Pbro.
José Manuel López Facundo
Reyna del cielo, Alégrate, Aleluya; porque Cristo a quien
llevaste en tu seno, Aleluya; ha resucitado según su palabra,
Aleluya.
Ruega al Señor Por nosotros, Aleluya¡
Hoy como
hace más de dos mil años, resuena en nuestro ser una
pregunta: ¿Por qué buscan entre los muertos al que está
vivo? Y contundente se escucha una respuesta: ¡No está
aquí, ha resucitado¡ (Lc 24,5-6).
Tiempo de pascua, tiempo de gozo y de esperanza, de fe profunda en
la resurrección del Señor y en su paso amoroso en medio
de su pueblo. Todas las profecías han alcanzado su cabal cumplimiento.
El Hijo de Dios ha derramado hasta la última gota de su sangre,
estableciendo con nosotros una Alianza nueva y eterna. Alianza de
Amor, entrega y sacrificio.
Al igual que los discípulos de Emaús, nuestra Iglesia
Potosina, que en la alegría de su pascua jubilar continua celebrando
los ciento cincuenta años de su historia, con profundo sentimiento
le pide a su Señor Resucitado: “¡Quédate
con nosotros, porque ya se hace tarde¡” (Lc 24,29) Quédate
con nosotros porque los problemas de la existencia diaria nos agobian
y nos desaniman. Qué
date con nosotros porque las tinieblas de la duda y de la indiferencia
nos impiden descubrir que Tú caminas hoy y siempre, a nuestro
lado, con nosotros.
Y entrando en su casa, se quedó para cenar con ellos. (Lc 24,29)
Fue hasta entonces que lo reconocieron al partir el pan. Esta es también
nuestra profesión de fe: ¡Ël está con nosotros¡,
está en la Eucaristía, está en todos y cada uno
de nosotros, sus hermanos. En Él y solo en Él, encontramos
alivio a nuestro dolor y sufrimiento, solo en Él todo lo que
experimentamos en la vida de cada día encuentra su sentido.
Resucitó para darnos vida y vida en abundancia. Resucitó
para devolvernos la alegría, el gozo y la esperanza. Si el
no hubiera resucitado, vana e inútil sería nuestra fe.
En este gozo de la pascua presentamos a nuestros apreciados lectores
este nuevo número de Caminos. En él encontraremos algunos
datos de la historia de los padres agustinos, del templo del Sagrado
Corazón, de la Tercera Orden, de Nuestra Señora de los
Remedios, en Tequisquiapam, de Nuestra Señora de las Mercedes
y la vida del octavo Obispo de San Luis, Don Luis Cabrera Cruz.
Que la Pascua renueve nuestra vida de fe, para que produciendo frutos
abundantes, lleguemos felizmente a la estancia felizmente preparada
por el Padre para aquellos que le temen y le aman.
Felices
pascuas de Resurrección.
