EL PADRE
NUESTRO
El rito de preparación a la comunión
comprende varias partes: El Padrenuestro y su embolismo, el rito de
la paz, el rito de la fracción, oraciones privadas e invitación
a comulgar.
Tienen
como finalidad intensificar nuestros sentimientos: humildad y respeto
de confianza, de pureza y de amor fraterno.
EL PADRE
NUESTRO es universalmente empleado en este rito, ya ubicado según
lo usamos nosotros, ya después de la fracción.
El respeto y la estima hacia él se muestra en las moniciones
iniciales. No se puede decir de cual quier modo: es preciso antes darse
cuenta de que vamos a dirigirnos a Dios como a PADRE. Y eso no se dice
a la ligera. San Juan en su primera epístola (3,1) dice admirado:
"¡Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para Ilamarnos
hijos de Dios, pues lo somos!"
En la
antigüedad era objeto de la disciplina del arcano o del secreto:
no se enseñaba hasta poco antes de recibir el bautismo. Un pagano
no puede entender suerte tan grande como tener a Dios por Padre. ¿Nos
maravillamos nosotros?... Las tres primeras peticiones son un resumen
de las ideas de la plegaria eucarística: glorificación
de Dios (santificado sea tu nombre), que venga su reino (epíclesis),
actitud de entrega a su voluntad, que supone el sacrificio.
En la
2ª parte destacan la petición del pan cotidiano, que también
es, y quizá principalmente, la eucaristía: la petición
de perdón, para acercarnos con corazón puro, y el perdón
ofrecido o caridad fraterna.
Al llamar
a Dios Padre nuestro nos confesamos hermanos. "Es la oración
íntima y entrañable de la gran familia de los hijos de
Dios, reunidos en Cristo por el Espíritu Santo" (A. Rey).
El embolismo
o añadidura insiste en las dos últimas peticiones: que
nos libre del pecado y de los demás males y nos conceda la paz.
Sigue
la aclamación -ardiente, como deben ser todas las aclamaciones-
a Cristo, nuestro Salvador.
"Tuyo
es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor".
RITO DE PAZ
La mayor
parte de las liturgias tienen este rito después de la oración
de los fieles. Por eso Tertuliano la llama "sello de la oración".
Y ahí está en relación con la presentación
de ofrendas y con la advertencia del Señor: "Si vas a presentar
tu ofrenda al altar y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra
ti, deja allá tu ofrenda y ve primero a reconciliarte con tu
hermano" (Mt 5,23-23). A veces se ha limitado a los que comulgan.
Una manera de darlo ha sido durante mucho tiempo el uso de portapaz,
que todos iban besando.
La forma
actual es más rica. Supone reconciliación y expresión
de caridad. La enemistad no es compatible con la vida en Cristo. Dios
es Padre de todos y ante El no podemos odiar a nadie. En esto el cristianismo
es tremendamente exigente para bien de cada uno y de todos.
Al dar la paz al vecino o vecinos, la intención deber ser amplia:
hemos de querer expresar nuestro deseo de paz, de fraternidad, de amor,
a todos los hombres, particularmente a todos los hermanos en la fe.
Es la ocasión de restaurar las posibles heridas que nos afectan.
Debe,
incluso, tener intención ecuménica: que todos los que
confesamos a Cristo nos sintamos hermanados en El.
Una vez
más vemos que la liturgia es exigente: Compromete nuestra vida
si de veras la vivimos. De lo contrario estamos acumulando realizaciones
vacías de contenido o hipócritas. No nos exige ser perfectos:
siempre seguiremos con miserias y pe cados; pero sí nos exige
voluntad de ir quitando cuanto nos distancia de Dios y del prójimo.
RITO
DE FRACCION
Partir
el pan fue uno de los gestos o acciones que Cristo realizó en
la última Cena. y los primeros cristianos dieron tanta importancia
a esta acción, que a lo que nosotros ahora llamamos misa o euca
ristía ellos lo llamaban "la fracción del pan".
Este
rito comprende tres elementos:
a) fracción
b) el canto del Cordero
c) la mezcla o comixtión
La fracción es un gesto práctico: se parte para distribuir
y para comer. Pero lleno de simbolismo o significado. El padre o la
madre de familia parten para sus hijos el pan que han ganado, es decir,
el sustento, condensado en el pan. Y así resulta expresión
de la comunidad de vida y del amor que la envuelve.
San Pablo
ve en el pan único, que luego es partido, la síntesis
de ideas que en él son básicas: "Aun siendo muchos,
un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo
pan". (1 Cor 10,17).
Nada
de extraño que en la antigüedad se diera gran solemnidad
a este rito. Obispo, sacerdo tes y diáconos participaban en la
fracción.
Con la
introducción de hostias pequeñas perdió importancia,
aunque ahora se trata de volver a valorarlo convenientemente.
El canto
del Cordero de Dios es un confractorio o canto de fracción. El
Cordero, Cristo, nos habla:
De banquete
pascual, en el que se comía un cordero.
De sacrificio
redentor. Isaías nos muestra al cordero degollado por nuestros
delitos, y Juan Bautista ve a Jesús teñido en sangre,
cuando lo señala como cordero que quita el pecado.
De triunfo
final, según muestra el Apocalipsis .a Cristo, cordero que fue
inmolado, pero que reina para siempre. A este Cordero, alimento, redentor
y esperanza, cantamos con amor.
La mezcla de un trozo de la Hostia con el vino se ha usado con varios
fines: ablandar el pan, expresar la unión de un sacrificio con
el anterior y con el siguiente (fermento), manifestar la unión
del Papa. Lo mismo hizo con obispo con otros obispos o sacerdotes a
quienes se enviaban trozos de hostia consagrada para que pusieran en
su cáliz en signo de unidad. En algunos ritos quieren con ello
significar la resurrección de Cristo.
Nos interesa
subrayar el sentido de unidad.
En su
conjunto, el rito de la fracción posee rico simbolismo; que habla
por sí solo.
PREPARACION
PARA LA COMUNION
La misa
tiene varios aspectos esenciales.
Es Eucaristfa:
acción de gracias y alabanza, porque es reiteración de
la gran oración de ese estilo que hizo Jesús en la Cena.
Es memorial:
la realizamos porque Cristo nos mandó: "Haced esto en memoria
mía". Y reactualiza la presencia de Cristo entre nosotros
y el efecto de sus misterios.
Es sacrificio:
El mismo de Cristo hecho nuevamente presente para que nosotros ofrezcamos
juntamente con El, que siempre vive para el Padre.
Es convite:
Cristo lo estableció en forma de comida y bebida. Tomó
pan, dio gracias, lo partió y lo entregó a los suyos para
que comieran. Lo mismo hizo con el cáliz para que bebieran. Son
cuatro verbos, cuatro acciones encadenadas. Como reproducción
de la Cena, es evidente su carácter de convite.
También
lo es en cuanto a sacrificio, según la costumbre que existía
para casi todos ellos. Quien ofrecía un sacrificio, participaba
luego de él. Una parte solía ser quemada; la otra la comían
los sacerdotes y el que ofrecía. Era como invitación de
Dios a su mesa. En realidad, sólo puede ofrecer dignamente quien
dignamente puede participar del sacrificio, quien es amigo de Dios.
En la
antigüedad, en la Iglesia sólo podían llevar los
dones en el momento de las ofrendas quienes podían luego comulgar.
De los indignos no debía recibir ofrendas el presidente.
Vimos cómo a lo largo de la plegaria se hace alusión a
la participación del altar que luego vendrá. No se debe
comulgar si no se está bien preparado: Pero se debe vivir de
modo que se pueda comulgar. Es lo más natural: si venimos es
porque seguimos a Cristo. Ha de haber lógica en nuestra vida.
El culto no es un expediente social: es un compromiso al mismo tiempo
que un honor.
El realmente
indigno debe tratar de enmendarse. Pero tal vez son bastantes los que
se creen indignos y no lo son. Si de veras quieren servir y amar a Cristo,
no es fácil que cometan un pecado que los separe radicalmente
de Dios. Que eso es el pecado mortal, y no algunas debilidades.
Por otra
parte, para vivir cristiana mente hay que comulgar: "Quien come
mi carne y bebe mi sangre, mora en mí y yo en él".
(Jn 6,56). Lo normal es comulgar en la Misa, del sacrificio que se ofrece.
Y bajo ambas especies. Lástima que todavía las normas
de la Iglesia son estrechas, en parte, por los abusos cometidos.
-El sacerdote
dice en voz baja una de dos oraciones propuestas, menos importantes,
en las que pide perdón y los frutos de la comunión.
Nosotros
podemos prepararnos ya con ellas ya con otras más espontáneas.
-A continuación
se nos muestra a Cristo sacramentado, levantando la hostia sobre el
cáliz, mientras dice el presidente:
Este
es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los llamados
a esta cena.
Eso es
una invitación a comulgar. Lo de Cordero empalma con el canto
de fracción; y la frase, va cuajada de admiración y emotividad,
como la que debió sentir el Bautista al señalar a Cristo,
al que tantos siglos habían estado esperando. También
nos habla de sacrificio.
El "dichosos
los llamados a esta cena" es invitación y, al mismo tiempo,
reconocimiento de la suerte que nos cabe al recibir a Cristo.
-Entre
los orientales se pone en este momento una frase que es al mismo tiempo,
invitación y advertencia a acercarse debidamente: "Lo santo
para los santos".
-Como
respuesta tomamos las palabras del centurión, llenas de fe, de
humildad y de confianza: "Señor, no soy digno de que entres
a mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme".
LA COMUNION
-Llegamos al momento al que la misa va conduciendo por su propio dinamismo,
a la comunión a la que venimos mirando desde la presentación
de dones, la epíclesis de comunión, el padrenuestro y
las demás oraciones preparatorias. La comunión es la culminación
natural de la celebración.
-Es cierto
que, además de las fallas en las personas, que no se encuentran
preparadas para la participación plena en la celebración
por medio de la comunión, en la misma ordenación de la
liturgia algunas prácticas oscurecen un tanto el aspecto de banquete.
Se han ido simplificando tanto las cosas, que en la forma actual, aunque
substancialmente se conserva lo instituido por Cristo, no brilla convenientemente
el aspecto de convite o de cena: rara vez se toma la preciosa sangre;
las hostias apenas si se pueden decir que son pan por su color, forma
y tamaño... Con eso los fieles se han ido quedando cada vez más
pasivos y no sienten la celebración como acción propia
de ellos, sino del sacerdote.
-En la
antigüedad se combinaban muy bien el gran respeto que señalan
escritos como los de Tertuliano, San Hipólito, Orígenes,
San Agustín, San Cirilo de Jerusalén, con la libertad
o naturalidad en la manera de comulgar.
-Casi
sin interrupción se ha acostumbrado a cantar durante la comunión
especialmente algunos salmos, como el 33, en el que se dice: "Gustad
y ved qué bueno es el Señor" y se le bendice con
gozo: "Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está
siempre en mi boca. Proclamad conmigo las grandezas del Señor..."
O el 22, que habla del buen pastor que cuida amorosamente de su rebaño:
"... en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes
tranquilas y repara mis fuerzas... preparas ante mí una mesa...
mi copa rebosa". O el 144: "... tú les das la comida
a su tiempo; abres tu mano y sacias de favores a todos los vivientes..."
-¿Qué
mejor que cantar alabando al recibir la eucaristía?
ACCION
DE GRACIAS DESPUES DE COMULGAR
-Eucaristía
significa acción de gracias, y la plega- ria central o anáfora
es fundamentalmente acción de gracias-alabanza.
Con todo,
muy oportunamente se dedica después de la comunión un
tiempo a la acción de gracias por el favor que nos ha hecho Cristo.
Generalmente
se enfoca la acción de gracias como exigida por la comunión
recibida. Bien está eso, pero debe incluir, no sólo ese
motivo, sino todo el acto cultural realizado. Hemos de agradecer a Dios
la maravilla del culto al que nos llama asociados a Cristo.
-La Iglesia dispone que se esté un rato en recogido silencio
o bien que se entone un salmo, un himno u otro canto de alabanza.
Siempre
la actitud de mirada agradecida y de alegre alabanza: la Iglesia es
constante en el tono de su oración: abarca todos los aspectos
sin olvidar nunca lo más fundamental: alabar a Dios.
-Generalmente, se dedica un tiempo muy corto a este recogido silencio
o al canto. Pecamos de vivir de prisa. También es debido a que
en las asambleas populares sólo un porcentaje no muy elevado
comulga, y la estructura de la misa está pensada para quienes
participan en ella plenamente.
-En la
oración última, llamada poscomunión, la Iglesia,
nosotros, pedimos que se realice lo que es normal en el sacramento,
pero que nosotros estorbamos. Por ejemplo:
"Penetrar
con fe profunda el misterio celebrado".
Sentir
hambre de Cristo, pan vivo y verdadero.
Que se
acreciente en nosotros el fruto de la salvación.
-Miramos,
por tanto, hacia la vida ordinaria a la que volveremos en breve, al
acabar la acción litúrgica.
