Dice Don Manuel Muro, en su historia de la Catedral de San Luis Potosí, publicada en 1896, lo siguiente: “En el mismo atrio existió también a espaldas de la Iglesia en la parte que se agregó a la Catedral, donde ahora está el coro de los canónigos, una pequeña capilla que se llamó del “Santo Ecce Homo” o de la Santa Cruz, tenía su vista al Sur y día y noche estaba abierta. En esa capilla se depositaban los cadáveres de los pobres, cuyos deudos carecían de recursos para inhumarlos; y los llevaban allí para que fueran sepultados por la caridad pública; dándose frecuentes casos de que hubiera a la vez tres, cuatro o cinco cadáveres que permanecían en la capilla del Santo Ecce Homo varios días, hasta que había personas caritativas que se encargaban de darles sepultura”.

“En una causa formada en 1863 a Juan Díaz y a Simona Bear, por haber asesinado al esposo de ésta José Salazar, se lee una declaración: “…y lo trajeron (el cadáver) a la capilla del Santo Ecce Homo, cita en el cementerio de la parroquia de esta ciudad, que es el sitio donde ponen los cuerpos de los pobres difuntos para que la caridad de los vecinos los entierre”.

Probablemente esta capilla, según el dato anterior, fue construida desde que se edificó la Iglesia parroquial, pero no se sabe el tiempo de su permanencia”.

El documento siguiente nos hace saber cuándo y por quién fue construida la capilla de que nos habla el Sr. Muro, así mismo también nos da noticias de la Santa Cruz: “Auto y acuerdo de cabildo sobre la capilla que la devoción del señor general y alcalde mayor Don Martín de Mendalde hizo en el cementerio de la Iglesia parroquial de esta ciudad de San Luis, inmediata a las casas reales, en que se colocó una imagen del Santo Ecce Homo que dio su merced”.

“En la ciudad de San Luis Potosí, a cuatro de enero de mil y seiscientos y setenta y seis años, estando en la sala de su ayuntamiento los señores: capitán Don Martín de Mendalde, alcalde mayor de esta ciudad y teniente de capitán general en las fronteras chichimecas de esta Nueva España y proveedor de paz y guerra en ellas por su majestad; y capitán Damián Saldívar, provincial de la Santa Hermandad de esta ciudad y su jurisdicción, en quien reside el cabildo por no haber otro capitular”.

“El dicho señor alcalde y teniente de capitán propuso que, como es notorio de esta nobilísima ciudad y a toda la jurisdicción, cuando entró al ejercicio de los oficios que son a su cargo, halló que entre la Iglesia parroquial y estas Casas Reales, inmediatas a ellas, estaba una Santa Cruz, debajo de un mal portal, que se componía de seis u ocho morillos, y que aunque reconociendo su mala disposición, procuró que en la forma en que estaba tuviese alguna mejor, y le echó rejas y cerco, resguardando la Santa Cruz, para que de noche no se entrasen en el portal ni fuese albergue de indecencias. Y deseando con particular cuidado que estuviese la Santísima Cruz con el culto y reverencia que más fuese posible, dispuso la formación de una capilla que corriese desde la esquina de las casas reales a lo interior de un corral perteneciente a la Iglesia y en cuyo medio, con poca diferencia, estaba el osario. Y si bien, con demasiadas diligencias solicitó algunas limosnas para la fabricación de dicha capilla, se redujeron todas a seiscientos cincuenta y tres pesos, según la memoria que se exhibe en este cabildo y que con individualidad se expresan las personas y cantidades que dieron las dichas limosnas, con las cuales y con la actividad y desvelo de dicho señor alcalde mayor, se fue empezando la fabricación de la dicha capilla, en que hallándose empeñado su celo y afán, la prosiguió a principios gastos de su caudal, hasta ponerla de dieciséis varas de largo y cuatro de ancho y otro tanto de alto, cubierto de vigas de las que llaman de colegio, con sus canes y enladrillado, con ladrillos grandes y pasamanos, en lugar de tablas, y el suelo así mismo enladrillado, con portada y ventana de cantería, y las puertas capaces y grandes y postigo de buena portalada y sacristía de cinco varas de largo y cuatro de ancho y encalada y perfecta”.

Antes que se procediese a su bendición y respecto de que sería su latitud la mayor parte del osario y que fue necesario derribarlo, se trasladaron los huesos de los difuntos que en él había a la dicha capilla, enterrándolos desde la mesa del altar hasta la mitad de ella, para cuyo efecto solicitó la asistencia de los prelados de las comunidades de los conventos de esta ciudad y su clerecía. Y habiéndose cantado una misa solemne en la Iglesia parro-quial, se pasaron con solemnidad los huesos a la dicha capilla, en cuyo principal altar, que es un lucido colateral y retablo dorado y guarnecido se puso en el nicho primero y principal, una hechura de un Santo Ecce Homo, de singular pintura, devoción prenda de toda la estimación del dicho señor alcalde mayor y el nicho de arriba una Santa Cruz dorada y verde con un dosel y a los lados excelentes pinturas, la una de la Santísima y Milagrosa Virgen María Nuestra Señora de Guadalupe, y la otra del triunfo de la Santísima Cruz y milagrosa batalla de las Naves de Tolosa, que la devoción del señor provincial de la Santa Hermandad, capitán Damián de Saldívar dio de limosna, rematándose el colateral en sus extremos con las armas del rey nuestro Señor, y a su lado derecho las de esta nobilísima ciudad y al lado izquierdo las del dicho señor alcalde mayor; poniéndose así mismo al lado del Evangelio una tribuna con celosía verde y perfilada de oro, que corresponde a uno de los cuartos de estas casas reales.

“Y dispuesta la dicha capilla en semejante forma, recurrió a los señores deán y cabildo sede vacante de este obispado de Michoacán, pidiendo se concediese licencia para que continuamente se celebrase el Santo Sacrificio de la Misa y se concediese por particular despacho, como parece de la licencia y diligencias originales que exhibe, en cuya conformidad, antes que se abriese la dicha capilla, se bendijo solem-nemente y después con excesivo regocijo se abrió y dedicó el día que se contaron diez y siete de septiembre del año pasado de mil seiscientos setenta y seis, con solemne Misa el señor vicario y juez eclesiástico de esta ciudad, Licenciado José Farfán de Hinojosa, que antecedentemente en consecuencia de la dicha licencia visitó la dicha capilla, reconocién-dole capaz, lúcida y decente, como parece de las dichas diligencias y predicando a la festividad el bachiller Pedro de Escobar, presbítero abogado de la Real Audiencia de esta Nueva España y para la mayor solemnidad del día, hubo la noche antes concurso de luminarias e invenciones de fuegos y desde la tarde, hasta el día siguiente, una lucida compañía de infantería, que con consuelo común formó numeroso concurso de vecinos y con otras alegres demostraciones, adornándose después la dicha capilla de frontal, casulla, cáliz, misal y demás alhajas necesarias a la celebración del santo sacrificio de la Misa y de una campanario en que está puesto un esquiloncillo. Todo lo cual parece por la memoria que así mismo exhibe y en que tiene gastados un mil setecientos y ochenta pesos, siendo de su propio caudal los un mil setecientos y veintisiete pesos, de que con muchísimo gusto hace ofrecimiento a la dicha capilla, sintiendo íntimamente no hallarse caudaloso para mayores gastos, que con singular afecto los ejecutaba. Pero dentro de lo posible en el estado de las cosas, se reconoce con especial lucimiento la capilla y reducida la Santísima Cruz de la indecencia en que estaba a un culto reverente, donde todos los días se celebraba el Santo Sacrificio y concurren concurso de fieles con especial devoción y procederá a mayor y má s continua en el concurso de los tiempos con el favor de Dios”.

“Y Aunque el principal fin de dicho señor alcalde mayor ha sido y fue desde sus principios que la Santísima Cruz estuviese en lugar y aparte de reverencias e indecencias; y para darla a la dicha capilla y a la Iglesia parroquial hizo fabricar a su costa un cementerio de calicanto, de dos varas de alto, que corre desde la esquina del portal de estas casas reales hasta la esquina de la Iglesia parroquial, dando vuelta hasta sus mismas paredes y dispuesto con puestas; en cuyas extremidades están para mayor adorno y lucimiento diez bolas grandes de cantería, labradas en forma de agujas con que se conoce el cementerio que coge la Iglesia, obrando todo a su costa y con gasto de ciento y cincuenta pesos, que puso de su propio caudal, disponiendo con los negros de esta ciudad el aderezo de su capilla, que está inmediata y se hallaba de tan arruinada calidad, que se habían trasladado las imágenes a la Iglesia parroquial. Y con el fomento que les ha hecho y materiales que les ha dado e inter-cesión con el señor juez eclesiástico, para que pidiesen limosnas, se ha reparado y se va perfeccionando; y está el lienzo que hace frente a la Iglesia, lucido y dispuesto y de suerte la capilla, que puede cada domingo celebrar el Santo Sacrificio de la Misa cuando por las ruinas que padecía, ha mucho tiempo que se había cesado”.

“Por el amor que contrajo con esta ciudad desde que entró en los oficios de su cargo, todavía no se puede dejar de representar este nobilísimo cabildo que, en atención a las instantes diligencias y solicitud que ha puesto en los efectos de tan hermosa y lucida fábrica y que en ella deja una presea de tan de todo su corazón y estimación, la del Santísimo Ecce Homo, que es pintura de las más singulares que se pueden hallar en este reino y que la hubo a costa de muchísimo cuidado y crecida cantidad, parece que semejantes acciones piden de propia naturaleza alguno género de remuneración principalmente cuando la capilla queda al amparo y fomento de esta nobilísima ciudad y cabildo, y que por su capacidad, decencia y lucimiento, las fiestas y regocijos que se hacen los días del triunfo de la Santísima Cruz, que la Iglesia celebra a diez y seis del mes de julio de cada año, supuesto que son propios de la ciudad, se pueden reducir a solemnizarse en la dicha capilla, como propia, así mismo de esta ciudad y su cabildo. Y con estas consideraciones no puede dejar de desear alguna memoria especial y que sea de sufragios y Misas por su alma, que cuando no las merezca la cortedad del servicio, las merece el demasiado amor y afecto y el dejar una presea tan soberana como la del Santísimo Ecce Homo y una capilla que a continuación y reverencia se celebra el Santo oficio de la Misa, a que los días feriales concurre mucha gente y los festivos numeroso concurso de los trajinantes que con sus recuas acuden a la ciudad, que hallando comodidad cumplen con el precepto de la Iglesia; que no menos pide alguna remuneración sobre las atenciones referidas; y que de propio caudal ha gastado más de un mil y doscientos cuarenta pesos, que si se redujesen, causarían renta para la limosna de algunas misas y sufragios por su alma, las de los mayores y difuntos, esperando de la justificación de tan noble y piadoso cabildo feliz experiente y dicho suceso de esta proposición.

“Y habiéndose conferido en el cabildo y dando gracias al dicho señor alcalde mayor Don Martín de Mendalde por lo que en ella expresa, que es y ha sido cierto y notorio a esta ciudad y toda su jurisdicción y por todos los buenos oficios que ha experimentado en ella en tiempo de su cargo, se acordó que por el señor cura beneficiado de esta ciudad que se oficie o por el señor sacerdote a quien lo encomendare, se diga cada mes una Misa rezada por el dicho señor capitán Don Martín de Mendalde y por la intención a que la aplicare, distribuyéndolas en un viernes cada mes y celebrándola en dicha capilla, cuya tutela recibe en si con singular afecto y devoción este cabildo. Y desde luego destina y señala la paga de la limosna de las dichas doce mesas por la pitanza de a peso, que es la corriente en esta ciudad; y que para su efecto y satisfacción se libre a dicho señor beneficiado con su salario corriente por año o por tercios, en tal forma que se añadan a él los dichos doce pesos, quedando a su cargo la obligación de decir las dichas doce Misas en cada un año, en la dicha capilla, distribuidas en uno de los viernes de cada mes, sintiendo este cabildo no poder hacer mayor demostración por la flaqueza de las rentas de la ciudad y sus propios, pues los dichos doce pesos para la limosna de las dichas Misas le corresponde de principal doscientos y cuarenta pesos, cantidad tan corta como se reconoce cuando lo obrado por el dicho señor alcalde mayor era digno de una muy relevante remuneración; y tanto mayor cuanto no se puede hallar que con mucha distancia se pueda reconocer a tan soberana hechura como la del Santísimo Ecce Homo, de quien esta ciudad y toda su jurisdicción esperan los mayores alivios y remedios y con humilde rendimiento suplican se sirva depararlas y socorrerlas en todas sus necesidades espirituales y temporales y que se conserve la vecindad en unión, paz y conformidad”.

“Y con mucha seguridad confía este cabildo que la nobleza y piadoso celo de los señores alcaldes mayores que sucedieren al dicho señor capitán Don Martín de Mendalde, han de proceder al mejor fomento de la capilla y con su asistencia se han de mover los fieles a la mayor devoción, culto y reverencia. Y así se acordó que las memorias y los despachos que el dicho señor alcalde mayor y teniente de capitán general exhibe de las limosnas, alhajas y gastos de la dicha capilla y licencia, se pongan con este cuerdo. Y lo firmaron. Y como juez receptor, con dos testigos de asistencia aceptados y jurados, por no haber en esta ciudad ni en quince leguas en contorno escribano publico ni real”.

“Y otro sí, dijo el dicho señor alcalde mayor y teniente de capitán general que, continuando su efecto y devoción, ha hecho un osario bueno y capaz, de cal y canto el cimiento, en donde se vayan recogiendo los huesos de los difuntos que se entierran en la dicha Iglesia parroquial; el cual dispuso detrás de la dicha capilla, inmediato y pegado a la pared donde cae su altar, para que las almas de los difuntos gocen y sean partícipes de los sacrificios que en ella se celebren. El cual hizo, así mismo, a sus expensas y costa. Y está dispuesto el dicho osario con tal disposición que mediante a que todos los lunes de cada semana se viene a cantar el último responso a la dicha capilla, por estar en ella enterrados los huesos de los difuntos que antiguamente había en dicho osario, gozan así mismo los de los difuntos que nuevamente se van recogiendo en él, de las oraciones y responsos de cada semana y lunes, por estar como va referido, inmediato y detrás de dicha capilla”.

“Y así se acordó y determinó. Y lo firmaron y paso ante mí el dicho alcalde mayor como juez receptor, con dos testigos de asistencia, por no haber escribano público en esta ciudad ni en quince leguas en contorno.- Martín de Mendalde, Rúb. Damián de Saldívar, Rúb.- Testigo de asistencia, Juan del Río, Rúb. testigo de asistencia, Cristóbal Varcallo de Quiroga, Rúb.”

Dicha capilla fue cedida por el Ayuntamiento, (en ella había tribuna para él y el alcalde mayor) para que la metieran dentro de la nueva Parroquia, a condición de que en ella se proveyese tribuna al alcalde mayor y Ayuntamiento, lo que no había sido cumplido por el clero, según lo declararon en 1734 testigos presentados en la defensa de los privilegios de la paz y venia a su alcalde mayor.
Esta capilla fue destruida por 1707 “para hacer el crucero de la Parroquia”. Lo último lo dice el Ayuntamiento, en un informe que rindió al intendente en 1790, relativo a los propios de esta ciudad.

Consta también en los libros del municipio, que el héroe insurgente Don Nicolás Zapata, que a fines de 1805 estaba en el mineral de Catorce de este estado, de donde era originario, con fecha 6 de diciembre, se dirigía al Ayuntamiento pidiendo que se le diera el cuadro del Ecce Homo, “que es una sola cabeza y daba por ella una imagen de bulto, del tamaño natural, que represen-taba a Jesucristo en su pasión”.

El 26 de febrero de 1806, el cabildo acordó que no había lugar a lo solicitado por Zapata, pues el cuadro debía conservarse en la Parroquia por haber sido ese el deseo de Don Martín de Mendalde; que dicho cuadro debía ser colocado en el altar de San Miguel, que era del Ayuntamiento; y propuso que las doce Misas que se habían de decir, se celebrasen en los días de las festividades propias de la pasión, sin olvidarse del día del santo del fundador, quien no había señalado días para dichas celebraciones.

Los días propuestos para las Misas fueron los siguientes: 17 de enero, 5 de mayo, 4 en los 4 viernes seguidos después de la celebración de las Llagas, 3 de mayo, 26 de junio, 16 de julio, 6 de agosto, 14 de septiembre y 11 de noviembre, San Martín Obispo, como santo del fundador.

Julio Betancourt