El
año litúrgico es un tiempo simbólico, un signo
de salvación que recorre el círculo completo de las estaciones
del año solar, siendo portador de una significación y
de un poder de salvación, que no es otro que el misterio de Cristo,
centro y culmen de toda realidad simbólica cristiana.
El
año litúrgico tiene una estructura que distribuye y articula
las celebraciones de la comunidad cristiana, siguiendo unos períodos
de tiempos variables según su situación en el año
o ligados a determinadas fechas del calendario; es decir, propio del
Tiempo y Santoral.
El
año litúrgico consta de tres ciclos temporales: Pascua,
Navidad y Tiempo ordinario, y de un conjunto de solemnidades y de fiestas
del Señor, de la Virgen María y de los Santos.
1.
Ciclo Pascual
El
ciclo pascual consta de:
-El
Triduo pascual
-El Tiempo de Pascua
-El Tiempo de Cuaresma
a)
El Triduo Pascual
La
Iglesia celebra cada año los grandes misterios de la redención
de los hombres desde la Misa vespertina del jueves "en la Cena
del Señor" hasta las Vísperas del domingo de Resurrección.
Este
período de tiempo se denomina "Triduo pascual", porque
con su celebración se hace presente y, se realiza el misterio
de la Pascua, es decir, el tránsito del Señor de este
mundo al Padre.
El
Jueves Santo
Con
el Jueves Santo termina la cuaresma y se inicia el Triduo pascual.
La
misa, "en la Cena del Señor" evoca la última
cena en la cual el Señor, habiendo amado hasta el extremo a los
suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo
y su Sangre bajo las especies de pan y de vino y los entregó
a los Apóstoles para que los consumiesen, mandándoles
que ellos y sus sucesores también lo ofreciesen.
La
celebración vespertina está centrada en la institución
de la Eucaristía y del Orden sacerdotal, y en el mandamiento
nuevo del Señor.
El
Viernes Santo
En
este día, en que "ha sido inmolada nuestra víctima
pascual: Cristo", la iglesia, meditando sobre la Pasión
de su Señor y adorando la Cruz, conmemora su nacimiento
del costado de Cristo dormido en la Cruz e intercede por la salvación
de todo el mundo.
La
Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este
día no celebra la Eucaristía. Se distribuye la Comunión
solamente durante la celebración.
El
tono triunfal y victorioso de toda la liturgia de este día es
reflejo de la teología de San Juan, que presenta la cruz como
el momento de la glorificación de Jesús.
El
Sábado Santo
Durante
el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor,
meditando su pasión y muerte, su descenso a los infiernos, y
esperando su resurrección. En este día no se celebra la
Eucaristía.
La
Vigilia Pascual y el Domingo de Pascua
Según
una antiquísima tradición, ésta es una noche de
vela en honor del Señor. Es la "madre de todas las santas
Vigilias". Durante la Vigilia Pascual, la Iglesia espera la resurrección
del Señor y celebra los sacramentos de la iniciación cristiana.
El
Domingo de Resurrección es el tercer día del Triduo. Es
el domingo de los domingos.
La
Vigilia Pascual
La
Vigilia consta de las siguientes partes:
-los
ritos iniciales están constituidos por el Lucernario, que nos
ofrece el simbolismo de la luz;
-la Liturgia de la Palabra presenta la historia de la salvación
convertida en anuncio de la Pascua del Señor, que culmina en
el evangelio;
-la Liturgia bautismal es doble: el rito bautismal y la renovación
de las promesas bautismales;
-la Liturgia eucarística: la celebración eucarística
tiene una fuerza especial: es la Eucaristía más importante
del año litúrgico.
b)
El Tiempo Pascual, experiencia del Resucitado
La
celebración de la Pascua se continúa durante ei tiempo
pascual. Los 50 días que van del Domingo de Resurrección
al de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo
día festivo, más aún, como el "gran domingo".
El
tiempo pascual es el tiempo de la presencia y de la experiencia del
Señor Resucitado entre los suyos.
El
domingo de Pentecostés es el colofón de Pascua. No es
una pascua paralela a la de Resurrección, sino el culmen pascual
en el que se da el don del Espíritu y nace la Iglesia.
c)
El
Tiempo de Cuaresma
Los
grandes temas que nos ofrecen las lecturas y los textos eucológicos
de este tiempo pueden reducirse a la Pascua, los sacramentos, el desierto,
la Alianza y la conversión. No son los únicos, pero sí
los que tienen el valor aglutinador. La cuaresma es un camino hacia
la Pascua. Cristo, por el misterio pascual, ha hecho la Alianza eterna
con el pueblo; los sacramentos de la iniciación cristiana que
exigen una conversión constante, nos introducen progresivamente
en el misterio de Cristo muerto y resucitado.
El
tiempo de cuaresma está ordenado á la preparación
de la celebración de la Pascua. Prepara tanto a los catecúmenos
como a los fieles a celebrar el misterio pascual.
Los
catecúmenos se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación
cristiana, tanto por la "elección" y los "escrutinios",
como por la catequesis. Los fieles, por su parte, dedicándose
con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración,
y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales.
2.
Ciclo de Navidad
Navidad
y Epifanía están inseparablemente unidas. Podemos decir
que celebran dos aspectos del mismo misterio. La Navidad surgió
en Occidente. La Epifanía, en Oriente. Pero ambas fueron aceptadas
y celebradas complementariamente.
En
la Navidad es el misterio del nacimiento del Mesías, el Hijo
de Dios, el que se acentúa y celebra. En la Epifanía celebramos
la manifestación de su divinidad, su carácter de Salvador
a los Magos, al pueblo judío en el Jordán y en el milagro
de Caná.
La
Navidad es el encuentro de lo "divino con lo humano y lo humano
con lo divino". Navidad es cercanía. Epifanía es
la visibilidad gloriosa de su divinidad. Es el misterio de un Dios que
viene, que está y que se manifiesta.
El
misterio de la Venida no se celebra como un recuerdo, aniversario entrañable,
sino que es una realidad actual. Navidad es nacimiento y venida y aparición
"hoy". El misterio se nos hace presente y se nos comunica
en la celebración litúrgica. El "Dios con-nosotros"
quiere en cada Navidad hacer de los cristianos "nosotros-con-Dios":
hijos, partícipes de su nuevo nacimiento y de su vida.
El
ciclo natalicio comprende también un tiempo de preparación
que se denomina adviento, que comienza en las vísperas del domingo
más próximo al 30 de noviembre y termina en las vísperas
del día 24 de diciembre.
En
el tiempo de Adviento distinguimos una doble perspectiva: una existencial
y otra cultual o litúrgica. Ambas perspectivas no sólo
no se oponen, sino que se complementan y enriquecen mutuamente. La espera
cultual, que se consuma en la celebración de la fiesta de Navidad,
se transforma en esperanza escatológica proyectada hacia la Parusía
final, dotando de este modo nuestra experiencia religiosa cristiana
de una fuerza peculiar y de un dinamismo lleno de eficacia. Por estas
razones el Adviento se nos manifiesta como tiempo de una expectación
piadosa y alegre.
Todo
el misterio de la esperanza cristiana se resume en el Adviento, Al mismo
tiempo, es preciso afirmar que la espera del Adviento invade toda nuestra
experiencia cristiana, la envuelve y encuentra en ella una dimensión
nueva.
Las
primeras semanas del Adviento subrayan el aspecto escatológico
de la espera abriéndose hacia la Parusía final; en la
última semana, en cambio, a partir del 17 de diciembre, la Liturgia
del Adviento centra su atención en torno al acontecimiento histórico
del nacimiento del Señor, actualizado sacramentalmente en la
fiesta.
3.
El Tiempo Ordinario
Además
de los tiempos que tienen un carácter propio, quedan 33 ó
34 semanas en el curso del año, en las que no se celebra algún
aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino más bien se recuerda
el mismo misterio de Cristo en su plenitud, principalmente los domingos.
Este período de tiempo recibe el nombre de Tiempo Ordinario.
Para
algunos cristianos el Tiempo Ordinario puede resultar un "tiempo
un poco incoloro", a pesar de las inmensas riquezas espirituales
con las que la reforma litúrgica lo ha dotado, ofreciendo un
doble ritmo dominical y ferial. Es un Tiempo todavía poco conocido
en su estructura, contenido y expresión de fe.
La
importancia de este Tiempo se centra en conseguir la progresiva asimilación
del misterio de Cristo por parte de los fieles, porque semana tras semana
y día tras día se presenta toda la vida histórica
de Jesús, vista siempre a la luz del misterio pascual.
Este
tiempo nos ofrece igualmente, la dinámica interna del crecimiento
y la realización del Reino de Dios en este mundo. Los domingos
y semanas anteriores al bloque de Cuaresma-Pascua sirven para introducirnos
en la predicación y actualización del Reino de Dios por
parte del Jesús histórico. Mientras que los domingos y
semanas posteriores, sirven para centrarnos en la experiencia que del
Reino de Dios ha de hacer la Iglesia pospascual de los tiempos.
El
Tiempo Ordinario comienza el lunes que sigue al domingo posterior al
6 de enero y se extiende hasta el martes antes de Cuaresma inclusive:
de nuevo se reanuda si lunes después del domingo de Pentecostés
y termina antes de las primeras Vísperas del domingo de Adviento.
