esta íntimamente unido a la persona
de Cristo Rey pues la misión del Diácono es la misma que
la de su Rey: Amar intensamente a nuestros hermanos dando la vida por
ellos a través del servicio. Por eso, los diáconos por
naturaleza están llamados a mirar el modelo de servicio y entrega
que es Cristo para que cuando ejerzan su ministerio, ofrezcan su vida
como lo hizo Jesús. Pidamos pues el Señor Jesús
Rey del Universo por todos los diáconos para que llenos del Espíritu
de Jesús entreguen su vida sirviendo con amor a sus hermanos
en el ejercicio de su ministerio y puedan así participar en la
construcción del reino.
