Ntra. Señora
de Fátima corona del taller del Sr. José E. León
Los juaninos
llegan a San Luis Potosí en 1611; poco después hacia
1615, iniciaron la construcción de su Templo que, al concluirse
llegó a estar entre los mejores de la ciudad. En ese entonces
era prior del convento juanino fray Tomás de Barrutia. Se sabe
que fue una de las iglesias más ricas de San Luis, por los
lujosos ornamentos, las fastuosas lámparas y las piezas de
plata que poseía. En 1827 con la salida de esta orden religiosa,
la iglesia quedó al cuidado del clero secular y del ayuntamiento.
En 1902 llegaron los dominicos, a quienes fue entregada la iglesia,
y debido a ello, también se le llama Templo de Santo Domingo.
El marqués de Salinas el 15 de abril de 1611 dio licencia a
los hermanos del beato Juan de Dios para que, teniendo licencia del
obispo de las minas de San Luis, pudieran fundar el hospital de San
Juan Bautista que ahí dotó Juan de Zavala en conformidad
con la dicha Real Cédula y dotación que susodicho hizo.
La cédula es de fecha 17 de marzo de 1606, hecha en Madrid
y dirigida al marqués de Montes Claros para conceder licencia
a los juaninos y establecerse en Nueva España.

El exterior, de mampostería es bien sencillo y no conserva
mayor cosa de su antigua estructura. Sobresale la torre de dos cuerpos
con copulín revestido de azulejo. Las reformas de la fachada
son obra del ingeniero Octavio Cabrera y fueron realizadas en 1902.
Lógicamente de gusto neoclásico. El interior del templo
también es sencillo: hay una sola nave con capilla lateral,
que también ha padecido modifi-caciones, no todas ellas afortunadas;
es una lástima que entre otras cosas haya desaparecido el comulgatorio,
único en San Luis, de granito autén-tico, embellecido
con incrustaciones de nácar. En la bóveda del templo,
arriba del altar mayor, existe una pintura al fresco realizada por
el maestro Fernando Leal. Representa a la Virgen María protegiendo
bajo aéreo manto a los frailes y a las monjas de la orden dominicana.
Frente a la Virgen aparece Jesucristo, con el torso desnudo y atlético.
Debajo, hacia la derecha, con un perro que sostiene en el hocico la
antorcha de la fe, está Santo Domingo de Guzmán el contra-dictorio
santo español que lo mismo mandó quemar herejes y que
componer el rosario a María. En su acepción inicial,
rosario quiere decir cadena de rosas. Por la naturaleza del santo,
el colorido de este mural, en el que fueron retratados algunos personajes
muy conocidos en esta ciudad, no es tan fastuoso como el de otros
murales del maestro Leal. En cambio, el dibujo es excelente, lo cual
demuestra que Fernando Leal, más todavía que un magnífico
pintor fue un extraordinario dibujante. Muchas gentes ignarantes han
censurado esta pintura, diciendo que las formas de la Virgen y de
las de Jesucristo resultan atrevidas e impúdicas, con lo cual
revelan el no haber visto ni siquiera reproduc-ciones de las Vírgenes
y de los Cristos del renacimiento, y el no saber que el propio Miguel
Ángel pintó desnudas las figuras de los murales que
de él existen en la Capilla Sixtina.
Anexo al templo estaba el hospital levantado y sostenido por los juaninos,
lugar que ocupaba la escuela Modelo, construido entre 1905 y 1907
de acuerdo al proyecto del ingeniero Antonio M. Anza y que hoy es
el Museo Nacional de Escultura Federico Silva.


Iglesia de Santo Domingo ahora San Juan de Dios
Recopilado por José Antonio Martínez Ortiz
