El
tiempo celebrativo
La
fiesta como espacio cronológico y marco de la celebración,
hace posible la inserción plena del acontecimiento celebrado
en la vida de los hombres. El clima que se palpa en la celebración
hace que ese tiempo de celebrar sea distinto del tiempo ordinario y
común, en el que no sucede nada. El hombre vive el tiempo festivo
como una inclusión de la eternidad en nuestro presente fugaz
e inexorable. Por eso encuentra este tiempo feliz y gratificante.
A
estas notas humanas se añaden las específicamente cristianas
del tiempo celebrativo de la liturgia, un tiempo que se convierte en
acto de culto y en oportunidad de salvación presidido por la
eucaristía.
Las
notas características de la fiesta cristiana podemos sintetizarlas
de la siguiente
manera:
- La
fiesta es símbolo de la presencia del Señor en medio
de los suyos.
-
Tiene un valor escatológico como figura, prenda y anticipo
de lo que está por
venir: la vida eterna.
-
El culmen de toda fiesta cristiana por excelencia es el domingo, anterior
a cualquier fiesta o tiempo litúrgico. Las diversas fiestas
y tiempos litúrgicos, organizados posteriormente descansan
sobre los domingos.
Los
dos factores que determinan el tiempo de la celebración son el
factor cósmico y el factor histórico.
En
el examen de las fiestas cristianas encontramos una relación
constante entre las
estaciones del año y las fiestas litúrgicas.
Es
claro que en la constitución del domingo como fiesta cristiana
prima el hecho histórico: la muerte y la resurrección
de Cristo. Pero el hecho cósmico no está ausente.
Se impone el ritmo repetitivo semanal, como criterio para elegir y señalar
el día de reunión de los cristianos para celebrar su fiesta.
Y el ritmo semanal es claramente un ritmo lunar: es la fracción
del período mensual determinado por los ciclos de la luna.
Junto
a esta celebración semanal pronto aparece la celebración
anual: La Pascua. También aquí encontramos una síntesis
entre el tiempo histórico y el cósmico. El año
es el resultado del ciclo solar con sus cuatro estaciones.
Siguiendo
la tradición Judía, los cristianos elegirán para
la fiesta anual de la resurrección, el equinoccio de primavera:
punto de equilibrio entre el día y la noche, momento de resurgimiento
de la vida nueva en la naturaleza, de renacimiento de la vida. A ésto
se añadirá un simbolismo complementario: la luna llena,
la plenitud de la luz.
La
liturgia elegirá otro momento del año para celebrar las
fiestas de la fe: el solsticio de invierno, el tiempo que los días
empiezan a crecer y parece que el sol renace. Este contexto servirá
para celebrar el otro hecho histórico de nuestra fe: el nacimiento
de Cristo, verdadero Sol que vence la tiniebla. Tenemos el tiempo de
Navidad.
Alrededor
de estos dos ejes del año, Pascua y Navidad, se articulan otras
fechas festivas: los dias natales de los seguidores más inmediatos
de Cristo: María, los apóstoles, los mártires,
etc.
El
retorno regular de estas fiestas constituye los ciclos de la celebración
cristiana, sus ritmos y cadencias, la liturgia llama a esta estructuración
de los tiempos celebrativos año litúrgico y considera
a éste como el marco y la entraña de su fiesta, como las
auras de la eternidad del Reino.
Todo
esto es lo que significa la costumbre de colocar en los templos la guirnalda
de adviento (Corona de adviento) al comenzar el año litúrgico.
Es un círculo hecho con ramos de pino o abeto que no pierde hojas
ni verdor nunca, y con cuatro velas, símbolo del cuaternario
de las cuatro semanas del mes lunar y las cuatro estaciones del año
solar.
El
calendario litúrgico
El
tiempo está dividido en períodos que marcan la vida, las
actividades y las fiestas de los hombres. Los cristianos tienen también
una distribución del tiempo en el que celebran los misterios
de Cristo y expresan su fe. Es el calendario litúrgico. Tiene
su propio ritmo, una sucesión de fiestas y una alternancia de
tiempos.
La
liturgia cristiana ha establecido divisiones en el tiempo para distribuir
en ellas las distintas celebraciones del misterio de Cristo. El calendario
litúrgico se establece conforme a estos ritmos:
-
diario: cada día es santificado por las celebraciones del pueblo
de Dios, principalmente por la Eucaristía y la liturgia de
las Horas.
-
semanal: gira entorno al domingo, día del Señor y fiesta
primordial de los cristianos.
-
anual: cuenta con 52 semanas y a través de ellas se desarrolla
todo el misterio salvífíco de Cristo, cuya fiesta principal
es el Triduo Pascual.
