Después de por lo menos 25 años volví a caminar
por donde viví mi infancia y adolescencia, aprovechando las
pasadas vacaciones de pascua. Qué diferentes están algunos
lugares: donde había caminos hay monte y donde había
bosques se han abierto nuevos caminos y campos de cultivo. Mi madre
se empeñó en que fuéramos a la casa donde nací
y crecí. Regresar después de muchos años a una
casa en donde se vivió y verla abandonada, llena de maleza,
lagartijos y otros bichos provoca un sentimiento difícil de
expresar con palabras.
También puede suceder de otro modo: ver casas y calles con
cemento en donde antes hubo huertas de naranjos, caña, maizales.
Leer el borrador del presente número y ver sus fotografías
ha sido para mí como transportarme en el tiempo viviendo en
el mismo lugar, siendo a veces distinto; es como viajar a un país
lejano y al mismo tiempo vivir en él.
No se trata de vivir de tal manera el pasado que se lamente por el
presente y considerarlo irremediablemente malo. Tampoco sería
correcto estar en el presente pero sin vivirlo, como dejándose
llevar por la corriente de un río, a su merced o como un sonámbulo
caminando.
¿A dónde voy? Más bien: ¿a dónde
vamos? Estoy convencido de que la historia debe ayudarnos a mejorar
la vida; y que un pueblo o una persona sin historia no es pueblo,
no es persona, pero ¿hasta que punto reflexionamos sobre nuestra
historia y trabajamos en ello, de modo que tengamos la posibilidad
de vivir con más plenitud el presente y proyectar un futuro
mejor? El conocimiento de lo que pasó debería ayudarnos
a evitar los errores del pasado y potenciar las cosas buenas que se
hicieron. A cada uno de nosotros le corresponde un papel que desempeñar
en la gran obra de la humanidad y nadie podrá hacer lo que
a ti te toque, como tampoco podemos hacer nada bueno sin la ayuda
de Dios. “El que te creó sin ti no te salvará
sin ti” (san Agustín), pero también recordemos
lo que dijo Jesús: “separados de mí no podéis
hacer nada” (Jn 15,5).
Deseo que disfruten la lectura de las páginas de nuestra historia
y que esto se también un motivo para agradecer a Dios los beneficios
que por mediación humana nos haya concedido, y que al mismo
tiempo sean también un medio para el crecimiento cristiano.
Vive cada día intensamente, el pasado no te pertenece, no puedes
cambiarlo, pero sí puedes aprender de él, y el futuro
quien sabe si llegará; lo único que tienes es el presente,
vívelo en plenitud, en el gozo de Jesucristo resucitado. Y
como el mes de mayo es eminentemente mariano termino diciendo: Con
María todo, sin ella nada.
Pbro. J. Margarito de la Torre Torres
