El
significado teológico de la Liturgia de las Horas se puede sintetizar
en estas tres afirmaciones fundamentales:
-
oración de toda la Iglesia
- santificación del tiempo
- verdadera celebración
Oración
de toda la Iglesia
La
reforma del Oficio Divino supone un cambio de mentalidad que se manifiesta,
en concreto, en la recuperación del carácter eclesial
que le es propio. El capítulo I, y más en particular los
números 5-9 de la Ordenación General de la Liturgia de
las Horas, vincula explícitamente la oración de la Iglesia
a la de su Señor por dos motivos:
*
Por el mandato de Jesús:
"Lo
que Jesús puso por obra, nos lo mandó también hacer
a nosotros. Muchas veces dijo orad, pedid..."(OGLH 5).
*
Porque El es nuestro único mediador y nuestra única posibilidad
de llegar a Dios con la plegaria:
"La
oración que se dirige a Dios ha de establecer conexión
con Cristo, Señor de todos los hombres y único Mediador,
por quien tenemos acceso a Dios. Pues de tal manera El une así
a toda la comunidad humana que se establece una unión íntima
entre la oración de Cristo y la de todo el género humano.
Pues en Cristo, y sólo en Cristo, la religión del hombre
alcanza su valor salvifíco y su fin" (OGLH 6).
Esta
vinculación de toda la humanidad a Cristo orante cobra una significación
especial y es más estrecha cuando se trata de los miembros de
su iglesia.
"Una
especial y estrechísima unión se da entre Cristo y aquellos
hombres a los
que El ha hecho miembros de su Cuerpo, la Iglesia, mediante el sacramento
del bautismo" (OGLH 7).
La
oración de la Iglesia, como la de Cristo, es expresión
de unión personal con el Padre y con todos los. hombres, por
eso tiene ese carácter esencialmente comunitario, aun cuando
se haga en solitario y en secreto (cf, Mt 6,6).
Si
te encuentras en casa, haz oración al llegar la hora tercia,
y bendice al Señor. Si estás en otro lugar, ora en tu
corazón en este momento a Dios. Pues en esta hora fue contemplado
Cristo clavado en el madero...
Ora
igualmente al llegar la hora sexta. Cuando Cristo fue clavado en la
cruz, el día se dividió en dos y sobrevinieron grandes
tinieblas. Hay que orar en esta hora con oración intensa, imitando
su voz (de Jesús) que oraba, mientras la creación se
ensombrecía a causa de la incredulidad de los Judíos.
Hay
que hacer también una gran plegaria y una gran bendición
en la hora nona, para imitar la forma como el alma de los justos alaba
a Dios,..En esta hora, del costado abierto de Cristo brotó
agua y sangre, iluminándose el día hasta las vísperas.
Al
empezar a dormir e iniciar un nuevo día, se produce una imagen
de la resurrección... Haz oración antes de acostarte...
Y
lo mismo a la hora del canto del gallo. A esa hora los hijos de Israel
negaron a Cristo... (Hipólito, Tradición Apost. 41).
El
sentido comunitario de la oración ha de invadir el área
de lo externo y visible. La iglesia, comunidad de vida por la presencia
del Espíritu de Jesús, se ha de manifestar al exterior
según su naturaleza y de una manera especial cuando ora y cuando,
por medio de esa oración, se une a Cristo y al Padre. Precisamente,
el interés del Vaticano II por destacar el valor social y comunitario
de las celebraciones litúrgicas arranca del hecho de ser celebraciones
de la Iglesia (SC 26).
Este
modelo tiene valor para el Oficio Divino que, por su condición
litúrgica y eclesial, es obra del Pueblo de Dios representado
en una comunidad local o en un ministro de la plegaria que ora en virtud
de la misión recibida de la Iglesia. Aunque la oración
de la Iglesia hecha por un ministro sea válida y necesaria, la
celebración comunitaria encierra siempre una dignidad especial
y, como dice el Vaticano II, ha de ser preferida a la celebración
individual y casi privada, en igualdad de circunstancias (SC 27). La
consecuencia que se deriva de esta preferencia expresada por el Concilio
es evidente: el Oficio Divino, oración esencialmente ecleslal
y comunitaria, no puede considerarse propiedad particular del clero;
es la oración del Pueblo de Dios que, en unión con Cristo,
se eleva diariamente al Padre.
"Cuando
los fieles oran junto con el sacerdote en la forma establecida, entonces
es en verdad la voz de la misma Esposa que habla al Esposo, más
aún, es la oración de Cristo, con su cuerpo, al Padre"
(SC 84). En estas palabras nos encontramos con un criterio teológico-pastoral
que debe traducirse en celebraciones de la Liturgia de las Horas que
sirvan de cauce a la plegaria de las comunidades y a los grupos cristianos.
Existen
otras declaraciones sobre el sentido comunitario de la Liturgia de las
Horas que vamos a reseñar aquí. La oración de la
Iglesia debe ser comunitaria, no por imperativo legal, sino en virtud
de la naturaleza comunitaria de la Iglesia. Y en el número 20,
al hablar de los que celebran la Liturgia de las Horas, dice:
"La
liturgia de las Horas, como las demás acciones litúrgicas,
no es una acción privada, sino que pertenece a todo el cuerpo
de la Iglesia, lo manifiesta e influye en él (SC 26). Su celebración
eclesial alcanza el mayor esplendor y, por lo mismo, es recomendable
en grado sumo, cuando con su obispo, rodeado de los presbíteros
y ministros (SC 41), la realiza una Iglesia particular, en que verdaderamente
está y obra la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica
y apostólica".
Es
interesante la afirmación de que el máximo grado de valor
eclesial de la Liturgia de las Horas se produce cuando se celebra por
una asamblea representativa de una Iglesia particular, es decir, por
una comunidad presidida por un obispo rodeado de su presbiterio. El
ideal, pues, sería que el Oficio Divino fuese siempre celebrado
por una asamblea litúrgica tan rica y expresiva como la aludida.
Pero, en general, cualquier celebración ha de asumir esta configuración:
"Allí
donde sea posible celebrarán comunitariamente y en la Iglesia
las horas principales también las otras asambleas de los fieles,
que "en cierto modo, representan la Iglesia visible constituida
por todo el orbe de la tierra" (SC 42). Entre ellas ocupan fugar
eminente las parroquias, que son como células de la diócesis,
constituidas localmente bajo un pastor que hace las veces del obispo,
Por tanto, cuando los fieles son convocados y se reúnen para
la Liturgia de las Horas, uniendo sus corazones y sus voces, visibilizan
a la Iglesia que celebra el misterio de Cristo." (OGLH 21-22).
La
liturgia de las Horas tiene un carácter esencialmente eclesial
por ser liturgia y acción de toda la Iglesia, asociada por Cristo
a su coloquio con el Padre. La comunidad cristiana que celebra esta
liturgia es Imagen en la tierra de la comunión divina que Cristo
introdujo en ella.
Santificación
del tiempo
Santificar
el tiempo es, fundamentalmente, dedicarlo al servicio de Dios, convirtiéndolo
en instrumento de comunicación y de diálogo con El, poniéndolo
en dependencia de El, para hacer posible su acción salvadora
en la historia y en la vida de los hombres.
El
tiempo es un don de Dios y la Iglesia lo regula y lo ordena a través
de la Liturgia de las Horas a la glorificación del Padre y a
la santificación del hombre.
La
liturgia de las Horas santifica el tiempo y contribuye a dar sentido
a la vida humana, haciendo que cada visitante del día y de la
noche se convierta para el cristiano en signo de la presencia del misterio
de la salvación y del encuentro con él.
Al
dedicar a la oración los momentos clave del día, se suscitan
en quienes celebran la liturgia de las Horas, verdaderas actitudes vitales
que dan sentido a toda la jomada y se realiza una verdadera consagración
del trabajo y del esfuerzo humanos.
Los
momentos de la jomada que se dedican a la liturgia de las Horas son
jalones que marcan la existencia personal y la historia de una comunidad
como tiempo de gracia y salvación.
Por
la mañana se debe orar para celebrar, con la plegaria, la resurrección
del Señor. Pues ya el Espíritu Santo, en otro tiempo,
decía: "Rey mío y Dios mío, a ti te suplico,
Señor: por la mañana escucharás mi voz, por la
mañana me auxiliarás y te contemplaré" (Sal,
5,4-5)...
Al
ponerse el sol y terminar el día, de nuevo es necesario orar.
Puesto que Cristo es el sol indeclinable y el día verdadero,
al faltarnos la luz y el día naturales, oramos y pedimos que
de nuevo la luz venga sobre nosotros. En realidad pedimos que venga
Cristo, portador de la luz eterna. Cristo es de quien habla el Espíritu
Santo en los salmos; "la piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. Este es el día que hizo el Señor,
sea nuestra alegría y nuestro gozo" (Sal 117, 22-24).
Del mismo modo, para referirse al sol (Cristo), Malaquías profetiza
diciendo; <<Para vosotros que teméis al Señor,
sale el sol de la justicia>> (S. Cipriano, De orat. domin. 34:
PL 4,560)
Por
este valor y significación, las Horas del Oficio Divino deben
responder verdaderamente al momento del día en que se deben celebrar
y, al mismo tiempo, la recitación debe tener lugar "en el
tiempo más aproximado al verdadero tiempo natural de cada hora
canónica" (cf. SC 94; OGLH 11). No tiene sentido, por tanto,
el anticipar Maitines y Laudes al día anterior o recitar de corrida
el Oficio por la mañana o en cualquier otro momento del día.
Hay que conseguir que cada Hora del Oficio sea en verdad un signo y
una llamada que recorre el curso del tiempo, santificando y consagrando
la totalidad de la existencia.
Quienes
participan en la Liturgia de las Horas encuentran en ella fuerza y estímulo
para sus tareas apostólicas y mundanas, ajustan ya en este mundo
los bienes del siglo futuro, y realizan un servicio de intercesión
por el mundo entero, ofreciendo el sacrificio espiritual de toda la
humanidad (cf. PO 5; OGLH 17-18). Estas son razones suficientes para
celebrar la liturgia de las Horas con espíritu de encuentro y
de comunión con Dios y no de mera obligación.
Verdadera
celebración
La
Liturgia de las Horas es una verdadera celebración.
Dos
son los componentes del Oficio Divino en cuanto celebración.
El primero es, obviamente, de orden misterioso e invisible y corresponde
a la naturalteza sacramental de la liturgia que, como sabemos, es visible
e invisible, humana y divina. Ese primer elemento de la celebración
no es otro que la presencia sacerdotal de Cristo en medio de los suyos:
"Cristo
está presente cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el
mismo que prometió: "Donde hay dos o tres reunidos en
mi nombre, allí estoy en medio de ellos". En esta obra
tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres
santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima
Esposa, la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa
culto al Padre" (SC 7, cf. SC 84).
El
segundo elemento de la Liturgia de las Horas, en cuanto celebración,
es el componente visible; humano, simbólico y representativo
de la realidad invisible. De sus elementos podemos decir:
-
El acontecimiento celebrado es, como en toda la liturgia, el hecho
salvador de la muerte y resurrección de Cristo. La peculiaridad
del Oficio Divino es hacer visible en la historia la oración
de Cristo glorioso en el santuario celeste.
- La
asamblea es una comunidad reunida en el nombre del Señor, que
quiso ligar a ella su presencia (Mt 18,20). En ella ora la Iglesia
entera y la humanidad toda.
- La
acción común consiste, esencialmente, en la plegaria,
rica de formas y géneros estructurados en orden a mantener
el coloquio entre el hombre y Dios.
-
El clima festivo es el resultado de la adecuación de los elementos
anteriores.
Desde
el punto de vista del ambiente que debe rodear la celebración
de las Horas, hay que dar toda su importancia a los elementos que
tienen como finalidad crear el clima festivo, formar la asamblea,
suscitar el clima de plegaria, y a todos los gestos y actitudes
corporales para que se logre ese carácter dinámico
y expresivo de toda celebración (cf. OGLH 263-266).
Puesto
que el oriente significa el nacimiento del sol y allí comienza
la luz que brota de las tinieblas, imagen de la ignorancia, el día
representa el conocimiento de la verdad. Por eso, al salir el sol
se tienen las preces matinales... Algunos también dedican
a la plegaria unas horas fijas y determinadas, como tercia, sexta
y nona, de forma que se puede orar durante toda la vida, en coloquio
con Dios, por medio de la plegaria. Ellos saben que esta triple
división de las horas, que siempre son santificadas con la
oración, recuerdan a la Santa Trinidad (Clemente de Alejandría,
Stromm, 7,7; PG 9, 456-457)
