LA
SAGRADA COMUNIÓN ES EL ACTO DE RECIBIR A JESUCRISTO, CON SU CUERPO,
SU SANGRE, SU ALMA Y SU DIVINIDAD, BAJO LAS APARIENCIAS DE PAN Y VINO.
Hay obligación bajo pecado grave, de comulgar una vez al año,
y en peligro de muerte. Dice el Código de Derecho Canónico:
En peligro de muerte, cualquiera que sea la causa de donde ésta
proceda, obliga a los fieles el precepto de recibir la Sagrada comunión
por Viático .
La obligación de comulgar, que antes era por Pascua Florida,
el Nuevo Código de Derecho Canónico, lo expresa así
en el canon 920: Todo fiel, después de la Primera Comunión,
está obligado a comulgar por lo menos una vez al año.
Este precepto debe cumplirse durante el Tiempo Pascual, a no ser que
por causa justa se cumpla en otro tiempo dentro del año . Este
Tiempo Pascual comienza en el Triduo Pascual, el Jueves Santo, y termina
con el domingo de Pentecostés. En España desde 1526 el
Cumplimiento Pascual puede cumplirse desde el Miércoles de Ceniza
hasta el domingo de la Santísima Trinidad .
Para un cristiano, comulgar una vez al año es lo mínimo
. La Iglesia desea que los cristianos comulguen más a menudo,
como lo expresa en el nuevo canon 898: Tributen los fieles la máxima
veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte
activa en la celebración del sacrificio augustísimo, recibiendo
este sacramento frecuentemente.
La comunión frecuente puede ser mensual, semanal y mejor
aún diaria.
La mejor devoción que podemos tener es la comunión diaria
en la Santa Misa . Comulgar es el acto más sublime que podemos
hacer en la vida, pues es recibir a Dios en nuestro corazón.
Jesucristo , que por ser Dios es infinitamente sabio y poderoso, no
pudo dejarnos cosa mejor. Aunque no se puede ni comparar, podemos decir
que con una comunión ganamos más que si nos toca la lotería.
No es exageración. Es una realidad. Y si lo dudamos, es que no
tenemos fe.
Si comulgáramos más, estaríamos acumulando un capitalazo
para la eternidad. Sin embargo, una pereza increíble nos hace
desaprovechar lo más grande y fácil que se nos puede presentar
en la vida.
Pero sobre todo, comulgando damos gusto a Jesucristo . Para eso se ha
quedado en la Eucaristía.
A Jesucristo no le bastó hacerse hombre y morir por los hombres.
Quiso quedarse para siempre entre nosotros en la Eucaristía,
y hacerse pan para unirse a nosotros en la Sagrada Comunión.
Por amor a Él comulga lo más a menudo que puedas. Dice
Cristo que quien comulga, vivirá eternamente .
Pero además, la comunión nos es necesaria porque es el
alimento del alma que la robustece para la lucha de la vida. Quien no
comulga tiene el alma débil, y fácilmente cae en el pecado.
Quien comulga a menudo fortifica el alma y encuentra más fácil
la victoria contra el pecado.
La comunión es el mejor medio de vencer las tentaciones porque
debilita nuestras malas inclinaciones, aumenta la gracia santificante
y nos preserva del pecado mortal .
Si alguna vez no puedes comulgar sacramentalmente, porque no estás
en condiciones, haz al menos una comunión espiritual. La fórmula
de la comunión espiritual:
Yo creo Jesús
mío,
que estas verdaderamente presente
en el Sacramento del altar,
te amo con todo mi corazón
y deseo ardientemente recibirte en mi alma.
Ya que no lo puedo hacer sacramentalmente
ven por lo menos espiritualmente a mi corazón
o Jesús mío no permitas que me aparte de Ti
por el pecado.
Así
sea.
Antes de comulgar, debemos prepararnos con reverencia, pensando que
el que viene a nosotros -pobres pecadores- es nada menos que Jesucristo
, Dios, infinitamente poderoso, Creador del Universo; pero que nos ama
tanto, que se ha querido quedar con nosotros en el sagrario para que
podamos recibirle.
Al comulgar nos empapamos de Cristo como una esponja se empapa de agua
. Es más, al comer el Cuerpo de Cristo, el alimento espiritual
nos transforma a nosotros, y no nosotros al alimento: como cuando comemos
comida material. La idea es de Santo Tomás(580).
Sería un error privarse de la comunión por un sentimiento
exagerado de indignidad propia. Para comulgar fructíferamente
basta estar en gracia de Dios. No es necesario ser santo, sino que comulgamos
frecuentemente para poder serlo.
Lo mejor es comulgar en medio de la Misa, pero si no puedes oír
Misa, al menos comulga.
Los sacerdotes pueden dar la a cualquier hora a todos los fieles que
la pidan razonablemente. Lo mejor es recibirla dedntro de la Santa Misa.
Cuando vayas a comulgar, acércate al comulgatorio con los brazos
cruzados en actitud respetuosa.
Cuando el sacerdote vaya a darte la Sagrada Forma, te dirá: «El
Cuerpo de Cristo». Tú le respondes: «Amén»,
y levantas la cabeza, la echas un poco hacia atrás, abres suficientemente
la boca y sacas un poco la lengua por encima del labio inferior para
que te deposite en ella a Nuestro Señor. Es dificilísimo
dar la comunión a personas que tienen su cabeza inclinada hacia
delante, la boca poco abierta y sin sacar la lengua. Hay peligro de
que se caiga la Sagrada Forma.
Después, retírate a tu puesto. Para tragar con facilidad
la Sagrada Forma, deja que se humedezca un poco con la saliva. Si se
pega al paladar, despréndela con la lengua.
También puedes recibir la Sagrada Forma en la mano, poniendo
la mano izquierda como bandeja y tomando la Sagrada Forma con la derecha.
Después de comulgar debemos darle gracias durante un ratito por
beneficio tan grande, y pedirle por todas nuestras necesidades.
Háblale como a un amigo; pídele por tu familia, para que
todos tengan salud y trabajo, y para que sean buenos y se salven; pídele
por tus amigos, conocidos y compañeros de trabajo; por tu Patria,
el Papa, la Iglesia y los grandes problemas de la Humanidad; o puedes
apoyarte rezaando oraciones ya elaboradas para después de comulgar.
Cuando se deshace la Sagrada Forma, Jesucristo ya no está corporalmente,
pero queda en el alma la gracia santificante, que no se va hasta que
se comete un pecado grave. El pecado grave destruye la gracia santificante.
PARA
COMULGAR ES NECESARIO ESTAR EN GRACIA DE DIOS Y HABER GUARDADO EL AYUNO
EUCARISTICO.
El ayuno
eucarístico , hoy día, se ha reducido a una hora para
sólidos y líquidos (incluso bebidas alcohólicas).
Este mismo margen hay que dejar para las comuniones de media noche (Misa
de Nochebuena).
La hora se entiende aproximadamente. Si faltan cinco o diez minutos,
no importa.
El agua y las medicinas no rompen el ayuno. No importa haberlas tomado
incluso un momento antes de comulgar.
El ayuno eucarístico queda suprimido para los enfermos, aunque
no guarden cama, para los fieles de edad avanzada, y para las personas
que cuidan enfermos y ancianos o familiares de éstos que desean
recibir con ellos la Sagrada Eucaristía A los enfermos se les
puede llevar la comunión a cualquier hora del día o de
la noche . Y a juicio del Obispo, pueden recibir la comunión
bajo la sola especie de vino, si les cuesta tragar.
Normalmente se suele recibir la comunión una vez al día.
Pero se puede comulgar de nuevo, por segunda vez, cualquier día
con tal de que sea oyendo misa entera . También pueden comulgar
por segunda vez en el día los que acompañan al que recibe
el viático .
Se puede comulgar sin haber guardado ayuno eucarístico, en peligro
de muerte y para evitar una irreverencia al Santísimo Sacramento,
por ejemplo, en un incendio, en una inundación, en una persecución
religiosa, etc. En estos casos, si no hay sacerdote, podrá administrar
la comunión, a otros y a sí mismo, cualquier seglar que
esté en estado de gracia. Si uno no está en gracia, que
haga un acto de contrición.
Además del ayuno,
para comulgar hay que estar en gracia de Dios.
Cuando tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, ya no estamos
en gracia de Dios; por lo tanto, así no podemos comulgar; y si
comulgamos sabiendo que estamos en pecado grave, cometemos un pecado
tremendo que se llama sacrilegio . Dice San Pablo que quien comulga
indignamente «se traga su propia condenación»(581).
Aunque con un acto de contrición perfecta -como luego diremos-
se perdonan los pecados, con todo, quien tiene conciencia de estar en
pecado grave no puede comulgar sin antes confesarse, a no ser por causa
grave . Así lo manda la Santa Iglesia, en el Código de
Derecho Canónico .
Causa grave es aquella necesidad moral que, si no se atiende, nos produce
un grave perjuicio; como sería el que los demás adviertan
que estamos en pecado mortal. Por eso, si después de acercarte
a comulgar te das cuenta que estás en pecado grave, no es necesario
que retrocedas: puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición,
con propósito de confesarte después. Si tienes duda de
estar en gracia, puedes comulgar haciendo antes un acto de contrición
. Si en ti hay una verdadera conciencia de pecado y un verdadero arrepentimiento,
puedes hacer un acto de contrición en tres palabras: Dios mío,
perdóname.
Juan Pablo II afirmó que la confesión es imprescindible
para quien tiene conciencia de pecado grave y quiere acercarse a la
comunión. El Papa dijo que la preparación penitencial
del comienzo de la Santa Misa no es suficiente para que pueda comulgar
el que tenga conciencia de pecado grave.
No es necesario confesarse cada vez que uno comulga, a no ser que se
tenga sobre la conciencia algún pecado grave. Dijo Juan Pablo
II el 30 de enero de 1981: «está y estará vigente
siempre en la Iglesia la norma, establecida por San Pablo y por el mismo
Concilio de Trento, por la cual a la digna recepción de la Eucaristía
se debe anteponer la confesión de los pecados, cuando uno es
consciente de pecado grave»(582).Los que creen estar en gracia
de Dios, pueden acercarse a comulgar sin confesarse previamente. Sin
embargo, es muy recomendable hacer siempre un acto de contrición
perfecta antes de acercarse a comulgar.
(580) - SANTO
TOMÁS in 4 Sent. Dist. 12 q. 2, a, 1
(581) - SAN PABLO: 1ª Carta a los Corintios, 11:27ss
(582) - Revista ECCLESIA, 2018 (14-II-81)8.
