JESUCRISTO
ESTÁ AHORA GLORIOSO EN EL CIELO Y EN EL SAGRARIO.
Jesucristo es Dios y Hombre verdadero. Como Dios está en todas
partes. Como Hombre está solamente en el cielo y en el sagrario,
en el Sacramento de la Eucaristía.
El sagrario es lo principal de la iglesia; aunque a veces no está
en el altar mayor. El sagrario es una especie de casita, con su puerta
y con su llave. Allí está Jesucristo , y por eso, al lado
hay encendida una lamparita. Siempre que pasemos por delante, debemos
poner la rodilla derecha en tierra, en señal de adoración,
lo mismo si está reservado que si está expuesto .
Las imágenes merecen nuestra veneración y respeto porque
están en lugar del Señor, de la Virgen y de los Santos,
a quienes representan. Son sus retratos, sus estatuas. Pero lo que hay
en el sagrario no es un retrato o estatua de Jesucristo, sino el mismo
Jesucristo, vivo, pero glorioso: como está ahora en el cielo.
Las imágenes no se adoran, se veneran. A Jesucristo , en el sagrario,
sí lo adoramos. Adoración consiste en tributar a una persona
o cosa honores de Dios. Se llama culto de latría . Se diferencia
del culto de dulía que consiste en la veneración que se
tributa a todo lo que no es Dios, pero se relaciona con Él (imágenes,
reliquias, etc.). A los santos se les tributa culto de dulía,
que es de intercesión ante Dios.
La adoración sólo se tributa a Dios . El doblar la rodilla
tiene distintos significados, según la voluntad del que lo hace:
ante la Eucaristía es adoración, ante una imagen es veneración,
ante los reyes es reverencia. La veneración de las imágenes
no va dirigida a la materia de la que está hecha (piedra, madera,
lienzo o papel) sino a la persona a la que representa . Cuando tú
besas la foto de tu madre, tu beso no se dirige al papel fotográfico
sino a tu madre en persona.
La idolatría se dirige a la imagen misma.
Dice el Concilio II de Nicea: el honor tributado a la imagen va dirigido
a quien está representado en ella .
El Dios del Antiguo Testamento no tenía cuerpo. Era invisible.
No se le podía representar por imágenes. Las imágenes
de aquel tiempo eran ídolos. Pero desde que Cristo se hizo la
imagen visible del Dios invisible , como dice San Pablo , es lógico
que lo representemos para darle culto .
Los textos de la Biblia que prohíben hacer imágenes(563)
son para los del Antiguo Testamento, por el peligro que tenían
de caer en la idolatría como los pueblos vecinos. Ya no valen
hoy día; como tampoco valen otras leyes del Antiguo Testamento,
por ejemplo, la circuncisión , y la pena de muerte para los adúlteros.
El Nuevo Testamento perfecciona el Antiguo .
Los textos del Nuevo Testamento que hablan de los ídolos, se
refieren a auténticos ídolos adorados por paganos, pero
no a simples imágenes.
Por eso el Concilio Ecuménico de Nicea del año 787, justificó
el culto de las sagradas imágenes.
Las imágenes son la Biblia del pueblo. Decía San Gregorio
Magno : Las imágenes son útiles para que los iletrados
vean en ellas lo que no son capaces de leer en los libros.
Los Testigos de Jehová , hasta el saludo a la bandera nacional
lo consideran como un acto de idolatría . Esto es absurdo.
Es muy importante que consideres a Jesucristo en el sagrario, no como
una cosa, sino como una Persona que siente, que ama, que te está
esperando. Jesucristo está en el sagrario, deseando que vayamos
a visitarle. Debemos ir con frecuencia a contarle nuestras penas y necesidades,
y a pedirle consuelo y ayuda.
Es muy buena costumbre entrar a saludar a Jesucristo al pasar por delante
de una iglesia, al menos una vez al día. Aunque sea brevemente.
Por mucha prisa que tengas puedes entrar un momento y decir:
Señor:
Yo creo que estás aquí presente en el Santísimo
Sacramento de la Eucaristía.
Te adoro con todo mi corazón, como al único Dios verdadero.
Te amo sobre todas las cosas.
Te doy gracias por todos los beneficios que de Ti he recibido.
Te pido por todo por todas mis intenciones.
Te ruego que me ayudes en todo lo que necesite. Amén.
No has tardado ni un minuto.
Algunas veces, se hace la exposición del Santísimo Sacramento.
Los fieles se arrodillan ante Él para adorar al Señor,
darle gracias por su amor, y pedirle su ayuda. Al final de la exposición,
se da la bendición con el Santísimo a los fieles: entonces,
es el mismo Cristo quien les bendice y derrama sobre ellos sus gracias.
JESUCRISTO
ESTA REAL Y VERDADERAMENTE PRESENTE EN EL SAGRARIO, AUNQUE ENCUBIERTO
BAJO APARIENCIAS DE PAN, EN LA HOSTIA CONSAGRADA.
JESUCRISTO
TAMBIÉN ESTÁ ENCUBIERTO BAJO APARIENCIAS DE VINO EN EL
CÁLIZ CONSAGRADO.
En la Eucaristía permanecen el olor, color y sabor del pan y
del vino; pero su substancia se ha convertido en el Cuerpo y en la Sangre
de Jesucristo.
Substancia es aquello por lo cual algo es lo que es. Lo que hay de permanente
en el ser, por lo cual subsiste. No lo que es transitorio y accidental,
que no es esencial y constante, y que necesita una substancia donde
residir: como son el color, el olor y el sabor .
La Hostia, antes de la Consagración, es pan de trigo. La Hostia,
después de la Consagración, es el Cuerpo de Jesucristo
, con su Sangre, su Alma y su Divinidad. Del pan sólo quedan
las apariencias, que se llaman especies sacramentales.
En el cáliz, antes de la Consagración, hay vino de uva.
En el cáliz, después de la Consagración, está
la Sangre de Cristo , con su Cuerpo, su Alma y su Divinidad. Del vino
sólo quedan las apariencias, que se llaman especies sacramentales.
Jesucristo en razón de su única Persona está entero
en cada una de las dos especies sacramentales; por eso, para recibirlo,
no es necesario comulgar bajo las dos especies de pan y vino: basta
cualquiera de las dos para recibirlo entero .
La palabra
griega «soma» en la antropología hebrea significa
cuerpo en su totalidad; no en contraposición con la sangre. Igualmente
la palabra «aima» (sangre) significa lo que es el hombre
en su totalidad. Cristo repite la misma idea para confirmarla, para
remacharla. Es un paralelismo llamado «climático»
muy frecuente en el modo de hablar hebreo.
EL
PAN Y EL VINO SE CONVIERTEN EN EL CUERPO Y EN LA SANGRE DE JESUCRISTO
EN LA SANTA MISA POR LAS PALABRAS QUE EL SACERDOTE DICE EN EL MOMENTO
DE LA CONSAGRACION, PUNTO CENTRAL DE LA MISA
Por eso las normas litúrgicas dicen que durante la consagración
los fieles deben ponerse de rodillas, si no hay motivo razonable que
lo impida. Y así lo han recordado varios obispos.
En la elevación podrías decir en silencio: «Señor
mío y Dios mío, que tu santa redención consiga
mi salvación eterna y la de todos los que han de morir hoy. Amén».
Jesucristo
instituyó la Eucaristía para perpetuar por los siglos,
hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y alimentar nuestras almas
para la vida eterna.
En su Ultima Cena, Jesucristo , instituyó el sacrificio eucarístico
de su Cuerpo y de su Sangre.
Jesús ofreció aquel día en el cenáculo el
mismo sacrificio que iba a ofrecer pocas horas más tarde en el
calvario: con anticipación, se entregó por todos los hombres
bajo las apariencias de pan y vino.
Con las palabras «haced esto en memoria mía»(564),
Jesús dio a los Apóstoles y a sus sucesores el poder y
el mandato de repetir aquello mismo que Él había hecho:
convertir el pan y el vino, en su Cuerpo y en su Sangre, ofrecer estos
dones al Padre y darlos como manjar a los fieles.
Jesucristo está en todas las Hostias Consagradas entero en cada
una de ellas . Aunque sea muy pequeña. También un paisaje
muy grande se puede encerrar en una fotografía muchísimo
más pequeña. No es lo mismo; pero esta comparación
puede ayudar a entenderlo.
La presencia de Cristo en la Eucaristía es inextensa, es decir,
todo en cada parte. Por eso al partir la Sagrada Forma, Jesucristo no
se divide, sino que queda entero en cada parte, por pequeña que
sea . Lo mismo que cuando uno habla y le escuchan dos, aunque vengan
otros dos a escuchar, también oyen toda la voz. La voz se divide
en doble número de oídos, pero sin perder nada. Esta comparación,
que es de San Agustín , puede ayudar a entenderlo.
Todo esto es un gran misterio, pero así lo hizo Jesucristo que,
por ser Dios, lo puede todo. Lo mismo que, con su sola palabra hizo
milagros así, con su sola palabra, convirtió el pan y
el vino en su Cuerpo y en su Sangre cuando dijo: «Esto es mi Cuerpo...,
éste es el cáliz de mi Sangre...»(565).
En otra ocasión dijo: «Mi carne es verdadera comida y mi
sangre verdadera bebida»(566). Y los que oyeron estas palabras
las entendieron en su auténtico sentido; por eso no pudieron
contenerse y dijeron «dura es esta doctrina»(567). Los discípulos
que las oyeran las entendieron de modo real, no simbólico. Por
eso dice San Juan que cuando le oyeron esto a Jesús algunos,
escandalizados, le abandonaron diciendo: esto es inaceptable . Les sonaba
a antropofagia. Si lo hubieran entendido en plan simbólico no
se hubieran escandalizado.
El mismo San Pablo también las entendió así. Por
eso después de relatar la institución de la Eucaristía
añade rotundamente: «de manera que cualquiera que comiere
este pan o bebiere este cáliz indignamente, será reo del
Cuerpo y de la Sangre del Señor»(568).
Por todo esto los católicos creemos firmemente que en la Eucaristía
está el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre de Jesucristo
. Las interpretaciones simbólicas y alegóricas de los
no católicos son inadmisibles.
La presencia de Cristo en la Eucaristía es real y substancial
.
El sentido de las palabras de Jesús no puede ser más claro.
Si Jesucristo hablara simbólicamente, habría que decir
que sus palabras son engañosas. Hay circunstancias en las que
no es posible admitir un lenguaje simbólico. Qué dirías
de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia y lo que
luego te dejara fuera una fotografía de ella» Si no queremos
decir que Jesucristo nos engañó, no tenemos más
remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan
realmente lo que expresan.
La Biblia de los Testigos de Jehová traduce falsamente en el
relato de la Cena: «esto significa mi Cuerpo». Sin embargo,
todos los manuscritos y versiones, sin excepción, traducen «esto
es mi Cuerpo»(569). No es lo mismo el verbo «ser»
que el verbo «significar».
La bandera significa la Patria, pero no es la Patria.
Es cierto que nosotros no podemos comprender cómo se convierten
el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo ; pero tampoco
comprendemos cómo es posible que la fruta, el pan, un huevo,
un tomate o una patata se conviertan en nuestra carne y en nuestra sangre,
y sin embargo esto ocurre todos los días en nosotros mismos.
Claro que la transformación que sufren los alimentos en nuestro
estómago es del orden natural, en cambio la transubstanciación
del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo es de orden sobrenatural
y misterioso.
Este misterio se llama Santísimo Sacramento del Altar y, también,
la Sagrada Eucaristía.
La presencia de Cristo en la Eucaristía está confirmada
por varios milagros eucarísticos que, ante las dudas del sacerdote
celebrante u otras circunstancias, las especies sacramentales se convirtieron
en carne y sangre humana, como consta por los exámenes científicos
realizados en los milagros de Lanciano, Casia y otros(570).
La Misa
es el acto más importante de nuestra Santa Religión, porque
es la renovación y perpetuación del sacrificio de Cristo
en la cruz.
En la Misa se reactualiza el sacrificio que de su propia vida hizo Jesucristo
a su Eterno Padre en el calvario, para que por sus méritos infinitos
nos perdone a los hombres nuestros pecados, y así podamos entrar
en el cielo. En la Misa se hace presente la redención del mundo.
Por eso la Misa es el acto más grande, más sublime y más
santo que se celebra cada día en la Tierra.
Decía San Bernardo : el que oye devotamente una Misa en gracia
de Dios merece más que si diera de limosna todos sus bienes .
Oír una Misa en vida aprovecha más que las que digan por
esa persona después de su muerte.
Con cada Misa que oigas aumentas tus grados de gloria en el cielo.
La única diferencia entre el sacrificio de la Misa y el de la
cruz está en el modo de ofrecerse : en la cruz fue cruento (con
derramamiento de sangre) y en la Misa es incruento (sin derramamiento
de sangre), bajo las apariencias de pan y vino. «Los sacrificios
de la Ultima Cena, el de la Cruz y el del altar, son idénticos»(571).
Todos los fieles que asisten al Sacrificio Eucarístico lo ofrecen
también al Padre por medio del sacerdote, quien lo realiza en
nombre de todos y para todos hace la Consagración .
A los hombres nos gusta celebrar los grandes acontecimientos:
bautizos, primeras comuniones, bodas, aniversarios, etc. Estas celebraciones
suelen consistir en banquetes. La Eucaristía es un banquete para
conmemorar la Ultima Cena. Los cristianos nos reunimos para participar,
con las debidas disposiciones, en el banquete eucarístico.
. Hay quienes dicen que no van a Misa porque no sienten nada.
Están en un error. Las personas no somos animales sentimentales,
sino racionales . . El cristianismo no es cuestión de emociones,
sino de valores. Los valores están por encima de las emociones
y prescinden de ellas. Una madre prescinde de si tiene o no ganas de
cuidar a su hijo, pues su hijo es para ella un valor. Quien sabe lo
que vale una Misa, prescinde de si tiene ganas o no. Procura no perder
ninguna, y va de buena voluntad.
Para que la Misa te sirva basta con que asistas voluntariamente, aunque
a veces no tengas ganas de ir. La voluntad no coincide siempre con el
tener ganas. Tú vas al dentista voluntariamente, porque comprendes
que tienes que ir; pero puede que no tengas ningunas ganas de ir.
Algunos dicen que no van a Misa porque para ellos eso no tiene sentido.
Cómo va a tener sentido si tienen una lamentable ignorancia religiosa»
A nadie puede convencerle lo que no conoce. A quien carece de cultura,
tampoco le dice nada un museo. Pero una joya no pierde valor porque
haya personas que no saben apreciarla. Hay que saber descubrir el valor
que tienen las cosas para poder apreciarlas.
Otros dicen que no van a Misa porque no les apetece, y para ir de mala
gana, es preferible no ir. Si la Misa fuera una diversión, sería
lógico ir sólo cuando apetece. Pero las cosas obligatorias
hay que hacerlas con ganas y sin ganas. No todo el mundo va a clase
o al trabajo porque le apetece. A veces hay que ir sin ganas, porque
tenemos obligación de ir. Que uno fume o deje de fumar, según
las ganas que tenga, pase.Pero el ir a trabajar no puede depender de
tener o no ganas. Lo mismo pasa con la Misa. Ojalá vayas a Misa
de buena gana, porque comprendes que es maravilloso poder mostrar a
Dios que le queremos, y participar del acto más sublime de la
humanidad como es el sacrificio de Cristo por el cual redime al mundo.
Pero además, la asistencia a la Misa dominical es obligatoria,
pues es el acto de culto público oficial que la Iglesia ofrece
a Dios.
La Misa es un acto colectivo de culto Dios. Todos tenemos obligación
de dar culto a Dios. Y no basta el culto individual que cada cual puede
darle particularmente. Todos formamos parte de una comunidad, de una
colectividad, del Pueblo de Dios, y tenemos obligación de participar
en el culto colectivo a Dios. No basta el culto privado.
El acto oficial de la Iglesia para dar culto a Dios colectivamente,
es la Santa Misa. El cumplimiento de las obligaciones no se limita a
cuando se tienen ganas. Lo sensato es poner buena voluntad en hacer
lo que se debe.
El cristianismo es una vida, no un mero culto externo. El culto a Dios
es necesario, pero no basta para ser buen cristiano.
La asistencia a Misa es sobre todo un acto de amor de un hijo que va
a visitar a su Padre: por eso el motivo de la asistencia a Misa debe
ser el amor.
Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la
Santa Misa. Le oí decir a un sacerdote, que hablaba del valor
de la Misa, que si a él le ofrecieran un millón de pesetas
para que un día no celebrara la Santa Misa, él, sin dudarlo,
dejaría el millón, no la Misa. Al oír esto pensé
que yo también haría lo mismo. Unos días después
al decir yo esto en unas conferencias que estaba dando en Écija,
el millón me pareció poco, y dije: diez, cincuenta, cien,
mil millones, ni por todo el oro del mundo dejaría yo de decir
una sola misa. Repartiendo mil millones de pesetas yo podría
hacer mucho bien: pues ayudo más a la humanidad diciendo una
Misa; pues los mil millones de pesetas tienen un valor finito, y la
Santa Misa es de valor infinito. «Una sola Misa glorifica más
a Dios que le glorifican en el cielo por toda la eternidad todos los
ángeles y santos juntos, incluyendo a la Santísima Virgen
María, Madre de Dios»(572) . La razón es que la
Virgen y los Santos son criaturas limitadas, en cambio la Misa, como
es el Sacrificio de Cristo-Dios, es de valor infinito
Siendo la Santa Misa «reproducción incruenta del sacrificio
del calvario, tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que
el sacrificio de la cruz»(573).
La Misa se celebra por cuatro fines :
1 Para adorar a Dios dignamente. Todos los hombres estamos obligados
a adorar a Dios por ser criaturas suyas. La mejor manera de adorarle
es asistir debidamente al Santo Sacrificio de la Misa.
2 Para satisfacer por los pecados nuestros y de todos los cristianos
vivos y difuntos.
3 Para dar gracias a Dios por los beneficios que nos hace: conocidos
y desconocidos por nosotros.
4 Para pedir nuevos favores del alma y del cuerpo, espirituales y
materiales, personales y sociales.
Para alabar a Dios, para darle gracias por un beneficio, para pedirle
un nuevo favor, para expiar nuestros pecados, para aliviar a las almas
del purgatorio, etc., etc., lo mejor es oír Misa.
Por lo tanto, nuestras peticiones, unidas a la Santa Misa tienen mayor
eficacia. Pero la aplicación del valor infinito de la Misa depende
de nuestra disposición interior.
La Misa se ofrece
siempre solamente a Dios , pues sólo a Él debemos adoración,
pero a veces se dice Misa en honor de la Virgen o de algún santo,
para pedir la intercesión de ellos ante Dios.
Una sola Misa, bien oída, nos aprovecha más que mil Misas
que nos apliquen después de nuestra muerte.
Muchos cristianos tienen la costumbre de ofrecer Misas por sus difuntos
. Es ésta muy buena costumbre, pues una Misa ayuda a un difunto
mucho más que un ramo de flores sobre su tumba.
Cuando se encargan Misas se suele dar una limosna al sacerdote que la
dice para ayudar a su sustento, según quería San Pablo(574).
Pero de ninguna manera debe considerarse esta limosna como precio de
la Misa, que por ser de valor infinito, no hay en el mundo oro suficiente
para pagarla dignamente. Lo que se da al sacerdote no es el precio de
lo que recibimos, sino que le damos un donativo para ayudar a su sustento
con ocasión de la ayuda espiritual que él nos ofrece.
La Liturgia es la oración pública y oficial de la Iglesia.
El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Sagrada
Liturgia, ha recalcado la importancia de la Liturgia en la formación
de los cristianos de hoy: «la Liturgia es la cumbre a la cual
tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo la fuente de donde
mana toda su fuerza»(575). Pero primero dice que «la Sagrada
Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia»(576), y después
que «la participación en la Sagrada Liturgia no abarca
toda la vida espiritual»(577). «Por eso, junto a la liturgia
y con justa autonomía, han de fomentarse otras expresiones, culturales
o no, como la evangelización, la catequesis, el apostolado, los
ejercicios ascéticos, la acción caritativa y social, y
la vida de testimonio en el mundo»(578).
La Liturgia en nada se opone, sino al contrario, exige vehementemente
un intenso cultivo de la vida espiritual, aun fuera de las acciones
litúrgicas, con todos los medios ascéticos acostumbrados
y conocidos en la tradición cristiana .
Hay que tener cuidado de que el despliegue que van alcanzando las celebraciones
litúrgicas comunitarias no se produzca a base de pisar y expropiar
su terreno a la piedad y oración privadas.
Porque en tal caso el auge de las celebraciones litúrgicas ya
no estaría de acuerdo ni con la letra ni con el espíritu
de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia. Hoy padecemos
una hipertrofia del sentido comunitario. Se pretende a veces que lo
común sobresalga de tal modo que ahogue lo individual. Pero todos
los movimientos que en la pendular historia de las ideas han pasado
por un máximo excesivo, han terminado por reducirse a sus justos
términos .
«El hombre tiene un valor inalienable en sí mismo. Aunque
él se salva en comunidad, se salva en virtud de su respuesta
individual al llamamiento a participar en la vida de esta comunidad»(579).
NOTAS
(563) - Éxodo, 20:4
(564) - Evangelio de San Lucas, 22:19
(565) - Evangelio de San Mateo, 26:26ss
(566) - Evangelio de San Juan, 6:56
(567) - Evangelio de San Juan, 6:61
(568) - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 11:27ss
(569) - G. HERBERT, S.I.: Los Testigos de Jehová, su historia
y su doctrina, III, 3. a. Ed. PPC. Madrid, 1973. Éste es uno
de los mejores libros para refutar con profundidad los errores de los
Testigos de Jehová.
(570) - BOB-PENNY LORD: Milagros de la Eucaristía, I, V, XV.
Librería Niño Jesús. San Jorge 357, Santurce. Puerto
Rico
(571) - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología Moral para
Seglares, 2º, 2ª, III, 98. Ed. BAC. Madrid
(572) - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: Teología de la Perfección
Cristiana nº 235. Ed. BAC. Madrid
(573) - ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.:Teología Moral para Seglares,2º,
2ª, III,nº100.Ed.BAC. Madrid
(574) - SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 9:13s
(575) - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución
sobre la Sagrada Liturgia, nº 10
(576) - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución
sobre la Sagrada Liturgia, nº 9
(577) - Concilio Vaticano II: Sacrosantum Concilium: Constitución
sobre la Sagrada Liturgia, nº 12
(578) - Documento de la Comisión Episcopal de Liturgia del 1-XI-1987
(579) - Pastoral Colectiva de los Obispos de los EE.UU.: Revista ECCLESIA
nº 1376(3-II-68)
