Es
la fiesta más grande que tenemos los cristianos para alabar,
agradecer, pedir a Dios lo que necesitamos y ofrecernos por medio de
Jesús al Padre, (ya que celebramos el Sacrificio de Cristo en
la cruz) .
Nunca
digas que vas a Misa a "rezar", a recogerte, a levantar tu
alma hacia Dios. Todas estas cosas las puedes hacer en tu casa, mientras
que la Misa es algo más: es una celebración comunitaria
y festiva.
Lo que
allí ocurre, lo que allí se hace no es algo impreciso,
sino algo muy concreto. A primera vista la Misa podría aparecer
como el resultado de una multitud de oraciones y ritos. En realidad
es todo lo contrario: un conjunto armonioso y sencillo.
La Misa,
en relación con la mayor parte de nuestras fiestas humanas, es
una celebración muy breve. Pero sin embargo es de un gran contenido
y reclama toda la presencia, toda la intensidad de fe y de amor de que
somos capaces. Esto supone una preparación anterior e inmediata.
Y es
que la rutina gasta, incluso, las mejores cosas. Se va a Misa "porque
es domingo" y no se piensa en:
-La comunidad
que se reúne convocada por el Espíritu.
-El diálogo con Dios por Cristo, con El y en El. -Cristo presente
que se ofrece.
-Cristo que se recibe como comida.
Si nos
actuáramos de todo esto, lejos de habituarnos, en cada Misa se
renovaría nuestra admiración y nuestra alegría.
Considerando
además, la Misa a partir del Antiguo Testamento. Nos detendríamos
a reflexionar en:
-la Promesa
del Redentor,
-el sacrificio de Issac,
-los sacrificios de Israel a Yavhé: búsqueda-alianza.
y en
el Nuevo Testamento:
- Ultima
Cena,
-Sacrificio de Cristo en la cruz,
-Plenitud de la Promesa y de la Alianza,
-Como el Vaticano II confirma esta plenitud.
